
Las cuatro décadas que separan al comienzo de la sangrienta y genocida dictadura cívico-militar del inicio del gobierno elegido democráticamente que encabeza Macri ofrecen la oportunidad de comparar ambos procesos, a partir del evidente parentesco entre muchas medidas políticas y económicas que tomaron ambas administraciones. En este artículo se abordará la notable similitud entre los discursos que dieron sostén a esas medidas en términos comunicacionales.
En ese sentido, dos grandes ítem aparecen como las principales coincidencias: la estrategia comunicacional y la orientación de la política económica. Las diferencias parecen impuestas por el cambio de época: un notorio esfuerzo por adoptar un discurso de progreso e inclusión y el relato en torno de los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad separan al macrismo del feroz enfoque de la jerarquía empresarial y castrense que sitió a la Argentina entre 1976 y 1983.
Corrupción e inflación, ejes del mal
Antes y después del golpe la revista Gente y otros medios de la misma calaña publicaban presuntos resonados casos de corrupción protagonizados por miembros del gobierno o legisladores vinculados a Isabel Martínez de Perón. Las corbatas de Alberto Lastiri fueron un clásico en una época en que se venía gestando un proceso político-económico que intentaría –y por cierto logró en gran proporción– desmontar el dispositivo de derechos laborales, sociales y gremiales heredados y sobrevivientes del primer peronismo.
De hecho, los dos grandes temas, que complementaban al gran tópico de época, que era el despliegue y accionar de la llamada «subversión», fueron la corrupción y la inflación.
Los puntos de contacto de la estrategia político-comunicacional entre el gobierno de Mauricio Macri y la dictadura cívico-militar que se adueñó del poder desde el 24 de marzo de 1976 son varios, pero el discurso de la «herencia recibida» es uno de los más ostensibles y, puesto en práctica en uno y otro período, de los más potentes en términos de penetración en un importante segmento de la llamada opinión pública.
De hecho, en los últimos años, los medios hegemónicos llevaron adelante una ponderable ofensiva para instalar la idea de que los gobiernos kirchneristas fueron un verdadero nido de corrupción, con ramificaciones empresariales «amigas» y una sofisticada articulación con personajes que, curiosamente, comenzaron a confesar su participación en supuestos hechos delictivos, autoinculpándose sugestivamente en programas decididamente opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Para comprobar que eso ya se vivió, la idea que pivoteó los primeros tiempos del gobierno del dictador genocida Jorge Videla fue que en los últimos meses de la administración de Isabel se vivía un clima de «caos, anarquía, inflación y corrupción» al que era necesario poner fin.
El 8 de mayo de 1976, a sólo 44 días del golpe, el diario El País de España publicó un artículo titulado «Isabel Perón, procesada por malversación de fondos». En el mismo, podía leerse: «La ex presidenta argentina, María Estela Martínez de Perón, será procesada, a causa de presuntas irregularidades en la administración de fondos benéficos. También serán procesados el ex ministro de Bienestar Social, José López Rega; el ex presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, y la esposa de este último e hija de López Rega, Norma López Rega de Lastiri».
La nota consignaba que «el magistrado Nino García Moritán, titular del Juzgado Criminal y Correccional número 4 de Buenos Aires, decretó a última hora del jueves el procesamiento de la ex mandataria en relación con presuntas irregularidades cometidas con los fondos de la Cruzada de Solidaridad, una institución benéfica presidida por María Estela de Perón».
La forzada comparación entre las últimas hora s de Isabel y el largamente pregonado fin de ciclo de Cristina puede encontrarse, como huellas digitales en la escena de un asesinato, en la prensa hegemónica. Carlos Gabetta, el periodista socialista que se ufana de ser amigo de Hermes Binner, entre otros dirigentes antikirchneristas, publicó en el diario Perfil, el 13 de octubre de 2013, un artículo de opinión titulado «De Isabel Perón a Boudou», en el que ensayaba las similitudes entre ambos procesos, cuidándose muy bien de promover la idea de que terminarían igual.
«A la muerte de Perón, en julio de 1974, asumió Isabel Martínez, un personaje que en términos de antecedentes y calificaciones políticas fue el Boudou de la época. Lastiri había empezado a limpiar el país de izquierdistas; Isabel prosiguió la tarea y se encargó además de sincerar la economía: en 1975, su ministro Celestino Rodrigo dispuso un ajuste y una devaluación. La inflación llegó a tres dígitos anuales y los precios nominales subieron 183 por ciento al finalizar 1975, con el consiguiente desabastecimiento de alimentos, combustibles y otros insumos».
