Cristian Aldana alguna vez se definió como militante de la música, es uno de los más activos representantes de la autogestión y fomenta la independencia de su música y su obra (los derechos de autor). Es uno de los integrantes de la UMI (Unión de Músicos Independientes), y un luchador por el ansiado Instituto Nacional de la Música.
Con su banda, hoy integrada por su hermana, María Fernanda Aldana, en bajo; Ezequiel Araujo, en sintetizadores, guitarra y bajo; Gabriel Guerrisi en guitarra; y Ricky Rua en batería, grabaron más de una decena de discos y, con sus rasgos estéticos y su filosofía, se erigieron como un grupo que resiste la “música comercial” y le pone cuerpo a problemáticas concretas del oficio.
“No pierdan la fe. Si un ‘Che’ nuevo no aparece a mostrarnos el camino, arma la rebelión para que las cosas sí sucedan y destraben la justicia ¡al fin, al fin, al fin!”, cantaba Aldana con espíritu adolescente en Calles, tema incluido en Colmena, de 2002, como parte de su discografía donde abunda el pulso de rock salvaje, el punk y el grunge; y con una poética cruda y sensible.
—El Otro Yo viene de una gira por lugares recónditos del planeta como Japón, ¿cómo fue moverse mostrando su arte, algo que elaboran tan internamente, en contextos tan diferentes?
—Fue increíble. Cuando cumplimos 25 años nos pusimos a pensar cosas que todavía no habíamos logrado, y una de esas era girar por el mundo. No habíamos llegado a Europa, habíamos estado en México y Estados Unidos, en muchos países de Latinoamérica, y nos pusimos como meta armar una gira mundial que nos llevara a lugares que nunca habíamos visitado. El año pasado estuvimos en Paraguay, después fuimos a Chile y a Uruguay. Y este año empezamos a ampliar la gira por España, el País Vasco, y terminamos cerrando fechas en Francia, Inglaterra y Japón. Toda la idea de la gira nos superó en perspectiva y en sueños, lo de Japón fue una locura.
—¿Cómo fue esa experiencia?
—Y, es básicamente como llegar a otro planeta, porque tienen otra mirada y una concepción diferente de la sociedad; de la forma de relacionarse y de la vida en general.Y encima, durante el viaje también pudimos cerrar la gira en el boliche The Cavern (mítico escenario de Los Beatles). Fuimos la primera banda argentina en tocar nuestros temas en ese lugar, tocaron muchos como los Artic monkys, a todas las bandas le llama la atención tocar en el boliche mas famoso del mundo.
—¿Se plantaron para tocar sus propios temas?
—Nosotros veníamos armando la gira y ya teníamos cerrado en Londres un show en Garage Highbury. Yo tenía unos amigos dando vueltas en Londres y uno de ellos, que fue asistente nuestro, tenía un contacto con el dueño de The Cavern, de apellido Robinson. Entonces me contacté por e-mail, y me dijo que le parecía fantástico que toquemos allí y que nos daba media hora para hacer el show que quisiéramos. Todavía no lo puedo creer, fue una fantasía muy grande, de Temperley a Liverpool.
—¿Se abrieron caminos?
—Sí, y se abrieron de verdad, estamos cumpliendo nuestro sueño. Es parte de la enseñanza de que hay que cumplir las cosas que uno sueña. Nosotros tuvimos la suerte y estamos agradecidos de andar un camino desde lo independiente, desde la autogestión que venimos pregonando desde que arrancamos. Y eso nos marcó, y cada vez que hacemos una nota hablamos de eso, de la autogestión, de lo importante de la libertad, de la posibilidad de ser dueños de nuestros discos y de nuestras canciones como autores. Que la gente que nos sigue pueda, con el valor de la entrada, elegir un disco de El Otro Yo en el puestito del merchandising.
—Seguirán presentando en Rosario su último disco, Platón en la 5ta dimensión.
—Sí, es un trabajo que producimos con Gabriel Guerrisi, que también es guitarrista de los brujos, de una manera muy espontánea. Ya vinimos a Rosario este año, a festejar 15 años de Abrecaminos, y ahora este show en Atlas es de cierre de año. Yo lo vivo como si fuera mi casa, porque mi mujer y mi hija son de Rosario, entonces será como el festejo que hacemos en Temperley. Conocí a mi mujer en Rosario, y mi hija es rosarina, tengo mucho amor por la ciudad. Uno se identifica por esas cosas, como tener hijos, son cosas que te marcan. Que mi hija y que mi mujer sean rosarinas es un orgullo para mí. En Rosario están las chicas mas hermosas del país, fuí al mejor lugar a buscar a mi mujer.
