Yo no sé, no. La tarde del sábado cedía lentamente, el bailongo comenzaría como a las 11, en la casa de uno de barrio Acindar. Sobre la hora, medio que se nubló con amenaza de lluvia. A poco de comenzar el asalto –porque así se llamaban los encuentros bailables– que además era el primero después de haber terminado la escuela, Pedro vio lo que nunca quiso ver: a la piba que unos años atrás estaba a punto de caramelo y parecía tirarle cierta onda en la mirada, la encontró –lo más cómoda y en la segunda lenta– con uno de otro barrio. A Pedro le pareció que todo estaba perdido.
Un día antes, en el partido contra los del Mercado, después de haber estado ganando, sobre la hora estos le empataron. También ahí, a Pedro le pareció que todo estaba perdido.
Un año después, en cancha de River, cuando Central perdía la final contra Boca, a Pedro y a gran parte de la ciudad les parecía que todo estaba perdido.
Cuando cayeron los primeros amigos, los primeros compañeros conocidos, también pareció que todo estaba perdido. En los 90, cuando Menem ya se había convertido en el Urquiza del peronismo y los yuppies abandonaban las camisas de marca por las Chemea, como parte de su indumentaria de laburo, en lo económico también parecía que todo estaba perdido. Y para colmo, en lo político, el riojano ya se había mandado los indultos.
Cuando Cavallo vuelve con la Alianza, otra vez parecía que todo estaba perdido. Y cuando después de la 125, Cobos se transformó en un Judas, nuevamente parecía que todo estaba perdido.
Cuando la corte suprema aparece como un órgano al servicio del poder económico, también parecía que todo estaba perdido. Y cuando Macri, a pocos metros de la Vía Honda, en una urna saca casi 70 votos y Scioli sólo 90, de nuevo parece que todo estaba perdido.
“Pero sólo parece –me dice Pedro–, ¿sabés por qué? porque después de aquel primer baile la piba del otro séptimo terminó siendo mi novia. Porque el partido desempate contra los del Mercado lo ganamos, a los penales pero lo ganamos. Porque después de aquella derrota contra Boca, Central al otro año salía por primera vez campeón. Y porque con cada pibe que se recupera, o cada torturador que va en cana, la memoria y la voluntad de los compañeros parece estar más presente que nunca. Porque las textiles y las pequeñas empresas se están recuperando con mano de obra argentina y porque después de aquella medida terrible del indulto, apareció Hijos. Porque después de los seguidores de Cavallo apareció un presidente manejando la economía, apareció Néstor. Y porque a Cobos lo reemplazaron miles y miles de compañeros leales. Y sabés qué –me dice Pedro ya entusiasmado, con un entusiasmo que contagia– a esa bandada de votos macristas la espero el 22 de noviembre”.
A esa altura, yo tambien estoy entusiasmado y ojalá que el entusiasmo sea masivo.
Fuente: El Eslabón.

