
En una muestra más del giro neoliberal, Macri argumentó que el regreso al mundo financiero para pagarles a los fondos buitre le dará impulso a la desanimada economía local. Sin embargo, el endeudamiento jugó siempre en contra del crecimiento de la Argentina.
¿Qué festeja el gobierno de Mauricio Macri? ¿La salida del Griefault? ¿El pago usurero a los buitres? ¿Que Argentina vuelve al mundo para… endeudarse hasta la coronilla? ¿El regreso a los mercados de crédito internacionales? ¿El festín que se hicieron los bancos colocadores de los títulos de deuda? ¿La “nueva” economía que está naciendo de este “parto doloroso”? El equipo económico de Cambiemos celebró la “lluvia de ofertas” de inversores por los nuevos bonos. La alianza PRO-UCR cree que los serios problemas de la economía doméstica se resolverán tomando deuda en el extranjero. El gobierno prioriza una política financiera hacia afuera en un contexto de crisis global en lugar de tratar de fortalecer la economía argenta. El ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay dijo que el endeudamiento es para evitar el ajuste interno. Menos mal.
El país tomó deuda por 16.500 millones de dólares a una tasa anual del 7,14 por ciento, una de las más altas de la región. La mayor parte de ese flujo de dinero de color verde fue a parar a las cuentas de los fondos buitre liderados por el multimillonario estadounidense Paul Singer, casi 10 mil millones. Se trata de fondos especuladores que no ingresaron a los canjes de deuda de 2005 y 2010. El resto del préstamo irá a financiar gastos corrientes. Son cuatro bonos con plazos de vencimiento de 3, 5, 10 y 30 años. El gobierno y sus voceros no lo dicen, pero Argentina tuvo la posibilidad de emitir “con éxito” esos bonos gracias a la política de desendeudamiento del kirchnerismo. Empresas y provincias, en tanto, esperan su turno para salir a tomar deuda.
La megaemisión de bonos realizada por el gobierno de Macri y de su equipo económico para intentar cerrar el litigio con los fondos buitre en Nueva York provocará que la deuda pública neta trepe del 17 a más del 23 por ciento del PBI. La operación significará una suba de casi el 42 por ciento en los pasivos en dólares con acreedores privados y organismos multilaterales de crédito.
Son siete los bancos que hicieron negocio con la emisión de deuda argentina para pagar a los fondos buitre: Deutsche Bank, HSBC, JP Morgan, Santander, BBVA, Citigroup y UBS. Este holding financiero cobró casi 30 millones de dólares por sus servicios. Antes de llegar a la función pública, el ministro Prat Gay y el secretario de Finanzas Luis Caputo trabajaron para el JP Morgan y el Deutsche Bank, respectivamente. Que nadie vaya a pensar que les sirvieron el negocio en bandeja a sus antiguos empleadores. El periodista Alejandro Bercovich señaló que además los bancos se quedaron con comisiones ocultas que surgieron de la cotización de los bonos al salir al mercado y la cotización 24 horas después. La propina para los bancos fue de 350 millones de dólares, doce veces más que los 30 millones que se repartieron en comisiones por tramitar la colocación de los bonos.
Si bien la generosa oferta argentina superó las expectativas de los buitres, no todos los “holdouts” la aceptaron, con lo cual queda abierta la puerta a nuevos reclamos. Y además, está latente la posibilidad de que entre el 93 por ciento de los acreedores que aceptó los canjes de deuda de 2005 y 2010 tras el default de 2001 –que no venían cobrando por trabas del juez Griesa– también quieran hacer juicio en busca de igualdad de tratamiento y condiciones de pago. Prat Gay lo niega y afirma que no hay riesgo de litigios.
En los últimos días los medios de comunicación amarillos y los diarios económicos hablaron y alabaron a “los mercados”. Títulos rimbombantes con la revolución de la alegría de los mercados. ¿Dónde están los mercados? ¿Quiénes son los mercados? Una humorada en medio de esta tragedia financiera, que podría desembocar en una crisis a lo Grecia si Argentina entra en litigios interminables, se puede afirmar que el mercado más conocido es el que juega en River y en la Selección: Gabriel Mercado. Va en serio: el país reingresa al mercado de crédito mundial. Un puñado de bancos, inversores, ciclistas de la bicicleta financiera se pusieron verdes de contentos. Pero más allá de la fiesta en la city todo puede resultar un gol en contra para el país.
No es una profecía, está escrito en la historia reciente. Blindaje hoy es mala palabra. El actual presidente del Banco Central Federico Sturzenegger está procesado por el denominado “megacanje” de bonos en el tramo final de la convertibilidad. Dos grandes estafas. El ex presidente Fernando de la Rúa anunció en diciembre de 2000 que Argentina regresaba triunfante al mercado mundial de capitales. El FMI y otros organismos nos prestaron casi 40 mil millones de dólares. ¿El resultado? El país colapsó y se sumergió en una crisis terminal. Fue otro triste capítulo del sobreendeudamiento que había iniciado la dictadura de Videla y compañía.
El plan MM mostró un brusco giro de retorno a las políticas neoliberales. La deuda externa siempre fue un fuerte condicionante para el crecimiento y el desarrollo del país. El nuevo préstamo a la Argentina, se sabe, trae consigo exigencias de ajuste fiscal y monetario, y flexibilización laboral. En los últimos días el FMI confirmó que volverá con las revisiones periódicas de la economía local. ¿Podrá el gobierno de Mauricio Macri con el endeudamiento revivir la economía como vaticina? Porque según una encuesta, para casi el 70 por ciento de los argentinos la situación económica actual es negativa. Con la entrada de dólares, ¿podrá bajar la inflación, frenar el desempleo y el avance de la pobreza? Estas son las otras deudas de Cambiemos.
Fuente: El Eslabón
