
Roberto Retamoso ha sido profesor de varios de los que hacemos El Eslabón y Redacción Rosario. A más de uno contagió su pasión desde la ya extinta cátedra de Periodismo y Literatura e impulsó a la lectura de autores como Roberto Arlt, Rodolfo Walsh y Leopoldo Marechal. Docente de Humanidades y Artes, de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario y Doctor en letras, publicó entre otros, los libros La dimensión de lo poético, Oliverio Girondo: el devenir de su poesía, Apuntes de literatura argentina, El discurso de la crítica y Realismo y metafísica en Roberto Arlt, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal. Acaba de editar Las aguas cárdenas, obra sobre la que compartió alguna de sus claves. “La novela va y viene del presente a los setenta”, explicó.
―¿Con qué se encontrarán los que se sumerjan en Las aguas cárdenas?
―Es una novela que tiene como personaje a alguien que existió realmente, José Cárdenas, conocido como el Mono Pepe. Es un personaje de Rosario, que merodeaba la facultad de Filosofía allá por los años setenta. Un tipo muy simpático al que le decíamos el Mono Pepe porque tenía un aspecto muy siniestro. Y era un personaje como se diría en aquel lenguaje, una especie de lumpen, un tipo que no era un estudiante universitario, pero había sido seminarista, entonces tenía una gran formación intelectual y merodeaba el ambiente de la facultad. Que tuvo un final trágico como tanta gente, porque en uno de esos operativos que se hacían durante la dictadura, del tipo de pinzas, él quedó rodeado, se asustó y quiso escapar, y como quiso escapar lo fusilaron en la calle, de una manera bastante gratuita.
―¿Por qué elegiste a este personaje?
―Fue una historia que siempre me impactó, porque de algún modo representa la gratuidad de tantas muertes de aquella época. Porque este Pepe no era un tipo que estuviese involucrado en acciones armadas ni mucho menos. Podía ser un simpatizante de los grupos revolucionarios, pero no era un militante de esas organizaciones.
Entonces a partir de esa historia se arma una mucho más amplia, ya que la novela no se circunscribe exclusivamente a la historia de Pepe, sino que es un disparador como para hablar de todo lo que ocurrió en aquellos años, y también del presente. La novela va y viene del presente a aquella época. También habla, y mucho, no solamente de cuestiones políticas sino de cuestiones culturales, algo que aparece mucho porque me atañe personalmente. Otra cosa que también aparece mucho es la facultad de Humanidades. Se cuentan muchas cosas de los que es la vida dentro de la facultad, y se hace de un modo para nada benevolente.
―¿Alguien se te va a enojar?
―Sí, seguramente. Pero bueno, es lo que yo pienso y no tengo por qué ocultarlo.
―¿Los personajes son reales pero las situaciones son de ficción?
―Es una novela, por lo tanto es una ficción. Pero lo que tiene es que aparecen un montón de personajes que son reales, con sus nombres reales. No sólo José Cárdenas, sino otros que viven en la actualidad y que aparecen con sus nombres reales, como Gloria Canteloro por dar un ejemplo. Eso lo hice deliberadamente porque también es una manera de rendirle una especie de homenaje a algunos compañeros que vivieron aquella época y tuvieron una trayectoria de lucha y conservan la dignidad que otros perdieron.
―¿Qué pensás que puede pasar o esperás que suceda con los públicos de las distintas generaciones que seguramente se encontrarán con tu libro? Pienso en tus alumnos, por un lado, y en tus ex compañeros de facultad y militancia, por otro.
―Y, por ejemplo, para un público joven, Gloria Canteloro va a ser un personaje de ficción. Mientras que será una clave para un público mucho más reducido que conoce al personaje real. Entonces seguramente va a haber diversas lecturas.
―En los últimos años ha habido una revitalización de las narrativas y producciones que vuelven sobre ese pasado de los setenta, que sigue tan abierto en nuestro presente. ¿Qué te parece importante revisar sobre aquellos años desde la actualidad?
―Aclaro que el libro no pretende ser un ensayo ni mucho menos. Son como visiones que yo intento transmitir, de ciertas cosas. No pretendo proponer ideas interpretativas, porque para lo otro habría que escribir un texto diferente. Pero el libro cuenta la historia de otro personaje actual, que es totalmente ficticio, que es un escritor que además es profesor en la universidad y quiere contar la historia de Mono Pepe como para rendirle un homenaje. No solo a él, sino a tantos compañeros que cayeron en aquella época de una manera bastante gratuita, por así decir. Entonces lo que hace este escritor es plantear una especie de tesis que va a ser muy controversial, que no es el primero en decirlo y no es tan original. Este personaje, cuando habla del Mono Pepe dice por ahí que Pepe representa a un conjunto de compañeros de aquella época que fueron doblemente víctimas: porque fueron víctimas del terrorismo de Estado por un lado, pero también víctimas del abandono en que los dejaron las organizaciones cuando se replegaron y pasaron a la clandestinidad, dejando a todos estos compañeros librados a su propia suerte en la superficie. Entonces eso genera también mucha polémica. Son cuestiones que uno piensa y que las pone en una novela como ideas de los personajes.
Para que no parezca una novela negativa o escéptica, hay también un contraste entre la generación esta del escritor, que quiere contar la historia del Mono Pepe, que son tipos que vivieron los setenta y que están de vuelta y bastante golpeados por la vida y la historia; y unos chicos que representan a la juventud actual, que encarnan la esperanza y el futuro, que aparecen como lo menos contaminado. Allí también hay un homenaje no sólo a la juventud de antes, sino a la juventud actual, que sería donde se depositan las esperanzas.
Fuente: El Eslabón/Noticias Piratas.
