
De la mano de Mostaza, el Canalla sumó su segundo triunfo consecutivo. Caraglio, que convirtió en dos oportunidades, (una de ellas con una chilena exquisita) fue la gran figura, y los otros gritos los pegaron Moreno y Fabianesi, Méndez y Vizcarra.
Central volvió a ganar en condición de visitante después de ocho largas fechas y se sacó de encima el estigma de no poder gritar victoria en el Viaducto del sur del Gran Buenos Aires. Merlo se dio el gusto de superar al equipo de los Grondona por primera vez en su carrera de entrenador y el canalla logró cosechar dos victorias consecutivas luego de nueve meses. ¿Importa algo más?
No. Pese a que Central sigue cometiendo groseros errores defensivos que, en esta oportunidad por mérito de su arquero que tapó varias pelotas imposibles o por falta de efectividad del rival, no terminaron en el fondo de su red.
No. Pese a que, como equipo el Canalla sigue dejando más dudas que certezas y desnuda la enorme carencia de juego colectivo y asociado. Tampoco importa que, en el análisis pormenorizado y en frío, la diferencia en el resultado no refleje lo que sucedió a lo largo del encuentro
Es que el trámite del partido fue por demás de curioso. Porque la iniciativa la tuvo Arsenal pero el que golpeó primero fue Central. Porque los locales tuvieron en la primera mitad no menos de diez jugadas claras de gol pero se fueron a los vestuarios perdiendo por dos tantos a cero. Y porque en el complemento también desperdiciaron una buena cantidad de posibilidades de vulnerar a Broun y terminaron sufriendo tres festejos más de los jugadores canallas.
El mérito de Central fue el haber sabido aprovechar las chances que se le presentaron y en los momentos justos. Apuntalado en la convicción de los jugadores de saber que se juegan demasiadas cosas en cada partido y en un par de grandes actuaciones, como las de Moreno y Fabianesi que se hizo dueño de la conducción estraégica, de Caraglio que peleó absolutamente todas las pelotas y vivió su noche soñada, y de Broun, que pese a seguir brindando inseguridad en el juego aéreo, tapó un par de pelotas imposibles.
Central goleó al siempre difícil Arsenal en su propia casa y por momentos dio la sensación de haber recuperado la memoria. No superó ampliamente a su rival en el trámite del encuentro como sí lo hizo en el resultado final pero avivó la ilusión que generó la llegada de Merlo y sus soplos de aire fresco.
Central goleó en condición de visitante y, al menos por un rato, se le escapó de las garras al fantasma de la promoción. ¿Importa algo más?
Un Arsenal de fierros
Los hinchas de Arsenal colgaron bien temprano un trapo en el que le exigían a Maradona que convoque al arquero Campestrini a la selección nacional… Y el pibe se terminó comiendo cinco pepas.
Qué grande esa tarjeta
Después del golazo de Caraglio, convirtiendo de espaldas al arco, lo más atractivo que se vió en el estadio de Arsenal, fueron las señoritas promotoras que se paseaban por el verde césped apretadas en sus calzas rojas. Pero el que no la pasó para nada bien fue el pobre hombre que se tuvo que disfrazar de tarjeta y acompañar a las niñas. Al pasar cerca de la hinchada canalla, el ingenio popular que nunca descanza, generó que le gritaran bien fuerte aquello de “¡tarjeta se la come!”. Y como el camuflado joven no tuvo mejor idea que contestar con gestos agresivos, la popu le entonó un cantito que despertó varias sonrisas: “Qué boludo que sos, qué boludo que sos, laburás de tarjeta la p… madre que te parió”.
