Madrid colapsa por los cortes de calle. No son piqueteros los responsables del caos. Son policías que impiden la libre expresión de los ciudadanos y defienden el orden neoliberal. Grecia, lugar de origen del teatro, es hoy un escenario donde se dramatiza la debilidad y la falacia de la democracia representativa. Los recortes se aprueban a palos. Al sur de América otro es el panorama. Nuevos paradigmas demuestran que otro mundo es posible, pese a los ataques de los imperios y las elites locales a su servicio.

El neoliberalismo indigna y lanza al pueblo a las calles. La democracia representativa representa a los poderes fácticos, que sólo se sostienen dándoles palos a los ciudadanos. Los representantes del pueblo legislan escondidos, blindados detrás de cordones policiales, como “gerentes de negocios de los explotadores”. Los que accedieron a sus bancas por los votos del pueblo trabajan para sus patrones ricos, mientras sus decepcionados votantes se desgañitan y desangran en las plazas de la indignación. Multitudinarias protestas en España, Grecia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y hasta Israel: la bronca no conoce fronteras y, más allá de las diferencias de cada caso, un mismo cuestionamiento enlaza todas las movilizaciones, una misma disyuntiva sobre el estado y los mercados.

En buena parte de América del sur, los países que abandonaron el Consenso de Washington muestran tasas de crecimiento récord. Crecimiento con inclusión social e integración regional es el nuevo paradigma. Desde los centros de poder económico se torpedea y demoniza a estos procesos, que constituyen un enorme, irrefutable mentís para los vetustos versitos neoliberales. En Argentina, Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y Uruguay las elites al servicio de los intereses concentrados intentan tapar el sol con la mano.

En Europa, Estados Unidos y Medio Oriente las multitudes indignadas exigen políticas muy parecidas, en algunos casos idénticas, a las que aplican los procesos “populistas” demonizados de América del Sur.

Españoles y griegos estudian las recetas argentinas para sacarse de encima al FMI. El rol del estado como regulador de la economía, más precisamente como freno a las embestidas barbáricas del mercado, está en el centro de todas las discusiones.

Los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos intentan modificar el tiempo y la historia. Pero Kronos, más poderoso que Zeus, se resiste y brama la verdad: Entre 2001 y 2011 median diez años, no cien, ni mil, diez. Yankis y europeos están probando hoy la amarga medicina del ajuste, la que aquí en Argentina hizo estragos hasta que se produjo el histórico quiebre de 2003.

El riesgo país, la quiebra y el default ya no son amenazas que penden sobre los argentinos. Ese horror cotidiano se trasladó ahora al Primer Mundo, pretendida escuela de democracia, libertad y desarrollo que hoy luce de cuarta.

Comentarios
Más notas relacionadas
Más por Pablo Bilsky
  • Febo asoma

    Yo no sé, no. Pedro se acuerda cuando venía la fiesta del 25 en la escuela, la fiesta patr…
  • Manotazos de un ahogado

    Luego de que más de 150 mil personas salieran a exigir “elecciones directas ya”, el gobier…
  • CFK en el centro del ring

    Propios y extraños sitúan a la ex presidenta en el lugar excluyente de los comicios legisl…
Más en Columnistas
Comentarios cerrados

Sugerencia

El Gobierno defendió la presencia de Aldo Rico en el desfile en Tucumán

“Lo de los Carapintadas es cosa vieja, no creo que haya puesto en jaque a la democracia”, …