
Elías Careaga jugaba al fútbol y soñaba con hacerlo profesionalmente hasta que un par de balazos, que recibió durante un asalto, le quitaron la movilidad de sus miembros. El periodismo deportivo, y su perseverancia, le permiten seguir ligado a su pasión.
“Toda la vida estuve abocado al fútbol y jugué desde chiquito”, arranca contando este joven que en su silla de ruedas y rodeado de su familia recibe la visita de El Eslabón. Y repasa: “Arranque en Juan Pablo II y después pasé a Latinoamérica, todo en el baby, donde llegué a jugar en cancha de 11. Después me probé en Arijón, cuando tenía 11 ó 12 años, y quedé”.
En la Agrupación Infantil Arijón, tal el nombre completo de la entidad enclavada en la avenida homónima al 300 bis, y que en sus orígenes se inscribió en la Liga de Villa Gobernador Gálvez, Elías fue escalando categorías y cambiando de puesto en la cancha. “Jugaba de 5, pero cada vez me iba tirando más atrás y terminé de zaguero, manejando todo desde el fondo”, señala. “Lo mío era meter y me gustaba el contacto físico, pero algo de técnica había. Además guapeaba con todos y siempre pedía al más grande –añade entre risas–. Pero no me gustaba que salgamos a los pelotazos: prefería salir jugando”.
Con la roja y blanca del club de la populosa zona sur, Careaga fue campeón de la Rosarina en 5ta división. “Fue muy raro porque el que iba segundo jugaba al otro día y nos enteramos que habíamos salido campeones el lunes cuando llegamos a practicar, por lo que no tuvo mucha emoción”, rememora entre lamentos, y acota: “Y después me subieron a la 4ta”.
El partido más difícil
El 3 de noviembre de 2012, con apenas 16 años y la ilusión de llegar a Primera intacta, Elías fue víctima de un robo y su vida cambió para siempre. “Le había agarrado sin permiso la moto a mi mamá, que estaba trabajando, y me fui a la casa de mi abuela. Vivíamos en Tablada en un pasillo, y cuando estaba llegando para guardarla antes de que ella volviera, me intersecta una moto y quieren sacarme la mía”, recuerda masticando sensaciones, y agrega: “Yo me resistí, porque no sabía que estaban armados, y ahí me dispararon. Cuando me tiraron la primera vez, no me di cuenta que me habían pegado, y a la segunda me caí. Me quise levantar pero no sentía las piernas. Los disparos fueron en la cervical y en la zona dorsal”.
Su padre, que llegaba en ese momento, lo cargó en un auto y lo llevó al hospital Roque Sáenz Peña. Elías, que siempre estuvo consciente en su más dura etapa, fue trasladado al Clemente Álvarez. A los 15 días tuvo un paro respiratorio, por lo que pasó a necesitar la asistencia de un respirador, y estuvo en total 3 meses internado. Después vendría una dura y prolongada rehabilitación.
Su madre, María Laura Frezno, que sigue con atención la charla, comenta: “El que le disparó, actualmente está detenido. En su momento le habían dado arresto domiciliario, porque era menor, pero después violó dos veces ese beneficio. Ahora es mayor y está preso, por eso y por otro homicidio”.
Volver a empezar
Aunque le costó, y mucho –“No lo podía asumir. Estuve un año sin salir la calle, ni siquiera a la vereda, por miedo al qué dirán”, admite acongojado– Elías le dio para adelante. “Ahora estoy terminando el secundario, estoy haciendo el tercer año y la idea es terminar el año que viene. Y si me toman en alguna escuela de periodismo, voy a arrancar la carrera”, cuenta orgulloso con una sonrisa que lo invade, y añade: “Ya estuvimos averiguando con la asistente social, porque tengo que tener un asistente en la clase que me escriba lo que yo quiero, ya que no tengo movilidad en ninguno de los miembros”.
Hace un año y medio, Careaga empezó un taller de radio en el Centro de Formación laboral El Aprendiz, que derivó en el programa Nada es imposible, que se emite por radiobraille.com.ar, todos los viernes de 11 a 12, y que se repite los miércoles de 13 a 14 en la FM La Fortuna, de Granadero Baigorria (102.5).
“Siempre escuché radio pero no sabía lo que era estar ahí adentro. Mi sección se llama Cortita y al pie y arrancó a principios de este año”, detalla este joven que denominó su segmento radial respetando el estilo que lo caracterizaba con los cortos puestos. Y concluye: “Es una manera de seguir ligado al fútbol, aunque en realidad nunca dejé de tener contacto. Tengo muchos amigos que juegan y constantemente estoy hablando con ellos, preguntándoles cuándo juegan o cómo salieron, y hasta dándoles consejos, y además me la paso mirando partidos y canales deportivos”.
Yo soy del barrio
Elías Careaga, que también se desempeña como auxiliar en un taller de radio para chicos con capacidades diferentes que se realiza en el NAC (Núcleo de Acceso al Conocimiento) de Granadero Baigorria, admite que entre sus referentes del periodismo se destacan “los entrevistadores”.
En ese aspecto, cuenta que le “gusta mucho Martín Arévalo, que cubre la selección”, y que actualmente trabaja en el canal TyC Sports. “A mí me gusta mucho entrevistar”, reconoce el joven de 20 años, y recuerda que “en el primer programa entrevisté a un amigo con el que había jugado en Arijón”.
A la hora de producir el contenido de su columna radial, cuenta que su idea “va por otro lado” con respecto a las habituales tiras deportivas. “En el programa doy informaciones sobre los clubes de barrio, porque en Rosario los programas hablan todos de Central y Newell’s y de Boca y River”, explica Elías, que prácticamente no se despega de su netbook adaptada o del televisor, para informarse diariamente.
Corazón Canaya
De reconocida simpatía por Rosario Central, Careaga se toma unos minutos para analizar el presente del equipo dirigido por Eduardo Coudet, a quien destaca: “Nadie apostaba por él, está haciendo bien las cosas. Creo que Central va a ser protagonista hasta el final porque el equipo tiene una personalidad que antes no la tenía”.
“Ahora Caranta tiene que salir jugando por abajo y eso está bueno”, celebra el periodista, y advierte: “Le falta un poco más de sostén en lo defensivo. Javier Pinola y Alejandro Donatti tienen personalidad, pero les cuesta en el mano a mano, sobre todo al Flaco porque es más lento. En la delantera, Marco Ruben venía jugando mejor solo. Complementarse con Marcelo Larrondo le cuesta un poco más”.
Por último, el hincha auriazul reconoce que “si bien fui un par de veces al Gigante, me gustaría ir a todos los partidos”, y entre los momentos a destacar con el club de sus amores, no lo duda: “Conocí al plantel que dirigía Miguel Russo. Estuvo buenísimo, fue soñado. El Loco Abreu me regaló una camiseta firmada. Nunca había estado tan cerca de los jugadores”.
