Foto: Télam.
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Aécio Neves es Buda, Cristo, Zoroastro. Y también Isidoro Cañones, porque además de sabio posee la gracia y el glamour del playboy. Los medios hegemónicos no conocen límites a la hora de ensalzar a un candidato del establishment. Pero la carta ganadora de Dilma está en la calle, en la movilización, en la mística del pueblo.

La embestida de los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos no conoce moderación alguna. Aécio Neves resume todas las virtudes humanas, y algunas divinas también, incluso. Pero del otro lado, el Partido de los Trabajadores (PT) tiene un as bajo la manga para ganar la segunda vuelta: la movilización de masas, la posibilidad de ganar la calle, la mística, la militancia.

Aécio, candidato del neoliberalismo, nunca tuvo ni tendrá esa posibilidad. Y no la necesita ni desea. Tiene a los medios hegemónicos, que lo ensalzan hasta lo inverosímil. Pero Dilma Rousseff y el PT sí necesitan revitalizar la militancia. Necesitan ocupar el espacio público, la calle, poner el cuerpo en la calle. Esta última es una definición elemental de “lo político”, una definición que resiste el tiempo y los cambios.

Quienes se sienten decepcionados por el PT le critican que ya no es el mismo partido de las décadas de 1980 y 1990, porque perdió la calle, aseguran. Porque se profesionalizó y se dejó ganar por la lógica del marketing político. Y más allá de si estas críticas son justas o no, resultan útiles para pensar los procesos posneoliberales que se desarrollan en la región.

Las críticas al PT habilitan una serie de interrogantes que tienen validez más allá de Brasil y por encima de las enormes diferencias que separan a los distintos procesos posneoliberales. Uno de esos interrogantes tiene que ver con la importancia de la batalla cultural: no es posible sostener un proceso de cambio posneoliberal, revolucionario, progresista, de liberación nacional, con gestos, valores y prácticas que derivan de la cultura neoliberal. Dejarse penetrar por esos valores, gestos y prácticas significa perder la batalla cultural.

La batalla ya comenzó en Brasil, y será intensa. Es mucho lo que está en juego. O se consolida y profundiza el proceso de cambio en marcha, o se viene la restauración conservadora, es decir la restauración-venganza tan deseada por el mercado, ese Dios que encontró a su Hijo en el profeta y playboy Aécio Neves.

Del otro lado, en cambio, hay un sujeto colectivo. Si ese sujeto gana la calle, ocupa el espacio público, y pone el cuerpo, y muestra, además, que ese cuerpo es un cuerpo social y político, que está formado por millones de cuerpos, las manipulaciones de los medios al servicio del neoliberalismo pasarán a engrosar la Historia Universal de la Infamia.

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