
Yo no sé, no. A lo mejor era por la cercanía de catecismo. El pibe, según cuenta Pedro, estaba por tomar la comunión. Era muy creyente, tenía fe… o simplemente era cabulero. Lo cierto es que en los momentos difíciles del partido, por ejemplo un penal, siempre decía: «lo pateo yo». Y nunca había convertido un penal. Pero los pibes lo dejaban y entre ellos decían: «si lo hace va a ser un milagro».
Cuando jugaba a las bolitas, también. En lugar de elegir o de tirarle a la más cercana, le apuntaba al opi que estaba más lejos. Y todos decían: «Si la mete va a ser de milagro».
En el Paraná, una vez que se fueron a nadar, luego de una noche de caravana, de pronto se sintió que lo chupaba el agua. «Me lleva el Remanso Valerio», se dijo. Y de repente se puso a hacer la planchita y zafó, como si fuera algo milagroso. «Me salvé de milagro» pensó.
En los bailongos siempre encaraba a la más linda, a las más deseada. Y a lo último, casi siempre, con los perdedores y los amigos, decía: «No terminamos planchando de milagro». En el Monumental, aquella vez, cuando el Negro González tira el centro para la cabeza del Aldo y este convirtiera… Hasta el día de hoy vive repitiendo: «No nos empataron de milagro».
En Ezeiza, cuando con los pibes del barrio fueron a recibir al General, y las balas picaban cerca, también dijo: «Nos salvamos de milagro».
Tiempo después, en unas pintadas políticas, previas al golpe, lo detiene un auto de la policía, cuando ya habían terminado. Y cuando le vieron la carpeta con figurita de jugadores de fútbol, entre ellos del Chango Gramajo, y con la cara de pibito que tenía, aunque ya estaba por cumplir 18, no lo revisaron. Le contaba a los muchachos: «me salvé de milagro».
El otro día Pedro se acordaba de él, cuando ve que insisten que va a haber una lluvia de inversiones, como su fuera un milagro. “Y no hay otra cosa que una lluvia de incertidumbre, de suba de precios y para colmo, estos cosos que nos gobiernan”, plantea.
“Mirá –me dice Pedro–, la siguen teniendo presa a Milagro, y eso que pide todo el mundo que esté en libertad, inclusive el mundo civilizado, pero fundamentalmente los compañeros. Y bueno, habrá que juntarse y empezar a caminar teniendo la fe suficiente como para cambiar la cosas. Y pararlos a estos cosos que nos gobiernan. Y aunque parezca difícil y algunos esperen un milagro, es posible”.
Fuente: El Eslabón
