Pasaron más de 40 años de la última vez que Estudiantes saliera campeón de la Copa Libertadores de la mano de la Bruja Verón como figura. Cuatro décadas después, fue su propio hijo, la Brujita, uno de los protagonistas principales para que la historia volviera a repetirse. Algunos lo llaman mística, otros memoria. Está claro que los que no la pierden, los que mantienen en alto la tradición y no la olvidan, siempre tienen un plus más. Ese es el mérito principal de los pinchas como colectivo futbolero, y esta nueva Libertadores, es su premio.
La “Brujita”, entró hoy en la historia grande de Estudiantes, como su padre, al ser la gran figura de la final de la Copa Libertadores ante Cruzeiro, con un segundo tiempo perfecto y llevándose toda la gloria.
“Esto es para la gente”, fue lo primero que dijo Verón, todavía dentro del campo de juego, sin poder evitar las lágrimas.
Es que Verón jugó hoy el partido más importante de su vida, lo hizo con el ímpetu que muchos le reclaman que muestre en el seleccionado argentino, poniéndose el equipo al hombro y sacando adelante una historia complicada.
“Sabíamos lo que nos jugamos y la peleamos como siempre. Esto es muy especial, me imagino a la gente festejando y me emociona”, remarcó Verón.
En el primer tiempo del partido de esta noche la “Brujita” peleó más de lo que jugó, pero en la parte final siguió luchando pero le agregó juego, para tener 45 minutos brillantes.
“Esto es para los que me quieren, para los que no me quieren, para todos”, concluyó Verón, quien se abrazó en forma emocionada con el entrenador del equipo, Alejandro Sabella.
El cielo con las manos
Por Carlos Oliveri, enviado especial de Télam
Estudiantes de La Plata volvió a hacer historia al vencer anoche a Cruzeiro, en Belo Horizonte, por 2 a 1 y de esta manera se consagró campeón de la edición 2009 de la Copa Libertadores de América.
Henrique puso en ventaja a los brasileños pero Gastón Fernández y Mauro Boselli, todo en el segundo tiempo, marcaron los goles para que Estudiantes sea el campeón.
Estudiantes logró su cuarta Copa Libertadores. Las tres anteriores las había ganado de la mano de Osvaldo Zubeldía en 1968, 1969 y 1970.
La gran final se jugó ante 75 mil personas en el estadio Mineirao, de Belo Horizonte, con un mal arbitraje del chileno Carlos Chandía, un árbitro saca partidos y sin ningún tipo de autoridad.
Cruzeiro y Estudiantes protagonizaron una típica final de Copa Libertadores, luchando más que jugando y eso al final favoreció a Estudiantes, que fue más inteligente.
Estudiantes salió a jugar el partido con una idea clara, la de pelear cada pelota como si fuera la última en todos los sectores del enorme campo del estadio Mineirao y mostrándose sin titubear.
Por eso, al minuto de juego Christian Cellay salió a matar o morir trabando una pelota con Wagner, a quien le dejó una marca de por vida en el tobillo y ahí quedó claro cuál sería la postura del equipo argentino.
Con la firmeza de los laterales, Cellay y Germán Ré, la fuerza de arriba que muestra siempre Rolando Schiavi, la categoría de Juan Sebastián Verón y la movilidad de los dos delanteros, Estudiantes complicó el trabajo de Cruzeiro, que en el primer tiempo se mostró muy incómodo en el partido.
A esa valentía de Estudiantes para luchar y pelear le faltó audacia y decisión para atacar, porque las pocas veces que la tuvo la posibilidad de pararse en campo lastimó a Cruzeiro, pero fueron las pocas las oportunidades en las que se atrevió.
Las dimensiones de la cancha con el correr de los minutos comenzaron a conspirar contra Estudiantes, porque en esa "estancia", como llamó al campo de juego del estadio Mineirao alguna vez Alfio Basile, es casi imposible cubrir todos los espacios, por más que todos defiendan.
Entonces, cuando las piernas de los argentinos comenzaron a no ser las mismas que las del arranque del partido la historia comenzó a complicarse porque Ramires y Wagner con espacios comenzaron a generar juego para Kléber y Wellington Paulista y así Estudiantes tuvo que sufrir, aunque no mucho.
Si Verón corre más de lo que juega -encima se pelea y genera contraataques para los rivales-, si Leandro Benítez no se compromete con el juego y los demás piensan más en defender las posibilidades de ganar se achican.
Pese a la poca ambición ofensiva de Estudiantes, cuando los brasileños eran una invitación para ser atacados, los argentinos en la primera etapa tuvieron tres chances claras de gol, pero Boselli desaprovechó dos y en la restante no llegó Enzo Pérez.
En los minutos finales del primer tiempo los dirigidos por Sabella se dieron cuenta que atacar era un buen negocio, que Cruzeiro se mostraba nervioso y se plantó en campo contrario, algo que provocó que no sufriera más en su arco y generar peligro en el contrario, para irse al descanso mejor parado en esta final de Copa Libertadores.
El inicio del segundo tiempo encontró a un Cruzeiro más decidido y a un Estudiantes esperando el error del rival, otra vez con Verón demostrando su amor por la camiseta pero olvidándose de su amor por el juego.
