
“Cite y vuelve”, exclama la pared. La consigna, que no hace falta explicar, ubica el «retorno» de la ex presidenta en el tramo actual de una línea de tiempo que Cristina eligió para enmarcar el momento histórico que atraviesa el país, su espacio político y ella misma. Primero la patria, después el movimiento y por último los hombres (y/o las mujeres, según otro de los cambios que incorporó el kirchnerismo, en este caso, al lenguaje del campo nacional y popular).
Las referencias históricas que enlazó la ex mandataria –una fiel exponente jauretcheana– pegaron fuerte: Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo y Eva Perón fueron, hasta la llegada de Néstor y Cristina Kirchner, los principales líderes que tuvo el denominado movimiento nacional –entendido éste como el espacio político que expresa la alianza de sectores que coinciden en la demanda de políticas autónomas respecto de las grandes potencias internacionales: los empresarios ligados al mercado interno y los trabajadores y sectores populares incorporados al consumo–.
El Peludo, Pocho y Evita son íconos que signaron a tal punto la historia nacional, y sobre todo el corazón de las masas populares, que su sola invocación aún hoy conmueve las estructuras políticas que supieron construir, y especialmente la dudosa moral de los burócratas de su establishment partidario, una suerte de gendarmería de los símbolos –pero vaciados de contenido–. A tal punto que sus exponentes pueden ser el Momo Benegas, quien mientras se abraza a un busto del general, a Mauricio Macri y al presidente de la Sociedad Rural, esconde los esclavos de los patrones de estancia que debería defender con su sindicato. O la hija de Arturo Ilia, al parecer lo único que pudieron encontrar para mostrar indignación boina blanca de “pura cepa”, porque Cristina osó recordar que igual que Perón, Eva y ella misma, el padre del radicalismo fue perseguido –bajo el estigma blandido por el poder económico y mediático de la época– “por la corrupción”.
Pero la operación “simbólica” montada por el sistema de medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos y el macrismo, sobre los líderes populares reivindicados por Cristina; o a la opereta política de baja estofa de pretender ningunear la enorme movilización frente a los tribunales federales porteños –que llevó a Clarín al ridículo de decir que apenas hubo 12 mil personas–, fueron sólo tristes estratagemas para eludir los contundentes ejes de discusión que plantó la ex presidenta para conmover el chato debate político que quieren instalar desde los estudios de TN, de la mano de la oposición timorata –elegida por Héctor Magnetto y Jaime Durán Barba– de Sergio Massa o Juan Manuel Urtubey.
“¿Cómo estaban antes del 10 de diciembre y cómo están ahora?”, fue la pregunta incómoda que lanzó Cristina ante más de cien mil almas que la bancaron bajo un temporal en Comodoro Py, tras fustigar las políticas de ajuste y entrega de Cambiemos, con las que se pretende desandar, como ocurrió en 1930 y en 1955, las políticas sociales e independentistas desarrolladas durante los últimos 12 años, el real objetivo detrás de la cortina de la presunta corrupción.
Pero a pesar de los esfuerzos de La Nación, Clarín, Jorge Lanata o Luis Majul, por esquivar el convite de la ex mandataria e invisibilizar los ejes discusión que propuso, cada vez más jubilados que quedan afuera del sistema, trabajadores despedidos, empresarios sin mercado interno, estudiantes y desocupados sin Estado, se enfrentan a ese interrogante.
Fuente: El Eslabón
