
Quien se aferró al timón del país durante diez años conduciéndolo hacia el peor desastre económico de su historia, acérrimo propulsor de políticas de neoliberalismo extremo, inescrupuloso embaucador de multitudes, rufián de pasmosa impunidad, enemigo asumido y largamente declarado del kirchnerismo, y de un grado comprobadamente creciente de demencia senil, resulta de la noche a la mañana para los medios dominantes, un aliado del gobierno nacional.
El aniquilado intelecto de quien inscribiera en los anales de la historia argentina uno de sus más funestos capítulos, tuvo un sospechoso raptus de lucidez cuando en ocasión de emitir su voto en las elecciones riojanas del pasado 29 de mayo, sostuvo que Néstor Kirchner “fue un buen gobernante y dejó al país funcionando”.
Esa breve declaración, seguida de una tibia evaluación de la actual jefa de Estado, de quien se permitió decir que "está haciendo más o menos bien las cosas", bastó para que los piscicultores de la prensa hegemónica recogieran sus olorosas redes, siempre ávidos de rancias primicias de las que puedan hacer uso en su campaña contra el actual gobierno.
En su artículo del lunes 30 de mayo, el diario de Ernestina Herrera de Noble hace mención a la supuesta afinidad recíproca entre el gobierno nacional y el riojano. El autor de la nota, Leonardo Mindez, resalta esta presunción en negritas, calificándola de “un secreto a voces” y de “un apoyo subterráneo”.
Por su parte, el diario La Nación, siempre menos atolondrado que su colega de la cornetita, no suprimió la desmentida del desvencijado ex caudillo cuyano: “Con el kirchnerismo no hay ningún arreglo”, había aseverado el actual senador nacional por La Rioja, quien, sin embargo, tras expresar su deseo de ser reelecto por mayoría, no descartó hacer “algún tipo de alianza con otros, tal vez con el (sector) del gobernador Beder Herrera”.
Por si hace falta aclararlo, la contradicción del riojano no reside sólo en no descartar una alianza con el kirchnerista Beder Herrera, tras haber afirmado que con “el kirchnerismo no hay arreglo”, sino en la entera historia política de su vida. Baste citar que quien fuera alguna vez profundo admirador de Facundo Quiroga, lector y seguidor compulsivo del pensamiento de John William Cook, ex preso político entre otras cualidades que legitimaban su jerarquía política – incluso llegó a preocupar a un buen número de intelectuales de izquierda que desde el exilio auguraban su temprano derrocamiento dada la efervescencia peronista del discurso que lo llevó a la presidencia– ya en el poder, devino brutalmente en lo que ya todos sabemos.
¿Valen aun sus dichos como prueba del supuesto trasfondo espurio de toda política que ejerce el gobierno nacional?
Lo verdaderamente triste y subterráneo en todo esto, es el abuso especulador, promiscuo y vulgarmente tendencioso que hace cierta prensa, de la caducidad mental de quien en cada aparición pública no deja de incurrir en lapsus rotundos.
Sin hacerlos desmerecedores del aciago concepto que buena parte de la población tiene de ellos, sin ánimo de minimizar su existencia ni olvidar justamente su preponderante rol a la hora de generar opinión, a estas alturas ya da un poco de vergüenza dar relevancia a cada supuesto ensayo conspirativo que tienen los dos mayores diarios del país.
