Ya instalada en la ciudad sede de los Juegos –donde tendrá su tercera experiencia olímpica– la representante rosarina de yachting repasa sus comienzos en esta “particular” disciplina con la que buscará conquistar una medalla para el país.
La espera para el inicio de los XXXI Juegos Olímpicos atraviesa la recta final y Cecilia Carranza Saroli, tal como lo hizo en las ediciones de Beijing 2008 y Londres 2012, volverá a dar el presente en la cita máxima del deporte. En esta ocasión, que desde el 5 al 21 de agosto se realizará en Río de Janeiro, la navegante del Yacht Club Rosario competirá junto a su compañero Santiago Lange en la clase nacra 17 de vela, en lo que le significará una experiencia nueva.
Una vela que se enciende
La pasión que hoy siente Cecilia por la práctica de este deporte, poco habitual en nuestras tierras –o en nuestras aguas–, le fue inculcada desde muy pequeña por herencia familiar. “Mis padres son personas que les encanta esto y van a un club náutico cerca del río”, le cuenta a el eslabón la regatista local, que recuerda que “desde chiquitita me llevaron al agua y me mandaron a tomar clases para empezar a navegar, tanto a mí como a mis hermanos, pero a la que le gustó y siguió el tema fui yo, mientras que mis hermanos siguieron otros rumbos”.
Con apenas 29 años y dos JJOO en la espalda, Carranza repasa su recorrido arriba de las distintas embarcaciones y revela la “obsesión” que de adolescente, que finalmente pudo cumplir. “Primero navegué en optimist, que es una categoría para menores de 15 años y luego empecé en laser que es en la que fui a los dos últimos Juegos. A los 16 me di cuenta que me gustaba competir y cuando me fui de viaje de estudios en quinto año, justo se jugaban los JJOO de Atenas 2004”, rememora, y comenta: “Me miré todas las regatas por televisión, y desde ahí siempre pensé en ir a los próximos, era mi objetivo. No sé si lo veía como posible, pero mi mamá me recuerda que yo insistía con que iba a ir en el deporte que sea, navegando o en lo que sea. Por suerte se dio”.
Las olas y el viento
El yachting, en sus diferentes categorías, es quizá uno de los tantos deportes sobre los que existe, por lo menos en nuestro país, un gran desconocimiento del reglamento y sus características. Cecilia hace de especialista y enumera sus principales características: “Es un deporte muy particular, de los más difíciles porque tiene muchísimas variables, ya sea externas naturales (como el viento, con sus diferentes tipos; el agua, que sería la corriente, las olas; además de los diferentes lugares donde se navega, que puede ser una laguna, un río o un mar; y luego tenés la embarcación en sí que es como un auto, es decir, que es diferente uno a otro; y, por último, tu condición física”.
Río tendrá 28 deportes olímpicos de los que se desprenden más de 300 competiciones. Y una de esas es Nacra 17, que al igual que las distintas clases de las regatas de vela, se realizará en la Marina de la Gloria, ubicada en la bahía de Guanabara. “En cada categoría del yachting tenés que tener diferentes condiciones físicas para competir. Acá, las distintas categorías son como las diferentes disciplinas del atletismo –como salto en largo, salto en alto, lanzamiento de jabalina–, nosotros tenemos diferentes tipos de embarcaciones que son las diferentes categorías”, explica.
“Uno se va formando en las categorías en la que mejor tenés predispuesto tu cuerpo para navegar en ese tipo de embarcación”, aclara la rosarina, y ejemplifica: “Antes navegaba en una embarcación sola en la categoría laser, y ahora navego en un catamarán en la categoría nacra 17, con mi compañero Santiago Lange”.
Todos a los botes

Aunque esta será su tercera experiencia olímpica, Cecilia asegura que será “totalmente diferente a las anteriores”, ya que “cambié de categoría y con eso cambiaron muchas cosas”, y enumera: “No sólo varía la especificidad del barco en sí, sino que además la persona con la que navego (por Lange) es uno de los mejores del mundo y el mejor de nuestro país. Eso me enriquece mucho de experiencia, de conocimiento, me hace recorrer el camino de forma diferente. Por eso me siento muy afortunada y disfrutando mucho, que es lo que más importa”. Es que su compañero de equipo tiene en sus vitrinas cuatro títulos mundiales y dos bronces olímpicos, entre otros logros. Es por eso que con estos antecedentes, la rosarina es más que optimista en cuanto a la proyección de la dupla en Río: “Nuestro objetivo es traer una medalla”.
