Yo no sé, no. En el recreo más largo aparecían ellas, brillantes, macizas, ovaladas y con el tamaño justo para esa competencia casi obligada: el juego de las payanas. En el arco que daba a Crespo, en el área chica, el pasto fue cediendo su lugar a la tierra, y ella perdiendo su nivel hasta que apareció un pozo medio preocupante. Ahí aparecieron ellas, hurtadas de alguna obra se instalaron ahí para ser pisadas por el arquero de turno. “Las mismas que (¡por suerte!) faltaron cuando saltaba la bronca entre los de Iriondo y Crespo, y como las calles eran de tierra terminamos tirándonos con terrones de ella”, me cuenta Pedro.
Los que se salvaban eternamente del descenso, al final fueron más conocidos por tirar piedras que por otra cosa (refiriéndose a Platense).
Serían como las cinco de la tarde, el sonido no funcionaba y los náufragos tardaban. Y aparecieron ellas, en pleno festejo de la primavera en el Centro Unión de Almaceneros. Mientras tanto, en las calles, en la protesta social, aparecían a un costado como acompañando a estudiantes, a obreros y a profesionales. En un momento de la historia reciente, aún sabiendo que la relación de fuerza nos era adversa, pensamos que lo de David y Goliat se podía repetir. Pero lamentablemente la cosa no fue así.
“Cayó piedra sin llover”, decíamos cuando en alguna reunión aparecía alguien no deseado. Después de la gran pedrada reciente, se transformaron en el enemigo número uno en cada alerta meteorológico. Primero por esta pampas, después también en las principales ciudades. En la radio de vez en cuando pasan ese tema de Serrat, de un amor medio loco, llamado De cartón piedra, luego un dúo con Rasguñas las piedras y después Divididos con El 38 (las piedras).
Para algunos –me dice Pedro, mirando el almanaque de este octubre de conmemoraciones–, la memoria del Che sigue siendo como una piedra en el zapato del sistema. Para otros, el peronismo sigue siendo el gran creador de zapatos para atravesar ese camino lleno de piedras que nos dejaron las minorías. La verdad –me dice Pedro, mientras ve llegar a los amigos que tenían que haber ido a una techada y vienen con la cara larga porque sólo les entregaron la piedra–, el cemento sigue sin aparecer. Y la verdad que a los que implementaron este programa local de ajuste, de neoliberalismo, que en definitiva son los de mayor delito económico, habría que mandarlos a picar piedra.
Mientras le pega un grito a uno de los amigos diciéndole «y bueno, si no aparece el cemento mañana hagan la de cartón piedra», Pedro me mira, y cuestiona: “Dicen que no hay actividad, pero no se consigue portlan por ningún lado. Para mí que es por los caras de cemento, que especulan, que se niegan a admitir que –a pesar de todo y de los pronósticos de piedras– esto está funcionando”.
Fuente: El Eslabón.


adhemarprincipiano
12/10/2015 en 16:14
Se tendria que profundizar el pensamiento politico,para llegar a la lucha de clase y desde el lugar indicado no confundir quien fue un sometido [sistema] y quien fue un revolucionario [sistema[, es hora de la autocritica.