Según los bomberos, la lluvia disminuyó este sábado pero el suelo permanecía saturado de agua, y por lo tanto se mantenían elevados los riesgos de nuevos deslizamientos de lodo. La cantidad de muertos supera los 600 y podría duplicarse por zonas que todavía permanecen inaccesibles para los rescatistas. Un informe oficial alertaba sobre los riesgos en una región que en los últimos años registró un crecimiento de más del 20 por ciento de la población y que sufrió deforestación de bosques, reveló la prensa paulista.
Folha de Sâo Paulo reveló un estudio realizado por el Gobierno en 2008, en el que ya se anunciaba una posible tragedia con datos científicos y justamente en las tres ciudades del desastre: Teresópolis, Petrópolis y Nova Friburgo.
El estudio, realizado por expertos como la geógrafa Ana Luiza Coelho Neto, explicaba que las tres ciudades arrasadas por las aguas convivían con varios factores de riesgo “capaces de generar efectos de gran magnitud”.
Pero la catástrofe anunciada fue aún mayor porque, según los meteorólogos, una gran humedad llegada de la Amazonia, favorecida por condiciones de mucho calor y baja presión, chocó con un frente frío llegado de la Región Sur, lo que creó la gran cantidad de lluvia.
El agua cayó como una tromba en sólo dos horas y arrastró laderas abajo todo lo que encontraba a cien kilómetros por hora haciendo desbordar y subir hasta siete metros los numerosos ríos que atraviesan las ciudades.
La mayor tragedia ambiental de la historia de Brasil, ocurrida en un área de 1.522 kilómetros cuadrados, incluye también la ciudad de San Pablo, que un día antes también sufrió graves inundaciones.
En tanto, pobladores de la región montañosa próxima a Río de Janeiro, devastada días atrás por deslizamientos de lodo que provocaron hasta ahora más de 600 muertos, buscaban este sábado reorganizar sus vidas en medio a un escenario desolador donde faltan agua, alimentos y medicamentos.
De acuerdo con los últimos números de la Defensa Civil, el número de desalojados por el desastre ya llega a 14.000 personas, que en su mayoría se acomodan ahora en gimnasios y espacios públicos de las ciudades más afectadas en la región.
El gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, decretó un luto oficial de siete días a partir del lunes pasado, al tiempo que autoridades y la prensa local hacen constantes llamados a la población para que efectúe donaciones de sangre, agua potable, alimentos y medicamentos.
Por lo menos una decena de zonas agrícolas aún se encuentran aisladas, y a medida que los equipos de rescate lleguen a esas zonas el saldo de víctimas fatales se hará más elevado.
La ciudad de Nova Friburgo, ubicada a unos 140 kilómetros de Río, es la más afectada por las avalanchas de lodo y piedras desprendidas de los cerros a causa de las lluvias. “Hay vehículos que fueron sepultados por los torrentes de lodo con personas adentro”, dijo Alan Amaral poblador de Nova Friburgo, a la red de TV GloboNews.
Este sábado, el 35 por ciento de los habitantes aún no poseía servicio de electricidad ni de agua potable. Faltan alimentos, combustible (inclusive para los equipos de rescate) y medicamentos. Muchos pobladores tratan de abandonar la ciudad, pero el combustible pasó a ser racionado, y enormes filas se formaron ante los puestos de venta.
En Teresópolis, a unos 100 kilómetros de Río, el número de víctimas fatales ya se eleva a 240. “Algunos negocios del centro de la ciudad reabrieron sus puertas ayer, pero los hombres de la Guardia Nacional patrullan las calles para evitar los saqueos”, indicó un fotógrafo de la AFP en el lugar.