“Estamos haciendo todo lo posible y lo imposible también –remarca–. Nos estamos preparando lo mejor que podemos, aunque estamos trabajando un poco a contrarreloj porque Santiago tuvo problemas de salud el año pasado que nos dejaron afuera de la temporada. Ahora estamos apretando el acelerador y por eso nos vinimos tanto tiempo antes acá”. Al ser consultada sobre las chances concretas de cumplir con ese anhelo de colgarse del pecho una presea olímpica, admite: “Posible es, pero este deporte es tan particular que no se puede predecir tanto. Vos mirás los cien metros llanos y sabés que si no lográs tal tiempo es imposible ganar una medalla, y ya todos saben los tiempos de cada uno. Esto, en cambio, depende mucho de las condiciones de viento que haya esa semana, de la corriente, y obviamente de la performance de cada uno”.
Por último, respecto de lo vivido en las ediciones anteriores de los Juegos en los que participó, la representante del Yacht Club local, señala que “lo que me llamó la atención en los primeros (Beijing 2008) fue que los momentos pasan muy rápidos en la vida, y que si uno está pensando sólo en ese momento para el que te preparaste, te perdés todo lo previo. Cuando me di cuenta que lo más importante es el camino que uno recorre para llegar al objetivo, y no el objetivo en sí, eso me hizo un clic. En los segundos (Londres 2012), me llevé algo muy interesante que es haberme dado cuenta lo lindo que es la cantidad de gente que está organizando una fiesta al final para nosotros, desde voluntarios hasta invitados que vienen a participar de las ceremonias de apertura y cierre; cómo se involucra la ciudad que lo organiza y las personas que viven en ella también para que todo sea una fiesta para los deportistas. Eso es algo muy lindo para destacar, porque quizá no todos se dan cuenta”.
Decime qué se siente
Para llegar de la mejor manera posible al inicio de la cita ecuménica, Cecilia y su compañero de aventuras se instalaron en tierras brasileñas. “Hace 6 meses aproximadamente que nos vinimos a vivir acá, a Río de Janeiro”, dice del otro lado de la línea, y argumenta: “Es importante, por el deporte que practicamos, conocer bien el lugar, navegar mucho en las aguas en las que se desarrollará la competencia. Esto fue idea de mi compañero, Santiago, que ya lo ha hecho en los Juegos en los que compitió. Él cree que es importante y una ventaja muy grande, que es el camino correcto. Aunque es duro, por estar lejos de la familia, estamos convencidos de lo que estamos haciendo y contentos de estar acá, eso es fundamental para el camino que estamos transitando”.
En realidad, esto de andar rodando por el planeta Tierra no es nada del otro mundo para Cecilia, aunque prefiera las aguas. “Vivo teóricamente en Rosario, aunque mi vida pasa más en una valija desde hace ya un buen tiempo”, confiesa entre risas, y agrega: “Siempre voy viajando y viviendo por donde nos toca competir. Francia, España, Estados Unidos, ahora en Río. Estos últimos 3 años, como mi compañero es de Buenos Aires, viví allá. Así que estoy poco en Rosario. Pero siempre vuelvo, adoro mi ciudad y cada vez que tengo unos días me voy para allá, como haré después de los Juegos”.
Antes de despedirse, y al ser consultada sobre el deporte que apasiona y divide a los argentinos y argentinas, Cecilia admite: “El fútbol no me gusta, por el fanatismo desmedido que hay, el exitismo. Por eso, muy futbolera no soy, ni miro las noticias, ni los comentarios. Lo único que espero es que nuestro país futbolista no esté criticando lo que pasó el otro día con nuestro querido Messi. ¡Que a este pobre hombre no lo critiquen más!”.
