Rosario Central atraviesa, sin lugar a dudas, uno de los peores momentos de su historia. Mientras el equipo deambula sin pena ni gloria por la segunda categoría del fútbol argentino, el plantel profesional entrenó bajo custodia policial.
Hace algunos días, un periódico tucumano publicaba unas supuestas declaraciones de Antonio Medina, en las que el delantero chaqueño aseguraba que los jugadores auriazules “no podemos salir a la calle” por la pésima campaña realizada por el conjunto de Arroyito en el Nacional B, y hasta se animó a reconocer que “todos tenemos miedo por nuestras familias”.
Aunque los dichos no pudieron ser ratificados ni desmentidos por el ex atacante de Boca Unidos de Corrientes, reaparecen con fuerza a partir de la triste imagen del domingo: patrulleros y efectivos policiales custodiando una simple práctica de fútbol. “Esto es Central”, como sentenció alguna vez, aunque en referencia a realidades completamente diferentes, Miguel Angel Russo.
Luego del terrible cachetazo sufrido en la tierra del sol y el buen vino, el plantel de Central retomó los entrenamientos bajo la estricta mirada de los efectivos policiales que se hicieron presentes en el predio de Arroyo Seco para evitar contratiempos.
Aparetemente la presencia de los uniformados obedeció a una determinación exclusivamente dirigencial, ya que los futbolistas y el cuerpo técnico se anoticiaron de la novedad una vez que arribaron al complejo de la localidad vecina.
Una situación similar ya se había vivido en los primeros días de diciembre último, tras la derrota canalla ante el Lobo jujeño que provocó la ira de los hinchas y se registraron serios incidentes en el Gigante, donde los más desaforados descargaron su bronca contra los automóviles estacionados en el playón.
Claro que a la semana siguiente, con los cinco goles convertidos ante Aldosivi en Mar del Plata, los ánimos se calmaron y hasta hicieron ilusionar a más de uno. Hoy, Central volvió a chocar de frente contra su propia realidad y el futuro aparece demasiado negro para su sufrido pueblo, que se bancó el descenso, pero no puede soportar que su equipo sea uno más del montón en la segunda categoría del fútbol argentino.
