Tapa Clarin

Alberto, por favor, si estás allí, da tres golpes en la mesa. Cada nuevo embate de los poderes fácticos contra el gobierno nacional parece forzar un poco más los límites de la mentira, lo decible, lo creíble, lo verosímil y la estupidez.

Tras la muerte del fiscal Alberto Nisman, nuevos límites se superaron. Se demostró, una vez más, que los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos no sólo desconocen cualquier preocupación ética, sino que también transgreden y hacen añicos las reglas básicas de la redacción periodística y las buenas prácticas del oficio.

Si tomamos por ejemplo el diario Clarín, desde hace años resultan verificables el uso de fuentes secretas, siempre inverosímiles, junto a expresiones tan vagas e imprecisas como “dicen que”. Y todo aderezado con un siempre abusivo uso del condicional. O sea, se combate la verificabilidad cual si fuera mala peste. Nada de esto es nuevo, claro. Pero con la operación Nisman se llegó a límites sólo comparables con el teatro del absurdo.

El 1 de febrero de 2015 Nicolás Wiñaski y Daniel Santoro publicaron una nota que merece un lugar en la Historia universal de la infamia, por un lado, y también en los manuales de periodismo, como un ejemplo claro, extremo, ridículo, de lo que no se debe hacer si se quiere ejercer la profesión con dignidad.

Aunque el grupo Clarín perpetra este tipo de maniobras todo el tiempo, en la nota mencionada se superan varios límites, y todos al mismo tiempo y en apenas poco más de 3.700 caracteres.

La información se presenta como lo que “habría pensado” antes de morir una persona ya fallecida. Pero no, hay que ser justos: la nota menciona otra fuente: ¡Un escrito tachado e ilegible!

Bajo el título “Nisman habría pensado en pedir la detención de Cristina” los autores, devenidos pitonisas, interpretan lo que pudo haber pensado Nisman antes de morir.

Además, como magos hermeneutas, leen a través de los tachones, como quien cruza las aguas de un río encrespado caminando a paso firme. Esto no es nuevo: la lectura de las vísceras de las ocas y la interpretación de las deposiciones de los yaguaretés constituyen infalibles métodos de adivinación desde la Antigüedad.

Asimismo, el borrador que habría sido encontrado en un cesto de residuos de Nisman tiene la capacidad de aparecer y desaparecer, quién sabe a partir de qué oscuros poderes. La fiscal que investiga la muerte de Nisman, Viviana Fein, primero dijo que no existía, pero después se rectificó y dijo que sí existe. Sin embargo, lejos de ser una gran revelación clarinetista, el misterioso borrador forma parte del expediente y no revela nada nuevo. Apenas confirma la intención destituyente de la falsa denuncia. No era necesario recurrir al espiritismo para «revelar» lo que ya se sabía.

Y por las dudas, eso sí, la nota menciona la confirmación de los pensamientos del difunto a través de “fuentes judiciales” que seguramente consultaron por telepatía. Nicolás Wiñaski y Daniel Santoro habrían pensado escribir una nota. Alberto, si estás allí, da tres golpes en la mesa.

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