
Yo no sé, no. A lo mejor era porque ahí jugaban a las bochas o porque ya estaban a punto de edificar, pero nos teníamos que apurar para marcar la cancha. Y eso que se marcaba sólo cuando había un partido importante, o un desafío por plata. Era necesario ponerle cal para saber cuando salía la pelota, y aparte para terminar con esas eternas discusiones. Igualmente había tipos que, aunque uno los sufriera en carne propia, era fantástico ver como cuando los apretabas contra la raya parecía que agrandaban la cancha lo suficiente como para que, sin que vos supieras cómo hacían, metieran el desborde y no se les vaya afuera. Era lindo ver a esos jugadores, pero eso se apreciaba mejor cuando estaba la línea de cal. Era como ver a Bochini, a Bóveda, a Becerra, jugadores que en ese pedacito, de sólo 5 centímetros, se las ingeniaban y te desbordaban.
La cal, por esos tiempos en los que el barrio se hacía a pulmón, estaba en los tachos quemándose. No era, como ahora, que viene en bolsa: venía en terrones, como si fuera carbón blanco, y había que quemarla. Así que por cuadra había uno o dos tachos con cal viva quemándose.
Al tiempo, con la militancia, Pedro vio que la cal era noble porque servía para blanquear las paredes en las que se iban a pintar las consignas de coyuntura, con brocha gorda, y se iba a marcar presencia. Entonces, había que hacerlo con algo relativamente económico y que durara un par de semanas, o hasta que la lavara alguna lluvia.
Después, cuando empezó la tragedia –en el 76–, vimos que la cal tenia su lado oscuro. Venían y te blanqueaban las paredes para pintar las pocas consignas que tenían. Y hasta suplantaron el Congreso con la Comisión de Asesoramiento Legislativo, la “CAL”, justamente.
Yo sé, dice Pedro, que hay una gran diferencia entre lo que fue aquello y lo que pretenden éstos, pero pienso que si uno no se les resiste, capaz que quieran llevarse puesto todo lo constitucional, como si tuvieran una nueva CAL integrada por CEOs. Fijate que el símbolo de la cal en la tabla periódica es CAO, que se parece mucho a CEO, dice Pedro ya medio delirando, y sigue: Hay que resistir, hay que marcar la cancha como cuando eramos pibes, hacer el desborde por los laterales y discutirles todas las pelotas, todas las medidas.
Pero, ojo, nosotros no queremos la cal que tapa. No queremos la cal para ese blanqueo que quieren ellos, el blanqueo de las minorías saqueadoras de siempre, el blanqueo para taparnos definitivamente; nosotros queremos la cal que sirve para las bases. Esa queremos.
