El preparador físico repasó los buenos y malos momentos con Diego Maradona, a quien acompañó durante su carrera como futbolista y entrenador. También elogió a Lionel Messi, recordó su paso por Rosario junto al Flaco Menotti y palpitó el clásico.
Sin lugar a dudas la trayectoria profesional de Fernando Signorini estuvo marcada por la presencia de Diego Armando Maradona, con quien comenzó a trabajar como preparador físico personal desde el 83 cuando el oriundo de Villa Fiorito vestía la azulgrana del Barcelona. “Fue todo tan increíble que mi vida no estaba preparada para eso. Nunca imaginé, ni en mi más ambicioso sueño del pibe, que algo así me podría llegar a ocurrir cuando elegí esta profesión”, confiesa el Profe en diálogo con el eslabón, y asegura sentirse “un privilegiado por haber sido elegido por él para inventar una profesión que hasta ese momento no existía, que era la de preparador físico personal para un jugador de deporte en equipo”.
“Hay veces que no quiero recordarlo mucho por miedo a que todo sea mentira, porque parece más un sueño que una realidad”, dice entre risas.
Desde su trabajo, define al Diez como “un tipo nacido para ese deporte, no solamente por sus condiciones físicas que eran sobrenaturales, sino por su talento, su inventiva, por su creatividad y por su innegociable compromiso con la Selección Argentina”, ya que “dejaba cualquier cosa de lado con tal de estar y no vacilaba en subirse a un avión y viajar horas para jugar dos o tres partidos en la semana”.
También aclara que a la hora del entrenamiento, el mejor jugador de todos los tiempos “renegaba cuando llegaba a altos niveles de exigencia, porque cuando buscás el alto rendimiento tenes que llegar y permanecer en el umbral del dolor. Y eso te produce hasta bronca”. Ahora bien, cuando le tirabas la pelota “ahí sí que era Maradona y te hacía entender por qué ocupaba el lugar que ocupaba”.
Cae el norte de la Italia rica
En el 84, Maradona deja la institución catalana y pasa al humilde Napoli (con el que logró dos scudettos), donde también se lleva a Signorini. En la llegada a la populosa ciudad del sur itaiano, el Diez fue recibido por una multitud que hasta el día de hoy lo idolatra. “Ese día nos hicieron entrar por una calle secundaria porque estaba todo bloqueado por el entusiasmo que había”, cuenta el entrevistado y recuerda: “Íbamos con don Diego en el coche y él miraba el paisaje que se nos presentaba, con callejuelas muy estrechas, basura por todos lados, mucho abandono, todo muy precario, algo que por aquel entonces caracterizaba a Napoli. Y don Diego, acostumbrado al barrio en que vivían en Barcelona con esos hermosos paisajes y una casa hermosa, me dice: «Profe, ¿adónde han traído a mi hijo?»”.
Este profesional que comenzó su carrera en su tierra natal, en el club Rivadavia de Lincoln, aclara que “en principio pensé lo mismo” que el padre de jugador, “pero después no me hubiese querido ir nunca más”, porque Nápoles “es un lugar paradisíaco, sobre todo por su gente”.
“Lo mejor de los lugares no son los paisajes, es la gente, que si es macanuda la recordás siempre. Yo estuve en muchos lugares hermosos que no me han dejado nada, porque la gente era muy fría, sobre todo con nosotros los «sudacas»”, sostiene.
El Profe también afirma que “el entusiasmo de la gente de Napoli no es comparable ni siquiera con su mejor momento en Boca”, y argumenta: “Ahí no había sólo cuestiones futbolísticas, sino también reivindicaciones políticas: puso al sur por arriba del norte. Todo el mundo hablaba del Napoli y relegó a un segundo lugar al Milan y al Inter, que eran los capos de la liga”.
En las buenas y en las malas
El estar tantos años al lado del Diego le permitió a Fernando Signorini vivir experiencias inolvidables en la Selección Argentina, incluyendo la histórica consagración en México, en el Campeonato Mundial de 1986. Una imagen que difícilmente se borre de su memoria ocurrió en la mitad de la cancha del mítico estadio Azteca. “Tras el partido con Inglaterra, después del mundo de gente que quería saludarlo, me vio a mí y me dio un abrazo que hoy todavía me duele”, rememora emocionado, y acota: “Él estaba muy emocionado y con mucha adrenalina por haberle ganado a los ingleses y por hacer ese gol fantástico que va a quedar (los dos van a quedar) para la historia: uno como ejemplo de lo que no se tiene que hacer, porque fue un gol tramposo; y el otro porque fue un gol que casi desdijo el anterior y quedó para siempre como un resumen de lo que puede llegar a hacer el fútbol cuando alguien de su talento lo eleva a la condición de arte. Como lo hace hoy también Messi”.
