Cristina propuso poner freno a la especulación financiera.
Cristina propuso poner freno a la especulación financiera.

Las repercusiones de la intervención de Cristina Fernández de Kirchner en la cumbre del G20 marcan el definitivo reconocimiento internacional de las políticas aplicadas en la Argentina desde 2003, que a contrapelo de las tradicionales recetas de los organismos de crédito internacionales lograron crecimiento con inclusión social, una hazaña en el contexto de la crisis mundial. Hace años que la jefa de Estado argentina viene exigiendo más controles a la especulación financiera, y hoy su reclamo es acompañado por decenas de miles de militantes K yanquis e ingleses que ocupan los distritos financieros de Nueva YorK y Londres.

Y un día…..el mundo todo se llenó de setentistas. Ni en Wall Street puede confiarse ya, hay zurdos por todas partes…..Rojas remeras con el rostro de Chávez frente a la Catedral de San Pablo, en Londres, junto al Támesis. No lejos de allí, desde las boleterías de su Teatro The Globe, William Shakespeare vende entradas, saluda con los dedos en V y luce la remera Moyano Conducción. En Nueva York escriben Nueva YorK, en homenaje a Néstor. En Atenas, vivan el nombre de Argentina, pueblo vencedor del FMI. En España, hacen las valijas rumbo a Ezeiza.

En medio de una crisis de representatividad política sin precedentes, Cristina llegó a la cumbre del G 20 con un 54 por ciento bajo el brazo. Y se dirigió a los líderes mundiales en “ese tono” que tanto molesta a los que añoran los presidentes serviles, coloniales, al servicio de los intereses de los imperios y las grandes corporaciones.

La denominada crisis mundial es económica, social, y fundamentalmente política. Los ciudadanos de Europa y Estados Unidos salen a la calle enfurecidos, enfrentan la brutal represión policial, y se lanzan a ocupar el espacio público, indignados, porque no se sienten representados por sus dirigentes, que utilizaron el voto popular para beneficiar a las corporaciones.

En cambio, en Argentina, un proyecto político que lleva ocho años en el poder, lejos de acusar desgaste, es ratificado con un porcentaje difícil de alcanzar, que marca el regreso de la política en medio de la devastación causada por el neoliberalismo, que pretendió desplazar de la escena el discurso político para imponer el autoritarismo de los mercados.

La Unión Europea produjo una histórica declaración contra la democracia al rechazar la posibilidad de una consulta popular en Grecia. A contrapelo de estas decisiones, que dejaron de lado, con total impunidad, la máscara democrática, y sinceraron, con cinismo, que el poder real lo tienen las nada democráticas corporaciones, el ciclo que se inició en 2003 en la Argentina restituyó la política y la colocó por encima de las decisiones inconsultas de los poderes fácticos y sus estructuras propagandísticas.

Los grandes medios de comunicación hegemónicos al servicio de los poderes fácticos son el departamento de Agitación y Propaganda de las corporaciones. Es mucho lo que pueden influir. Pero, como toda estructura de poder, tienen fisuras. En la Argentina, los medios hegemónicos lograron, por ejemplo, que Lilita Carrió y Ricardo Alfonsín aparecieran en la sección Política, y no en Espectáculos, Rayos UVA, Humor, o Qué dicen los astros. Los medios pueden poner palos en la rueda, lanzar cortinas de humo, distraer la atención, construir agenda, pero no logran vencer el peso de la realidad, de las medidas concretas, de la política puesta al servicio de modificar la realidad. Porque es justamente esa realidad, modificada, y para mejor, la que se presenta ante los ciudadanos a la hora de votar. He aquí el límite del poder de los medios hegemónicos.

Y allí están los grupos Clarín y La Nación, intentando insuflar un hálito de vida a sus golems. Pero no: hechos de Corlok y restos de menudos de pollo ácidos, ya muy regurgitados, los monigotes corporativos responden a los conjuros con eructitos, una triste cadencia hic hic puff, para caer enseguida en la inanidad silente de los esperpentos.

La situación de Argentina no puede ser más diferente con relación al contexto mundial, y coloca al país a la vanguardia de un proceso que apenas está comenzando.

En la Argentina, a contramano de buena parte del mundo, un 54 por ciento de la población apoyó un proceso político que habla de política en términos políticos, y que, en esos términos, hizo retroceder la autoritaria y antipolítica cháchara neoliberal.

No es banal el chiste de Barack Obama sobre la necesidad de “imitar a Cristina”. No es necesario citar al maestro vienés para poner en contexto la humorada y entender todo su alcance. El presidente de EE.UU. pretende la reelección, pero a diferencia de la mandataria argentina, Barack no se animó, no enfrentó a los poderes fácticos, no hizo nada de lo que prometió, siguió con la misma receta (gobernar para las corporaciones), y no cambió la historia.

Por estos motivos, Barack Al Jolson sólo podría lograr su cometido como el mal menor y si los republicanos postulan a Drácula o a alguien peor. Barack decepcionó a sus votantes, Cristina no.

La temible estantigua de demonios locos, autoritarios y violentos (Chávez, Lula, Kirchner, Correa, buh, buh) resultó tener razón pese a la prédica buh buh de los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos. El buh de los turiferarios de los poderosos no tiene la fuerza del muy real y tangible buh de las políticas neoliberales que dejan a millones de personas sin trabajo.

Ni los yanquis se bancan ya el capitalismo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son vistos como los malos de la película en todo el mundo, incluso en su propio barrio, donde la bronca crece, y crece también la brutalidad policial para reprimir las protestas.

Las políticas de inclusión social que se vienen aplicando desde 2003 en la Argentina ganaron primero en las urnas, a nivel local. Y luego triunfaron en Cannes. Ratificaron esa contundente victoria cultural con la incontrastable fuerza de la razón. De eso se trata, justamente, la batalla cultural. Uno de sus objetivos es la conquista del sentido común. Lo indecible-impensable se torna decible, pensable, y deseable. Lo que ayer parecía utópico, aquello que se rechazaba como una mera declamación testimonial, proferida por locos violentos fuera de la realidad, hoy no sólo es real y concreto, sino que se presenta como la única solución posible, incluso para los más pragmáticos, calmados y racionales.

Las políticas aplicadas en la Argentina a partir de 2003 demuelen mitos, derrumban mentiras y echan por tierra machaconas estructuras propagandísticas y discursos de campaña. Parece que esas políticas, que en 2003 sonaban a exabruptos de loquillos, no eran tan absurdas, no eran cosa del pasado, ni delirios setentistas. Parece que los demonios a veces tienen razón. Y que las repúblicas bananeras son más serias que aquellas del Primer Mundo que importan bananas y exportan recetas económicas.

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