Las analogías entre Barcelona y Rosario, sólo en el mundo onírico.
Las analogías entre Barcelona y Rosario, sólo en el mundo onírico.

La aparición de un nuevo corto publicitario de la Municipalidad rosarina con la presencia  de Messi mejora en líneas generales la sensación plagiaria de la anterior realización institucional. El corto, casi impecable técnicamente, cae sin embargo en imágenes trilladas y clichés que sólo pueden concebirse desde la más profunda y chabacana ignorancia.

En esta nueva entrega de la serie "Yo amo a Rosario" se cuenta con la estelar presencia de Messi, jugador emblemático del FC Barcelona y la Selección Argentina, una figura reconocida en el mundo entero. La elección de este "líder de opinión" para hablar en términos publicitarios, es además de acertada, natural. Un logro a todas luces.

La participación del talentoso muchacho, que tantas alegrías prodiga a sus mentores catalanes, algunas menos a los hinchas argentinos, brinda al mensaje y por ende, a la ciudad, una potencial proyección internacional. Al menos algunos medios españoles ya se han hecho eco del anuncio y eso no está mal. Aunque todos sabemos como se las gastan últimamente los medios españoles.

Quien mejor que Messi, el gran jugador global para representar a la ciudad que una vez lo vio partir indiferente. Además, el hecho de que el joven y su familia se hayan prestado a colaborar en la realización de este corto, de forma desinteresada según parece, no hace más que abonar esa sensación de que Messi es un chico sensible y bien intencionado. Aunque su participación sea contada en segundos, por el lado de Messi, todo bien.

La propuesta argumental del anuncio recurre a una suerte "flashback onírico" del protagonista que busca yuxtaponer elementos iconográficos que representarían de alguna forma a las ciudades de Barcelona y de Rosario, las urbes que construyen el presente identitario del joven nacido en la zona Sur. Este recurso, que une realidades tan distantes como las de Rosario y la de la Ciudad Condal, en la figura "puente" de Messi, es otro acierto de la propuesta. Si bien fortalece el ficticio vínculo que algunos rosarinos creen tener con Barcelona, no está mal utilizarlo. Un Messi de dos mundos que añora su ciudad. La idea es buena.

El problema surge con la elección de los elementos iconográficos que los creativos eligieron para representar a Barcelona, o la cultura catalana, que es lo mismo. Se ven, sin solución de continuidad: a unas bailarinas de flamenco, castañuelas en mano, bailando frente a la Bolsa de Comercio; a unos obreros de la construcción a punto de comer una paella, a unas entrañables mujeres charlando en un banco con la estatua del Negro Olmedo; a el dueño de un carrito que usa su delantal como una capa para torear a un perro impávido; padre e hijo pescando un pulpo en el Paraná y una pareja de corredores que son corridos por un bravo toro semi digital a la salida del Túnel Arturo Illia; luego para el final de fiesta unos hinchas de fútbol jóvenes con evidente psicomotricidad rioplatense, alientan vestidos de "Blaugrana" a un equipo que no les pertenece frente al Monumento. En los últimos segundos vemos a Messi que se despierta de su sueño intercultural en lo que se intuye un departamento con vistas a la Sagrada Familia de Barcelona.

Sobre las expresiones de supuesta catalanidad que se reflejan en la publicidad habría que apuntar un par de cosas. El baile nacional de Cataluña es la sardana, danza circular y gregaria que reúne a miles de catalanes cada fin de semana en sus plazas y asociaciones. El flamenco que representa a otras comunidades españolas, no es por decirlo claro un baile catalán, lejos de ello. La paella, que en el imaginario creativo sustituye al asado de obra, es, entre otros, de origen valenciano. Nada que decir de las dos ancianas sentadas junto a la estatua de Olmedo, la escena es tierna y simpática. El problema serio son los toros y que cualquier persona que lea los diarios de vez en cuando sabe que en Cataluña, y en particular en Barcelona, hay una fuerte corriente antitaurina. Es más, el parlamento catalán, la Generalitat, ha aprobado la abolición de corridas de toros en Cataluña que tendrá plena vigencia en 2012. Digamos que poner a los toros como símbolo de Barcelona no ha sido una idea muy afortunada.

Capítulo aparte para ese maravilloso pulpo de plástico que emerge de las aguas del río Paraná, apunto que el octópodo es el ingrediente principal del famoso "Pulpo a la gallega" uno de los platos típicos de… Galicia, que no es Cataluña, como casi todo el mundo sabe, menos los creadores del anuncio. El efecto especial de la superproducción, recuerda, a escala, al pulpo con el que lidia Martín Landau, en el rol de Bela Lugosi, en esa inolvidable película titulada Ed Wood, del director Tim Burton. Acaso ese detalle kitsch haya sido un guiño de los creadores del corto al peor director de cine de la historia. Visto desde esa perspectiva, confundir a Cataluña con Galicia no sería tan grave.

Poner a unas mujeres andaluzas bailando sevillanas y tocando castañuelas para representar a Barcelona es como querer representar a Rosario con un grupo de músicos andinos tocando el Cóndor Pasa, o peor, a través de un cuartetazo cordobés. Identificar a esa comunidad autonómica con los toros cuando ésta viene de abolir las corridas es una pifiada fenomenal.

Los disparates que el corto despliega en la brevedad de sus 125 segundos realmente no pueden ser peores. Rayanos en la ofensa, estos patinazos semántico-culturales se podrían haber evitado con un poco de lectura previa, no sé, llamando a un catalán y haciéndole un par de preguntas. Al menos hubieran pasado por el Centre Catalá de calle Entre Ríos o navegado un rato por Wikipedia.

Puede que el corto a pesar de todo funcione a las maravillas por el bien de la ciudad, ojalá así sea, pero hay que decir que su andamiaje creativo trasunta una mirada vulgar, previsible y sobre todo una alarmante desinformación. Si esta producción es una vidriera para los rosarinos bien expuesta quedará a escala global la ignorancia de nuestra sociedad. Después nos quejamos de las simplificaciones extranjeras al referirse a nuestro país.

Se ha perdido la gran oportunidad única de establecer un puente real entre Rosario y Barcelona, una ciudad que además de tener una fuerte identidad cultural a respetar como cualquier otra, cuenta con miles y miles de potenciales visitantes que podrían y pueden llegar a la ciudad de su "estimat" Leo. Aunque la publicidad sea destinada en principio a un público rosarino o nacional, la presencia de Messi y la explícita mención de Barcelona proyectan a esta comunicación institucional a una escala que supera lo rosarino y es por eso que se deberían haber evitado estos groseros errores.

Las campañas publicitarias de una urbe que recién se inicia en el camino del turismo y que se precia de cierto nivel cultural cosmopolita, no se pueden permitir, según creo, semejante chasco. Y aún en el caso de que a los rosarinos nos importe bledo de los catalanes, podríamos mostrar un cacho de cultura, que no cuesta nada.

Contar con el mejor jugador de fútbol del mundo para una publicidad institucional y desperdiciar su presencia en un malogrado corte publicitario es una lástima. Ocasión perdida pues aunque se quiera exagerar la repercusión que por el momento tiene el corto publicitario. Sólo resta advertir, amigos y amigas, que nadie se asuste si en la próxima entrega de esta extraña saga publicitaria "Yo amo a Rosario" veamos a unos monjes Shaolin jugando a la payana al ritmo de una polca correntina. Todo es posible en el oneroso e imprevisto universo de la creatividad municipal.

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