¡No a Keiko! La consigna suena cada vez más fuerte en las calles de Perú.
¡No a Keiko! La consigna suena cada vez más fuerte en las calles de Perú.

Dos fantasmas recorren Perú. Hugo Chávez, demonio construido por la derecha y agitado por los medios hegemónicos para atacar toda alternativa nacional y popular, y Alberto Fujimori, el ex presidente condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad, que asoma ominoso detrás de la transparente máscara de su hija Keiko.

Este domingo se define en Perú mucho más que el próximo presidente o presidenta. El eventual triunfo de la candidata derechista Keiko Fujimori, como vienen denunciando los cada vez más movilizados y combativos organismos de derechos humanos, significaría un retroceso de la democracia y un peligroso viraje hacia un pasado ominoso, que incluyó matanzas en masa, esterilización forzada de 200 mil mujeres aborígenes entre 1996 y 2000 y el sistemático saqueo de las arcas del Estado.

A nivel continental, además, Perú se alejaría aún más de los nuevos paradigmas que se afianzan en el continente a través de los procesos de liberación en marcha en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Argentina. Ya con el actual gobierno de Alan García, Perú quedó al margen de esa nueva ola independentista, y permaneció como un anacrónico enclave neoliberal. Pero imaginar un gobierno de Keiko-Alberto Fujimori significaría un retroceso todavía mayor en materia de calidad institucional, derechos humanos y crecimiento con inclusión social, base del nuevo paradigma postneoliberal. De hecho, el modelo económico de Alan García, “exitoso” a nivel de las cifras de crecimiento, es exactamente lo contrario: a más crecimiento, más excluidos. García, quien dejará el poder el 28 de julio, contó durante sus cinco años de gobierno con el apoyo en el Congreso de la bancada fujimorista.

Alberto Fujimori, que gobernó entre 1990 y 2000, convirtió su gestión en dictadura cerrando el Congreso en abril de 1992. Hoy purga en una cárcel de lujo 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y corrupción.

Desde su particular sitio de detención, de más de mil metros cuadrados, con auditorio y sofisticadas instalaciones, el ex mandatario lleva las riendas de la campaña de su hija. Todo indica que un eventual gobierno de Keiko sería apenas una fachada: Keiko al gobierno, Alberto al poder, sería.

El 18 de mayo estalló el escándalo sobre el lugar de detención de Fujimori, a partir de la denuncia del diario peruano La República y el español El Mundo. De acuerdo a El Mundo, "unas horas de vigilancia frente a la puerta de entrada del Fundo Barbadillo- el área de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (Diroes) basta para comprobar el trasiego irregular de visitas y vehículos particulares que ingresan directamente al área de reclusión a vista y paciencia de las autoridades penitenciarias". Asimismo, los periodistas extranjeros confirmaron que en el lugar se realiza la carga y descarga de materiales proselitistas en el local de Fuerza 2011, que impulsa Keiko, y que funciona en un edificio que flanquea la puerta de entrada al área de reclusión. "La llegada de camiones y camionetas de carga es intermitente y por ratos hasta hacen cola en este irregular local proselitista, obstaculizando la entrada a la penitenciaría ante la inacción de la policía", detallaron los periodistas, que señalaron que el preso ha llegado a recibir 180 visitas diarias.

La máscara de la hija es cada vez más transparente y deja ver el ominoso rostro del Chino, sobrenombre del genocida preso que alguna vez huyó de la justicia y se escondió en la tierra del sol naciente.

“Yo no soy Alberto Fujimori”, dijo Keiko Fujimori en el debate presidencial con Ollanta Humala. Pero no logró convencer. Tal vez porque en más de una oportunidad calificó a la dictadura de su padre como “el mejor gobierno de la historia”. Ella fue, además, la “Primera dama” de esa gestión, y aunque por estos días insista en que no piensa indultar a su padre, en otras circunstancias lo había insinuado.

Este martes se conoció una decisión judicial muy sugerente en este sentido. El Tribunal Constitucional peruano postergó para después del balotaje presidencial del domingo la evaluación del hábeas corpus en favor del dictador Alberto Fujimori. El tribunal tomó la decisión a partir de un pedido del abogado de Fujimori para que la sentencia no influya sobre la candidatura de la hija del represor, quien de ganar podría favorecer el indulto. César Nakazaki, defensor del ex presidente, explicó que el hábeas corpus busca que se declare la nulidad de la ratificación que hizo, en enero de 2010, una sala de la Corte Suprema sobre la sentencia de 25 años que se impuso contra Fujimori en abril de 2009.

Fujimori fue condenado como autor mediato de dos matanzas en las que murieron 25 personas, entre ellos un niño, perpetradas en 1991 y 1992 por un clandestino escuadrón de aniquilamiento del ejército.

De ganar Keiko la continuidad del fujimorismo estaría asegurada. El elenco estable de Alberto Fujimori sigue allí: “La lista de los fujimoristas históricos que gobernaron con el ex dictador que ahora están en el entorno de Keiko Fujimori es larga. Santiago Fujimori, hermano de Alberto y colaborador de su gobierno, forma parte del círculo político que rodea a su sobrina Keiko. Su candidato a vicepresidente, Jaime Yoshiyama, fue una importante figura de la dictadura de Alberto Fujimori. Yoshiyama fue ministro de Energía y Minas y de Transportes y Comunicaciones en el régimen fujimorista, respaldó el golpe de Estado que dio Fujimori para cerrar el Congreso y luego se convirtió en presidente del nuevo Congreso controlado por el dictador. Como presidente de ese Congreso, Yoshiyama hizo aprobar una ley de amnistía para los violadores de los derechos humanos. El otro candidato a vice de Keiko, Rafael Rey, miembro del Opus Dei, ha sido desde un inicio un activo defensor de la dictadura de Alberto Fujimori y como integrante del Congreso fujimorista respaldó con entusiasmo la amnistía para militares y policías responsables de desapariciones, asesinatos, torturas y violaciones, que a la caída de Fujimori fue anulada. Ahora pretende hacer aprobar una nueva ley de amnistía”, señala Página 12 en su edición de este jueves.

La mascarita de Keiko se torna cada vez más transparente y nada bueno deja ver, mientras los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos apuestan cada vez más fuerte por el fujimorismo y atacan a Humala agitando el fantasma del presidente de Venezuela, una treta barata y muy difundida en el continente. A falta de propuestas renovadoras, sin poder confesar abiertamente sus programas de gobierno, la derecha apuesta al miedo al cuco. Unos agitan fantasmas, otros, en las calles, agitan banderas y luchan contra la impunidad.

 

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