Pero la trayectoria futbolística del ex capitán de la selección no fue siempre color de rosas y en el ecuménico torneo realizado en 1994, en Estados Unidos, vivió quizá uno de sus peores momentos cuando un control antidoping le «cortó las piernas». “Antes te nombré la cima, esto es el precipicio, el fondo”, lamenta el ex preparador físico de Juan Román Riquelme en el Barça. “No es que estaba preparado, pero habían pasado cosas que me pusieron en alerta. Yo le había dicho que no jugara ese Mundial porque ya había demostrado todo. Él insistió tanto que le terminé diciendo que sí, para ayudarlo”, rememora.
“Los medios habían descubierto que se podía vender y ganar mucho con el Diego perdedor, drogadicto, con el negrito de mierda que al final había demostrado lo que realmente era. Toda esa perversión ya la había descubierto”, cuenta el entrevistado, y agrega que “además, la presencia de Daniel Cerrini con tantas pastillas me hacía sospechar mucho”, por lo que “después pedí que hablaran con Grondona para hacer un análisis sorpresa, como los que después se implementaron”, pero el por entonces presidente de la AFA “bajó el pulgar argumentando que era molestar a los muchachos”, y sentencia: “Con lo ocurrido después me quedó la casi certeza de que Grondona lo entregó”.
Armando Lío

La experiencia de Maradona como entrenador le permitió al profe seguir vinculado con el Diez. Y como si le faltara algo a su rica trayectoria, durante el paso de Maradona por la conducción técnica del elenco nacional se dio el gusto de conocer y entrenar nada menos que a Lionel Messi, a quien define como “un chico maravilloso y que como jugador te arranca los ojos”.
El crack del Barcelona, al igual que Diego, “es poco proclive a los esfuerzos que no tienen que ver específicamente con el fútbol”, según relata Signorini, y añade: “A ellos hay que darles la pelota y crearles las condiciones indispensables para que puedan estar contentos y felices, porque el fútbol es el encuentro donde ellos se expresan”.
Antes las críticas que han caído sobre el actual capitán de la celeste y blanca, tras la derrota en la final de la Copa América ante Chile, el PF asegura que aún “no tuve la posibilidad de verlo jugar mal”, y advierte que “los medios han descubierto que también se vende mucho con sus derrotas”.
“Esos son los mismos tipos que después se quejan porque dicen que no se puede vivir en esta sociedad y ellos no hacen nada para cambiarlo, al contrario, contribuyen para que todo siga deteriorándose”, reflexiona el autor del libro Fútbol, un llamado a la rebelión, donde vuelca lo “aprendido en los años de carrera”.
Canaya por un rato
Signorini tuvo el privilegio de vivir, desde adentro, el clásico rosarino. Integrando el cuerpo técnico de César Luis Menotti, acompañó al Flaco en su corta experiencia como entrenador del club que lo vio nacer futbolísticamente. En 2002, el conjunto de Arroyito tuvo un arranque demoledor que se extendió hasta la sexta fecha del campeonato de aquel año, jornada en la que se dio el gusto de vencer al rival de toda la vida en condición de visitante y cortando una racha que parecía destinada a la eternidad. “Fue una alegría increíble porque hacía 22 años que Central no ganaba en la cancha de Newell’s. Además fue un gran partido, un lindo espectáculo y, por supuesto, con el fervor de las tribunas”, dice el Profe, y reivindica a uno de esos jugadores que debieron haber llegado más lejos en el fútbol: “También me puso contento que haya hecho un gol el Tom Arriola, que era un chico que había sido dejado de lado y que, aunque era un pibe maravilloso, muchas veces no era entendido porque era muy contestatario y la dirigencia no tenía el mejor concepto de él. Muchas veces los técnicos no quieren ese tipo de jugadores porque los molestan, los cuestionan, pero en definitiva esos son los mejores”.
Ante la proximidad del choque que paraliza la ciudad, el oriundo de Lincoln remarca que “en los clásicos no hay candidatos”, y se lamenta que no puedan asistir los hinchas visitantes: “Eso me parece una aberración y una incapacidad de los tipos que tienen que estar a cargo de los operativos de seguridad”. Y para finalizar, este hombre que también acompañó a Menotti en su paso por Independiente de Avellaneda, en tres etapas diferentes, Sampdoria de Italia y Tecos de Guadalajara (México), deja una sentencia: El Flaco es de los mejores, no sólo de los que he tenido al lado, sino de la historia del fútbol mundial. Desde el punto de vista conceptual, es riquísimo su aporte. César está a la altura –si no es más– de los mejores de la historia y compararlo con otro entrenador argentino es de mal gusto”.
Nota publicada en la edición 204 del periódico el eslabón

jose alfredo garcia sierra
21/07/2015 en 21:16
Verdaderamente enriquecedor, el relato es atrapante,describe los momentos mas importantes en la carrera de Diego.El profesor Signorini por su prestigio profesional,es palabra calificada para expresar con honestidad las etapas de gloria de Maradona.Un acierto la nota con este reconocido profesional.