—Desde sus comienzos, a finales de los 80, la banda se resistió al circuito más comercial. A partir del kirchnerismo, hubo más bien un etapa de activación de lo colectivo y una pelea por conquistar derechos fundamentales para los músicos. Y de lo que se viene, ¿qué expectativas tenés?
—Nosotros estamos acostumbrados a esto que se viene, ya lo vivimos en los noventa. Con la música enfrentamos al neoliberalismo que va a llegar y está llegando, y cada vez se nota más, para la gente que vive en un barrio, para la gente de clase media baja y eso es lo primero que sucede. Los músicos, los artistas, intuitivamente sienten esa opresión, hoy creo que está más claro que en los noventa, pero hay conciencia política, se viene una etapa muy rica de talento y de músicos haciendo música, y acompañando a la gente en su lucha, en su resistencia, acompañados por la música, que siempre está ahí.
—¿Qué lograron los músicos en estos últimos años?
—Lo más importante que pasó durante estos años es que los músicos se organizaron. Nosotros lo hicimos en Buenos Aires con la UMI, una asociación sin fines de lucro con personería jurídica, y eso mismo se replicó en todas las provincias, en Rosario y Santa fe también, son compañeros y nos juntamos en la federación donde participan músicos de todo el país que tienen personería jurídica. Es la única forma de solucionar problemas que de forma individual no se puede. Dentro de la lucha hubo logros, como el Instituto Nacional de la música que hoy preside Diego Boris, que es uno de los fundadores de la UMI, que nació para fomentar la música en toda la Argentina. Ahora está haciendo una llamada a todos los músicos a través de su sitio web (www.inamu.gob.ar). Los músicos que leen esta nota se pueden anotar para recibir los subsidios que el Instituto va a brindar. Otro logro es el artículo 65 de la Ley de Medios, que dispone que las radios difundan un 30 por ciento de música argentina, y un 15 de ese porcentaje de música independiente, algo inédito en el mundo. No es fácil el cumplimiento, pero muchas radios lo hacen y pasan la planilla. Veremos que sucede con el Afsca, si seguirá de la misma manera, o cómo se organiza. Nosotros seguimos luchando por esto, porque somos los músicos independientes más interesados.
—Para las nuevas generaciones, ¿cómo explicarías la coherencia y la permanencia de una banda independiente durante tanto años?
—Primero, para hacer algo serio en la música, que sea un trabajo de verdad, hay que dejar todo, por lo menos en lo independiente. Tenes que dejar toda tu energía en la banda, le tenés que dedicar todo el tiempo del mundo, poner tu mente en eso, permanentemente, para que las cosas sucedan. Y bueno, naturalmente se necesita equilibrio entre la pasión y el amor que uno tiene con la descarga que uno hace arriba al escenario. Conozco muchos músicos que tocan y hacen otras cosas, otros trabajos para vivir, pero la música nunca la abandonan, y bueno, por eso, los ves con otra cara, no son gente que la está pasando mal, tienen la posibilidad de descargarla con la música, es como otra forma de pasar la vida.
—¿Piensan en eso de dejar una huella en la música independiente?
—La verdad es que no pensamos en eso, nosotros lo que queremos es que los músicos que vienen detrás nuestro tengan otra realidad. Antes no había nada, no existía ni la UMI, ni el Instituto de la Música, ni la Ley de Medios, que permitieran que los músicos independientes suenen en la radio. Si los nuevos músicos tienen otros posibilidades con la música, eso nos alegra. Para nosotros tocar música es una función social, para los chicos que no se identifican con los boliches de moda, para los que quieren hacer pogo es como una misión social. Nosotros esa etapa la vivimos cuando íbamos a ver bandas como Todos tus muertos, Don Cornelio y la Zona, Sumo, Los violadores, todas esas bandas con las que descargábamos ese malestar, esa rabia, todo eso negativo que sentíamos en la adolescencia, esas bandas eran nuestros refugio. Y hoy nos toca ser el refugio de todos esos chicos que también sienten lo mismo que nosotros.
Fuente: El Eslabón

