
El equipo de Arroyito ganaba, sin jugar bien, con gol de Caraglio pero el técnico decidió aguantar el resultado en lugar de ir por más y la visita lo dio vuelta en apenas cinco minutos, con tantos de Galmarini y el Ogro Fabbiani, que había ingresado un rato antes.
En un Gigante repleto y bajo una temperatura agobiante (¿cuándo se darán cuenta que a esa hora no se puede jugar al fútbol?) canallas y millonarios brindaron un espectáculo atractivo aunque no demasiado vistoso. Es que la mayoría de las situaciones de gol -y fueron muchas- llegaron por errores del rival y no por méritos propios.
De entrada quedó en evidencia que el local iba a buscar el gol pero con pocas ideas y que River no es el River que salió campeón con Simeone si no que está mucho más cerca del River que terminó último por primera vez en su historia, también dirigido por el Cholo.
Por eso no sorprendió que la apertura del marcador llegase después de un yerro defensivo. River salió mal del fondo, el equi González recibió de Caraglio sobre el séctor izquierdo del ataque canalla, alcanzó a ver el hueco dejado por un dubitativo Ferrari y hacia allí envió el balón para que el 9 a la carrera pateara cruzado y venciera a un Ojeda que demoró más de la cuenta en salir. Gol canalla en Arroyito, en un Gigante a pleno y en un Domingo de sol. Todo para ilusionarse.
Pero Central nació para sufrir. La primera mitad se fue diluyendo con el correr de los minutos y al margen de un par de situaciones claras por parte del canalla (un cabezazo imposible de errar de Braghieri que en lugar de apuntarle al arco le apuntó ¡y le acertó! al césped) parecía que el calor podía más que las piernas y que irse a los vestuarios en el entretiempo era como encontrar un bar en medio del desierto.
Y en la segunda ya nada fue igual. Central se fue metiendo cada vez más cerca de su arco (¿orden del técnico o iniciativa propia de sus dirigidos?) y River, casi sin quererlo, empezó a crecer. Para colmo de males para las sufridas almas canallas, Gorosito miró al grupo que realizaba trabajos de precalentamiento y eligió almás gordo de todos, al que tenía el número 23 en la espalda y que responde al nombre de Cristian Fabbiani, o el Ogro.
En apenas cinco minutos se le vino la estantería abajo a Central. Primero, a la salida de un córner la pelota le cayó al hombre más retrasado de River que inocentemente se la devolvió al ejecutor del tiro de esquina (que generalmente está en posición adelantada) y éste sin dudarlo la volvió a meter en el área auriazul para que Galmarini, mientras todo Central se quedó reclamando el off side (habrá que ver las imágenes por tv) cabeceara al gol.
Y después llegaría el final de terror para un cuento que había arrancado feliz. El Ogro recibió sólo a unos cuarenta metros del arco defendido por Broun. Tardó no menos de un minuto en dar vuelta toda su humanidad y pateó. La pelota luego de rozar en un defensor canalla explotó en la red. Absolutamente nadie en su sano juicio, en todo el estadio, podía explicar como a ninguno de los jugadores de Central se le ocurrió siquiera molestar al ex Newell’s para que no patease.
Central volvió a perder, esta vez en su casa y tras ir ganando. Y no es excusa que haya perdido frente a un grande como River, porque este equipo que llegó a Rosario… de River, sólo tenía la franja roja cruzada sobre el pecho de una camiseta blanca.
El pequeño DT
Sorprendieron y mucho las variantes realizadas por Alfaro. Primero lo sacó a Franzoia, que si bien no había aportado demasiado, tiene vocación ofensiva para poner a Matías Escobar que piensa más en defender que en progresar. Después lo sacó a Ezequiel González, el único capaz de generar fútbol y preocupar a los rivales (se adujo una contractura en el muslo pero varios aseguran haber notado el fastidio del 10 a la hora de tener que salir) para meter a un timorato Zelaya.
Y ya sobre el final el manotazo de ahogado: el ingreso del Yacaré Núñez (taaarde se dio cuenta que ninguno se proyectaba por los laterales) por Choy González que, hasta aquí no pudo demostrar porque razón a alguien se le ocurrió que ese muchacho podía jugar en Central. Quedó la sensación (al igual que en La Plata) que de haberlo querido y, sobre todo buscado, el conjunto auriazul podía haberle ganado a River y traerse de la ciudad de las diagonales algo más que un empate, que dicho sea de paso, de seguir así, poco le servirá al canalla en su lucha por zafar del descenso.
Usandizaga lo presentó como el técnico que sacaría campeón a Central. Pero el ex Arsenal lleva doce partidos dirigidos, de los cuales ¡perdió 8! (cinco en condición de local), empató un par y ganó sólo dos.¿Seguirá Alfaro?
