La brusca suba de precios en las últimas semanas provocada por la expectativa de devaluación representó una transferencia de recursos de los trabajadores a los empresarios que activó la pelea salarial, con pedidos de gratificaciones de fin de año o cifras puente hacia las paritarias 2016, que se presumen calientes.
Si el comienzo del gobierno de la alianza Cambiemos se parangonara con el arranque de un partido de fútbol, se podría decir, en clave futbolera, que los trabajadores pierden 1 a 0 desde el vestuario. La sacudida al bolsillo pos balotaje que sufrieron asalariados y jubilados tras la abusiva suba de precios en productos de consumo masivo, provocada por las expectativas de devaluación que agitaron los economistas del PRO, indujo un traspaso de ingresos de los trabajadores a grupos empresarios concentrados y grandes cadenas de supermercados, lo que se tradujo en las puertas de la nueva etapa política y social del país en un recorte del poder de compra de los salarios. Por eso, desde el sindicalismo empezaron a reclamar con más fuerza una gratificación de fin de año o una cifra puente hasta las paritarias 2016, que ya se presumen calientes.
Pasada la polémica que envolvió la ceremonia de traspaso de mando, el presidente Mauricio Macri deberá encarar, ahora sí con todos los atributos, los temas verdaderamente importantes de su gestión, recubierta de antemano por hectolitros de baba mediática que ayuda a desviar la atención sobre cuestiones de fondo. Mejor hablar de “transición conflictiva” y no de qué va a pasar con el dólar, las tarifas, los precios, los salarios, el empleo o el viaje del ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay a Estados Unidos para terminar de diseñar el programa económico con la venia del FMI, que volvió a designar “veedor” para la Argentina.
Algunas medidas adelantadas por el frente político capitaneado por el PRO durante la campaña y después de ganar la segunda vuelta permiten intuir el nuevo rumbo que tomará la economía, aunque por el momento hay más incertidumbre que certezas, vacilaciones que dejaron las marchas y contramarchas que dio el propio staff ministerial de Cambiemos. El principal debate interno parece ser si el plan de ajuste se aplica de un solo saque o de manera gradual. La renuncia de Alejandro Vanoli al Banco Central y la inminente llegada de Federico Arnold Sturzenegger, el terminator de las finanzas, da vía libre a la devaluación en ciernes.
Los anuncios anticipados del gobierno de Macri sobre la posibilidad de una futura megadevaluación –que por primera vez en la historia fue elegida por el voto popular–, quita de subsidios a las tarifas de servicios públicos –que representan un salario indirecto–, quita de retenciones a granos y carne y otras medidas similares generaron aumentos “preventivos” e impactaron de manera nociva en el costo de vida, en los salarios reales, en la población con ingresos fijos, con la consecuencia latente de generar en los próximos meses una caída del consumo popular.
Prat Gay dijo que la devaluación no iba a afectar a nadie porque “todos los precios de la economía están marcados a 16 (dólar blue)”. Sin embargo, tras el triunfo de Macri y ratificada la intención de ir liberando la moneda norteamericana a las reglas del mercado, con una suba estimada del billete verde en más del 50 por ciento –la mayoría de las operaciones comerciales se transan hoy al valor del dólar oficial de 9,60 pesos–, los precios de la economía doméstica empezaron a reacomodarse a la cotización futura del dólar Prat Gay.
El Observatorio de Precios de la Secretaría de Comercio de la Nación detectó en las últimas semanas movimientos especulativos que ligó al cambio de gobierno, los cuales derivaron en una aceleración inflacionaria de cara a las fiestas, con subas de alrededor del 30 por ciento promedio en alimentos, bebidas, lácteos, perfumería, artículos para la construcción y medicamentos. La carne, pum para arriba.
Entre los especuladores que sacaron una buena tajada ganancial en detrimento del salario del trabajador se anotan, según la Secretaría de Comercio, los supermercados del grupo Cencosud (Jumbo, Disco y Vea), Coto, Día, Carrefour, Wal Mart y Chango, entre otros. Más los fabricantes Arcor, Mastellone, Unilever, Bimbo, Fargo, Pepsico, Mondelez, Procter & Gamble, Molinos Río de la Plata, Papelera del Plata y SC Johnson.
Estos incrementos de precios de fin de año ocurren luego de un 2015 de merma inflacionaria, según coinciden el Indec y mediciones privadas, gracias a políticas expansivas y anticíclicas que aplicó el gobierno de CFK en un contexto internacional complejo y desfavorable para el país, sobre todo a partir de la caída de los precios internacionales de materias primas.
Durante el último lustro la inflación se mantuvo en un nivel alto, con efectos negativos sobre todo para los bolsillos de los sectores populares. Incluso muchas veces el tema fue subestimado por el gobierno saliente, que demoró la corrección de las cuestionadas estadísticas oficiales. De todos modos, a excepción de 2014 (devaluación Fábrega del 20 por ciento), la negociación salarial en paritarias –impulsada por el kirchnerismo desde sus inicios y acompañada por una política económica mercadointernista, de impulso a la producción y al empleo– nunca estuvo por debajo de la pauta inflacionaria.
