En Santiago, en New York y en cualquier parte.
En Santiago, en New York y en cualquier parte.

La reconocida periodista y escritora canadiense, Naomi Klein, sostuvo en una entrevista concedida al noticiero independiente Democracy Now, ante su colega estadounidense Amy Goodman, que la lucha de los estudiantes chilenos apunta contra “el núcleo de la desigualdad, porque están diciendo que el profundo sistema educativo de doble estándar que existe es el motivo por el cual Chile se convirtió en una de las sociedades más desiguales del mundo”. En el diálogo, que Redacción Rosario reproduce a continuación, Klein establece la fuerte conexión que hay entre las protestas estudiantiles en Chile y las que realiza el movimiento A Ocupar Wall Street en Estados Unidos.

Amy Goodman: Ésta es la segunda parte de nuestra conversación con la reconocida periodista y escritora Naomi Klein, que está en Nueva York para participar en el acampe de “A ocupar Wall Street” y para hablar ante la multitud que se dio cita allí. Klein es autora del exitoso libro La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre, que se ocupa de acontecimientos internacionales que cambiaron el mundo, como fue el caso de Chile tras el golpe de Estado de Pinochet en 1973 y lo que ocurrió luego con la aplicación de las teorías del economista Milton Friedman, de la Universidad de Chicago. En ese país se utilizó una crisis para cambiar toda una sociedad. Ahora, casi 40 años más tarde, los estudiantes de Chile están protestando en la calle. Tras meses protestando, ahora se han retirado de las negociaciones con el gobierno y están dejando su destino en manos del pueblo. Hablamos con Naomi Klein sobre varios temas, tanto sobre lo ocurrido en Wall Street como los reclamos de los estudiantes en Chile y lo que ellos creen que falla en el sistema educativo chileno.

Naomi Klein: Los estudiantes quieren una relación completamente distinta con la educación. Esto va al núcleo de la desigualdad, porque están diciendo que el profundo sistema educativo de doble estándar que existe es el motivo por el cual Chile se convirtió en una de las sociedades más desiguales del mundo. Y por supuesto, esto tiene una enorme resonancia histórica porque la privatización de la educación fue una de las grandes transformaciones de la dictadura de Pinochet, ya que creó la sociedad más desigual en Latinoamérica, en un momento en que fuera de Chile, Latinoamérica tenía una enorme y vigorosa clase media.

AG: ¿Cómo se origina la privatización de la educación en Chile y cómo se relaciona con la privatización de la educación en Estados Unidos?

NK: Chile fue el laboratorio de la llamada Escuela de Economía de Chicago. Fue el primer lugar del mundo donde se aplicaron las ideas extremas de Milton Friedman, quien creía que había que privatizar absolutamente todo, excepto las fuerzas armadas. Sus discípulos fueron aún más allá y privatizaron eso también. Eran ideas excéntricas en los años 60 cuando todavía seguía la era keynesiana, así que no pudieron introducir estas ideas en Estados Unidos. Cuando Richard Nixon llegó al poder, Milton Friedman pensó que sería algo bueno para él e impuso el control del salario y los precios y dijo ahora somos todos socialistas, somos todos keynesianos. Así que fue sólo en Chile tras el brutal golpe y la muerte de Salvador Allende, donde los economistas de Chicago tuvieron su pequeño espacio para poder probar muchas de las políticas que después se globalizarían y llamarían a esto globalización. Pero nunca fue una globalización, siempre fue toma del poder del mundo por parte de las grandes empresas, por eso están protestando en Wall Street. Así que está muy relacionado.

AG: ¿Qué importancia tiene la participación de los sindicatos de docentes allí y aquí?

NK: Los sindicatos de docentes en Chile estaban a la vanguardia de la organización con los estudiantes y hubo una gran solidaridad intergeneracional allí. Creo que es simplemente maravilloso ver que surgen nuevas generaciones de activistas y lo que eso significa para las personas que hace tantos años están en esta lucha. Esto se vio ayer (por el pasado lunes) en los discursos que dieron en “A ocupar Wall Street” los líderes de los trabajadores de todos los sectores públicos. Sencillamente, están tan agradecidos por esta infusión de energía y entusiasmo y hay un gran respeto mutuo allí.