Gabetta no miente, sólo exagera consciente y descaradamente cuando pone a Amado Boudou en el mismo rol de cualquiera de los nombrados en ese párrafo. y arremete con otro: «El recordatorio sólo vale para subrayar la inescrupulosidad peronista, porque hoy (¡¡¡por 2013!!!) las cosas son a la vez iguales y muy distintas. Iguales en el desparpajo institucional. Iguales porque, entonces, la crisis del petróleo sacudía al mundo; ahora es la financiera y el desempleo. Iguales porque la factura energética, la corrupción y el desbocado manejo agravaban el déficit fiscal; la incontrolable inflación-emisión y un tipo de cambio artificialmente bajo carcomían las reservas internacionales, entre otros graves problemas».
No muy diferente en sus objetivos es el armado de la estrategia oficial de Cambiemos respecto de un presunto esquema de corrupción, descalabro económico, inflación y manejo de los recursos del Estado para provecho partidario propio por parte del kirchnerismo, lo cual incluye un supuesto dispositivo de nombramiento masivo de militantes en áreas clave del aparato estatal, con la finalidad de financiar las actividades políticas de esos cuadros, allende la salida del poder.
Tampoco es novedosa la elección de ciertos personajes que el macrismo demoniza en estos días con notable intensidad. El lunes 26 de agosto de 2013, el diario La Nación publicó declaraciones de la diputada nacional Elisa Carrió que podrían estar en cualquier edición de la última semana, incluso con referencias al gobierno depuesto por la junta de Videla, Eduardo Massera y Orlando Agosti.
«Cristina Kirchner es Isabel Perón», fue el título de un artículo que derrochaba designios proféticos. «Ella es Isabel Perón. Es una persona abandonada por el PJ, por el sindicalismo», opinó Lilita, que tenía mucho más por decir: «Cristóbal López nunca me va a perdonar que yo le evitara la compra de Petrobras. Tampoco C5N me va a perdonar. C5N es de Cristóbal López y es el que larga estas cosas, él es parte de todo esto».
Las estrechas pero no muy divulgadas relaciones de Carrió con la embajada yanqui afloraron en aquellas declaraciones, con las que hoy puede comprobarse que estaba sembrando los que el gobierno de su aliado Macri está cosechando. «Deben estar preocupados (por Cristina y su gobierno). Que se sepa la verdad molesta. Se está investigando en Suiza, se está investigando en Estados Unidos. Están rodeados».
La persecución político-judicial de que es objeto la ex mandataria, bajo el halo de una supuesta corrupción generalizada durante sus gestiones y la de Néstor Kirchner supone un punto de confluencia con el discurso de la última experiencia cívico-militar, aunque no el único.
La inflación, como parte de la cantinela de la herencia recibida, es usada para justificar, como en 1976, un ajuste violento de las variables económicas en desmedro de los sectores más vulnerables. La transferencia de recursos desde esos segmentos a los más enriquecidos y concentrados de la economía son idénticos aunque difieren en la intensidad: pese a la brutal devaluación macrista, algunos detalles del ajuste podrían considerarse graduales en comparación con las primeras políticas de José Martínez de Hoz, pero el sentido de las medidas es el mismo.
La liberalización del mercado externo, la supresión de retenciones a las exportaciones agropecuarias, la desarticulación de los organismos de control para favorecer a los oligopolios formadores de precios y las operaciones financieras de la mano de una feroz reforma que aplicó el equipo de Martínez de Hoz son muy parecidas a las que viene instrumentando Alfonso de Prat Gay.
Por último, cabe destacar que todo el andamiaje programático de ambas administraciones fue sostenido por un sistema judicial que trabaja en tándem con las corporaciones económicas. Hoy debería decirse que aquella sanguinaria dictadura aportó a esta era un nuevo monstruo corporativo: el de los grupos mediáticos, que finalmente son los que cierran la ecuación más infame con que el poder se mueve en la actualidad.
La herencia más pesada para el pueblo argentino, cabe reflexionar, ha sido la que la dictadura del 76 legó, con el aniquilamiento de toda una generación, el armado de un dispositivo judicial sumiso y criminalmente proclive a satisfacer a sus patrones, los poderes establecidos, y el mencionado aporte fundacional de una casta empresarial a la que se le permitió convertir a los medios en el ariete contra cualquier experiencia política contrahegemónica.
Fuente: El Eslabón

Zulema Lujan
28/03/2016 en 12:57
Es asi como se describe, nada se comenta y se dice de los negociados que se mando Macri en la ciudad y que continua Larreta y que nunca dijeron nada sobre un traspaso de gestion con un balance, que seria lo correcto.
va a vender la nación con el pretexto de la herencia recibida pero nada dice de los negociados con Caputo su socio empresarial.
adhemar principiano
01/04/2016 en 15:53
Ya es demasiado tarde, muy tarde, las garras del capital financiero ya las enterro en America. Los hijos de tus hijos, ya estan condenados al sometimiento. Hoy queda el arma de la cultura del conocimiento politico, en las nuevas generaciones, eliminando las clases politicas, que padecemos. Volvera Tosco_