Independiente perdía con Deportes Tolima, en Colombia, pero lo empató en tiempo de descuento y ahora tiene grandes chances de avanzar a las semifinales. La revancha, el próximo jueves en Avellaneda.
No se rindió, como en los viejos tiempos de garra internacional. Aunque esos todavía quedan lejos. Tanto lo respetaron que, al final, Independiente se frotó las manos. No es que el 2-2 lo haya clasificado para las semifinales de la Copa Sudamericana, pero sí lo recibió como un grato augurio, sobre todo por la importancia de los goles como visitante. Tanto que un empate por menos de dos goles en el desquite, el jueves próximo, le alcanzará para seguir adelante. Independiente se movió con astucia en Colombia. Y, a simple vista, parece haberse asegurado un buen terreno.
Si hubo algo que no se le pudo reprochar a Independiente fue la vocación ofensiva que mostró en los primeros momentos. Se afirmó en el campo adversario y sorprendió a los colombianos. Algo de eso había anticipado Antonio Mohamed, pero muchos dudaron si lo llevaría a la práctica. Pues sí. Aunque no todo resultó tan fácil. Porque los Rojos arriesgaron y Tolima no se quedó: confirmó algunas de las buenas virtudes de las que se valió para eliminar a Banfield y puso en aprietos a Navarro. Fueron de acá para allá. Tanto que, en una réplica, desde una buena posición dentro del área, Silvera pateó muy alto. Incluso, un rato después, el arquero Silva se lució con un tiro esquinado del mismo atacante.
Algo en el ambiente dijo que Independiente estaba lúcido. Aguerrido, por momentos. Veloz, por otros. Los delanteros, incluido Patito Rodríguez, hicieron su trabajo y desgastaron la resistencia de los defensores. Fue un agarrón de Díaz a Parra. Fue penal. Fue gol de Silvera. Fue alivio y desahogo por una diferencia de suma importancia a esas alturas. Tanta que el dato resultó elocuente: Tolima recibió el primer gol en su estadio en lo que va de la Copa Sudamericana. Fue, en definitiva, el primer pequeño triunfo, sobre todo en una serie en la que cobran importancia los goles como visitante.
La estructura se resintió en apenas cinco minutos. Desde el empate de Tolima hasta el descanso. Fue cuando peor lo pasó Independiente. La conquista de Medina, con un toque sutil después de un centro desde la derecha, tras un rechazo de Navarro, les dio más soltura a los colombianos. Tanto que Navarro debió esforzarse en un mano a mano con Marrugo. A medida que transcurrieron los minutos, Independiente aumentó sus recaudos. No es que haya especulado, pero midió un poco más sus movimientos y se retrasó unos metros. Tolima hizo diferencia a partir del esfuerzo físico y, como en los últimos partidos de los Rojos, creció la figura del arquero Navarro. Un problema sin solución fueron las infracciones cerca del área del conjunto argentino. Varios tiros de Marangoni pasaron cerca. Hasta que acertó con un zurdazo al ángulo. Sí, justo con ese apellido tan caro al sentimiento de Avellaneda. Justo un confeso hincha de Independiente.
La decepción mutó pronto en una sonrisa. Silvera, de cabeza, bajó un centro para el zaguero Julián Velázquez, que, a la carrera, anotó de cabeza. Otra vez la calma. Otro gol como visitante. Otra situación halagüeña. El terreno quedó desmalezado.
(Fuente: Canchallena)