AG: Y tengo que decir que desde el escenario pude percibir en los líderes sindicales un pequeño impacto sobre cómo pasó esto. Vestidos de traje, se rascaban la cabeza y decían hemos estado haciendo esto durante años y este grupo de gente luchadora va a Wall Street. Los líderes sindicales de todo el país y el mundo han estado tratando de participar en esto, de venir a esta manifestación a decir, ¡eh! este también es nuestro momento.

NK: Esto es lo que pasa con los cambios sociales, se producen cuando menos te lo esperas. Lo único que puedes hacer es estar preparado y te sorprenderá. Esto es lo malo de toda esta gente que se ofrece a dar consejos a los manifestantes de “A ocupar Wall Street” sin que éstos se los pidan. Todos estos supuestos expertos en activismo vienen y dicen, siéntense, no se levanten, no levanten los puños, hagan el signo de la paz, vístanse bien, aféitense, lávense el pelo y lancen un mensaje conjunto. Nadie sabe. Es una sorpresa para nosotros cuando esto ocurre.

AG: Una enfermera que estaba en la protesta me dijo: “Perdimos tanto tiempo en el pasado perfeccionando este mensaje. En esta cultura de grandes empresas, según los publicistas de Madison Avenue, tenemos que reducir el mensaje a una frase significativa de seis segundos” y agregó “para entonces, la energía de todos se habría desperdiciado porque precisamente lo que se está discutiendo es cuál es exactamente el mensaje que estamos dando”. Además dijo que “mientras los medios de comunicación corporativos nos están atacando y diciendo que no tenemos un mensaje, la potencia está en que esto ha atraído a mucha gente, el mensaje que les une a todos ellos tiene resonancia en la vida de cada uno, tengan o no trabajo”. Uno de los carteles que más me gustó decía “Perdí mi trabajo y encontré una ocupación”, o “Esto no es una recesión, es un robo”.

NK: Ése fue el que más me gustó y le saqué una foto con el teléfono. Si la pregunta no fuera “¿Qué reclamas, cuál es tu mensaje?” habría otra. No nos quedemos trabados en esto. Durante las protestas contra las grandes empresas que se hicieron conocidas en el mundo en Seattle en 1999, la pregunta era “¿qué alternativa ofreces?, porque nuestra demanda era realmente clara; queríamos terminar con la Organización Mundial del Comercio y con el Fondo Monetario Internacional. Como nuestras demandas eran muy claras nos preguntaban “¿qué quieren a cambio?”. Siempre va a haber algo con lo que se quiera deslegitimar el disenso, pero no debemos detenernos en eso. Creo que es bueno que Nick Christoph haya escrito esa absurda columna diciéndole a los manifestantes cuáles debían ser sus reclamos y dándoles unas ideas extremadamente buenas –y medio flojas- sobre cómo reformar el sector financiero. Pero el problema es que son demasiado pequeñas. Uno no sabe cuánto soñar hasta que no sabe el tamaño del movimiento. Y por eso creo que los estudiantes chilenos tienen un gran reclamo que ha sido enormemente impulsado a un reclamo muy claro. Este es un momento en que realmente se está tratando de cambiar un sistema. Éstas son personas que escarmentaron después de haber depositado todas sus esperanzas en el partido democrático, de haber pensado que simplemente cambiando de persona en el poder, se podrían arreglar las cosas. Así que ahora están buscando un sistema y los reclamos que se deberían hacer para cambiar un sistema dominante y complejo no son en absoluto claros. No sabemos qué es esto. Así que, realmente se trata de tener el coraje de hacer preguntas para las que no tenemos respuestas, cosa que dice Wes Jackson, un gran poeta de la agricultura que dirige el Instituto de la Tierra en Kansas: “Tenemos que tener el coraje de hacer preguntas para las que no tenemos respuestas”. Y eso es lo que ese maravilloso espacio abierto y Liberty Plaza representa para mí, que la gente está haciendo esas preguntas y se está dando este espacio para soñar a lo grande.

