Ocurrió en Italia, en una definición desde los doce pasos en la que estaba en juego un ascenso: El pateador estrelló su remate en el travesaño pero, mientras el arquero corría como loco a festejar con sus compañeros, la pelota picó, picó y entró.
En el choque entre los equipos italianos Termeno y Dro se ponía en juego uno de los ascensos a la Eccellenza (algo así como la Primera B Metropolitana argentina), pero nadie podía imaginar el desenlace final.
La serie venía pareja y el ejecutante del Termeno, Michael Palma, tenía en sus pies la gran responsabilidad de tener que convertir o ver esfumarse el sueño de subir a la tercera categoría. Pero la pelota, caprichosa como es, pegó en el travesaño y voló por los aires.
Mientras el pobre delantero se desplomaba de rodillas angustiado por el yerro, el guardavalla rival, Loris Angeli, salió despedido hacia el centro del campo a festejar la victoria y el ascenso.
Pero, y aquí viene lo jugoso de la anécdota, la redonda, a la que todos habían perdido de vista picó un par de veces en el verde césped y se dirigió mansamente a la red.
¿Y ahora qué hacemos?
El árbitro, sorprendido ante la insólita situación, convalidó el tanto pese a los airados reclamos de los jugadores del Dro. Para colmo el siguiente ejecutante, con el ánimo por el piso tras haber celebrado un triunfo que nunca se concretó, marró su disparo y el Termeno, que pasó de la nada a la gloria, fue el que rió último.
Aunque resta la evaluación de la Federación tana y la posterior resolución, todo parece indicar que el gol fue lícito y que el Termeno trepará a la tercera divisional del Calcio.