La pulseada que viene
Los aumentos de precios de noviembre y lo que va de diciembre apuraron reclamos por un bono salarial de fin de año o cifras puente rumbo a las paritarias del año próximo. Los sectores sindicales más lejanos a Macri, como los nucleados en la CTA, plantearon las demandas con claridad, no así los que aparecen como aliados, tal el caso de la CGT Azopardo que comanda Hugo Moyano.
Igual, el presidente de Independiente no se bajó del camión y dijo que el piso salarial en la próxima paritaria debería rondar el 28 por ciento, además de presagiar que se vienen “tiempos difíciles” pero dándole una cuota de confianza al gobierno de Cambiemos. Algunos gremialistas, mientras se discute la posible reunificación de la CGT, esperan decisiones del nuevo gobierno, principalmente en el área económica, antes de sentar posición.
“Los aumentos de precios son absolutamente desmedidos, injustificados y son un abuso contra los asalariados”, consideró Hugo Yasky, secretario general de la CTA afín al kirchnerismo. Por ello, adelantó: “Vamos a reclamar al ministro de Trabajo (Jorge Triaca) una convocatoria porque tiene que pensarse en la manera de compensar la pérdida de poder adquisitivo”.
En este contexto, gremios de Rosario y la región salieron a pedir a las empresas privadas y al Estado nacional, provincial y municipal una gratificación salarial, que va de los 2.500 hasta los 16 mil pesos en el caso de los obreros aceiteros que se desempeñan en empresas agroexportadoras. En cuanto a los trabajadores bancarios, directamente pidieron reapertura de paritarias antes de que expire diciembre.
Con relación a la futura mesa de negociación salarial, gremios locales adelantaron su intención de discutir subas de bolsillo que ronden el 30 por ciento –este año el promedio fue 28 por ciento– o una cifra que alcance para recomponer haberes. Avisaron que irán siguiendo la evolución de los precios, que no sólo fueron re-retocados por sectores ligados a la exportación sino por grupos económicos con posición dominante en el mercado interno. Porque si aumenta la carne, también sube el alquiler y todo el resto en efecto cadena.
Un tema que cayó mal entre los sindicalistas fue la idea que echó a rodar Triaca de discutir paritarias por productividad y no por rentabilidad empresarial. El ministro de Trabajo de Macri primero dijo que las paritarias tenían que ser libres, después planteó lo de productividad y después pidió “comprensión” a los gremios. En tanto, la cuestión vinculada al impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría despertó expectativa gremial, aunque titubeos y contradicciones en torno al tema abrieron interrogantes y revelaron cierta improvisación. Si bien en campaña Macri prometió la eliminación lisa y llana de Ganancias sobre los salarios, ahora cambió de parecer y anunció el envío de una nueva ley que eleve el mínimo no imponible y disponga una modificación de toda la escala de tributación, con vigencia a partir del 1° de enero.
Después de presiones gremiales, Macri volvió sobre sus pasos y anunció que los sueldos de hasta 30 mil pesos estarán exentos de tributar el impuesto a las Ganancias en el medio aguinaldo. Primero había dicho que sí, después se arrepintió y dejó pedaleando al ministro Triaca, y finalmente tuvo una rápida reacción ante el creciente malestar de los sindicatos y anunció por Facebook que todos los trabajadores en relación de dependencia cuyos salarios brutos mensuales no superen los 30 mil pesos quedarán exentos de tributar Ganancias en el medio aguinaldo que percibirán antes de fin de mes. La eximición de Ganancias en el aguinaldo fue aplicada en los últimos cuatro años por el gobierno de Cristina Fernández, incluso en 2014 exceptuó del impuesto a las Ganancias a trabajadores cuya remuneración bruta mensual no superaba los 35 mil pesos.
El gobierno de Macri trata de calmar las aguas en los albores de su gestión con una convocatoria para mediados de enero a empresarios y trabajadores a fin de consensuar un pacto social. El denominado Grupo de los Seis, integrado por cámaras de entidades financieras, la industria, el comercio, la construcción y el agro, celebraron la llegada del ex presidente de Boca a la Casa Rosada, como cabeza de un partido “pro mercado, pro negocios”, tal como el propio ex jefe de Gobierno porteño presentó su proyecto político y económico en 2006 ante la embajada de Estados Unidos.
La paritaria es escenario de puja distributiva entre capital y trabajo, donde los salarios intentan ganarle la carrera a los precios. En los últimos doce años el gobierno kirchnerista generó las condiciones para que haya una distribución de la riqueza progresiva, que elevó la participación de los trabajadores en el PBI. Hay grupos de poder que ahora van por la revancha política, no tanto económica ya que en el ciclo kirchnerista tuvieron ganancias siderales. Esa revancha política es volver a una distribución de la riqueza regresiva y así disciplinar a los trabajadores.
Fuente: El Eslabón.