AG: Hoy se cumplen 10 años de la invasión a Afganistán y están previstas grandes marchas en Washington D.C. ¿Cómo encaja la guerra en esta historia? Había otro cartel que decía “Es muy simple, para arreglar el déficit, pongan fin a la guerra y cobren impuestos a los ricos”.

NK: Sí. Ese uno de los lugares donde encaja. Estábamos hablando de esto anoche en un grupo, en el que estaba Jeremy Scahill y Richard Rowley –dos personas con las que has estado trabajando mucho- y el mensaje es que sabemos dónde está el dinero. También lo dice Michael Moore; Estados Unidos no está en quiebra, tiene una crisis de redistribución. Así que, sabemos dónde está el dinero acumulado. Se acumula en el Pentágono y en Wall Street y ahí es donde tienen que continuar las protestas, donde está el dinero. Esto es lo que cualquier buen periodista hace. Es lo que hace cualquier buen investigador, seguir el dinero. Dicho eso, no creo que la posición deba ser paren las guerras porque son muy caras porque esa posición es un descrédito moral. Así que, no lo podemos simplificar a un problema financiero, es también una cuestión moral. Hay muchas, muchas razones por las que debemos parar las guerras, pero eso está absolutamente conectado también con la crisis financiera. Es decir, siempre me preocupo un poquito cuando, en el discurso estadounidense se dice “¿Por qué estamos ayudando a reconstruir Irak cuando deberíamos estar reconstruyendo Estados Unidos?”. El hecho es que se trata de guerras ilegales, son guerras por las que Estados Unidos debe hacer una reparación. La idea de simplemente retirarse y quedarse con el dinero no es tan simple y creo que siempre debemos recordarlo. Hay enormes cantidades de dinero que pueden transferirse del presupuesto del Pentágono al de educación y el sistema de salud, pero esto no le quita la responsabilidad que Estados Unidos tiene con países a los que ayudó a destruir.

AG: ¿Por qué no concluimos la entrevista, Naomi, con una descripción de este momento? Tú estabas en Canadá, viniste a las protestas en Washington, estás muy involucrada en el tema del cambio climático, estás escribiendo un libro sobre cambio climático y comenzó el movimiento “A ocupar Wall Street”, así que aquí estás.

NK: Pasé mucho tiempo estudiando y escribiendo sobre cómo las élites usan los tiempos de crisis económica para hacer aprobar reestructuraciones radicales de la sociedad a favor de los intereses de esa élite. Es una gran ironía que, en una crisis económica creada por la desregulación, la privatización, el poder de las grandes empresas, las soluciones sean una mayor destrucción de la esfera pública y mayor desregulación. Y esto es lo que oímos desde la derecha, el Tea Party, quienes quieren deshacerse de todo tipo de regulación. Así que, siempre he dicho que la única manera de resistir la Doctrina del Shock es saber que algo ocurre mientras está ocurriendo, y que debe haber una tremenda vuelta atrás. Lo hemos visto esto Europa. Hemos visto que esto puede, de muchas maneras, disminuir los recortes e incluso detenerlos del todo. Todo el mundo está esperando a que Estados Unidos se dé cuenta de esto y se una a esta lucha global. Creo que este país, al estar tan centrado en políticas electoralistas cada dos años, toda la energía que tiene el movimiento pacifista o el movimiento ambientalista o cualquier movimiento sobre cualquier tema, de repente cambia el eje de atención para tratar de que los demócratas ganen las elecciones, y esto tiene un impacto increíblemente corrosivo en la construcción de movimientos duraderos y sostenibles. Creo que ahora la gente se está dando cuenta esto; que si te preocupas por estos temas, hay que construir movimientos centrados en estos temas y dejar que sean los demócratas los que se preocupen por ellos mismos.

Traducción: Kelly Kremco, Ter Garcia, Rosario Vega, Javier Pérez
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