
La oposición al gobierno nacional, sin discurso propio y al garete, se aferra al Wikigate como a una tabla de salvación, pero la maniobra sólo le permitirá ganar tiempo hasta encontrar otro filón. Las presuntas revelaciones de documentos estadounidenses que atañen a la Argentina tienen poco o nulo valor, pero son magnificadas, sin límite ético alguno, por la retórica opositora, tan huérfana de argumentos que necesita importar esta inverificable mascarada del recontraespionaje imperial.
Con hambre y sed de argumentos, en medio de un desierto retórico, los escribas de la oposición al gobierno nacional recibieron un maná vía Wikileaks, el sitio especializado en filtraciones de documentos secretos que tiene a mal traer al gobierno de los Estados Unidos. Quizás nunca pueda conocerse quiénes están detrás de esta maniobra internacional ni cuáles son sus verdaderas intenciones, pero los opositores, famélicos, se aferraron a estas “revelaciones” sin más, con uñas y dientes, sin preguntarse nada. Ávidos de materia carancheable, el alimento les llegó del norte.
Para acercarnos un poco a una comprensión parcial de lo que significan para el mundo los servicios secretos de los Estados Unidos, nada mejor que el libro Legado de cenizas (2007), del escritor y periodista estadounidense Tim Weiner, que trabajó en el New York Times y se especializó en el espionaje. En su extensa investigación demuestra que además de perversos, asesinos y torturadores, los espías suelen cometer estupideces y actos de corrupción. Y que muchos de los que preguntan por la salud mental de los mandatarios extranjeros tienen la suya propia muy comprometida. “Los anales de la Agencia Central de Inteligencia están llenos de locuras y desventuras, junto con actos de valentía e ingenio… los triunfos de la agencia han ahorrado sangre y riqueza; sus errores han derrochado ambas cosas…”, señala Weiner.
Pero a la denominada oposición todo le viene bien y no le importa el origen de estos presuntos documentos. Nada mejor que “carne podrida” para las aves de presa que se dedican a degustar ese tipo de exquisiteces. Una vez más, quizás estemos ante una circunstancia particular que, en lo aparente, se les aparece como favorable a los opositores, pero sólo en lo aparente: en verdad los desnuda en su orfandad y revela un oportunismo sin límites éticos.
Porque lo que les cayó del cielo no es mucho en realidad, apenas unas menciones a preguntas muy rudimentarias sobre los perfiles psicológicos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, nada fuera de la rutina patética de los espías al servicio de los gendarmes del mundo.
Lo que este episodio hace reflexionar, al menos a nivel local, es que la debilidad evidente del espacio opositor es una situación que en cualquier momento puede cambiar, porque la búsqueda de herramientas para desgastar y desacreditar al gobierno es constante, permanente, sin descanso. Cuando esto ocurre, incluso sin argumentos, sin verdad ni razón, algo finalmente se consigue, se construye, se inventa, se compra. A esto parece apostar el caótico espacio político que intenta socavar la gobernabilidad: desgaste y palos en la rueda. Y para esto, todo o casi todo sirve.
Pero la razón, la verdad, los datos de la realidad están del otro lado. La semana pasada, el economista estadounidense y Premio Nobel Paul Krugman destacó las políticas económicas de Néstor Kirchner, especialmente su plan de desendeudamiento con el FMI, que hoy es ejemplo en todo el mundo. Es más: Krugman recomendó a Europa que “imite el ejemplo de la Argentina”. No es la única voz que se alza entre los especialistas para alabar el manejo de la economía argentina desde 2003: The economist, principal medio del establishment financiero de Londres debió reconocer también, aunque a regañadientes, los éxitos de las políticas económicas aplicadas en la Argentina.
También la semana pasada, el economista estadounidense Dean Baker publicó una nota en el diario británico The Guardian recomendando a los países europeos que adopten una fórmula de desendeudamiento de Kirchner. “El FMI hizo todo lo posible para sabotear la Argentina. Incluso se utilizaron proyecciones falsas, y se dieron a conocer índices menores para predecir el crecimiento con la esperanza de socavar la confianza”, señala Baker al valorar el extraordinario coraje de Kirchner para echar al FMI.
Aunque los menesterosos escribas de La Nación y Clarín prefieran aferrarse a la tabla de salvación Wikileaks, si alguien quisiera evaluar con honestidad las políticas económicas del kirchnerismo tiene a su disposición datos muchos más serios, incluso recientes informes de la ONU en los que se expresa el asombro del organismo por los espectaculares resultados de la economía argentina y su milagrosa recuperación a partir de 2003 tras el desastre de 2001.
Los datos están, en los documentos e informes, en la prensa internacional, y también en la calle, en los niveles de consumo y de actividad económica. La denominada oposición al gobierno nacional continúa girando en falso en medio del desierto. La manera en que se emocionan ante el tan modesto mendrugo Wikileaks los muestra confundidos, perturbados y carentes de escrúpulos.
