Las protestas en África esmerilan el antifaz de los falsarios de Europa.
Las protestas en África esmerilan el antifaz de los falsarios de Europa.

Tras la careta de pasmo y horror de las potencias europeas asoma la barbarie bestial del colonialismo y al apoyo a dictadores que ahora, de pronto, trocaron sus algodonosas, angélicas alas, por la flamígera dermis de Belcebú.

Lejos de los hechos y las fuentes directas, con pocas o nulas posibilidades de entender qué sucede realmente, el cronista se lanza con fruición a leer y analizar los reportes de los especialistas. Las notas de Robert Fisk, el periodista y escritor británico que se especializa en Medio Oriente, vive en el Líbano y escribe para The Independent y Página 12 es una referencia obligada. Los aportes de Eduardo Febbro, corresponsal de Página 12 en París, resultan fundamentales para entender la importancia que se le da en Europa a lo que sucede en el norte de África y Medio Oriente. Desde el comienzo de las rebeliones populares del norte de África, el tono de los escritos de estos reporteros ha ganado en acritud. Se nota un cierto cansancio moral, acaso producido por el contraste entre lo que se dice oficialmente y reproducen los medios hegemónicos, por un lado, y lo que sucede en las calles, por el otro.

Y más allá de la dificultad insalvable para profundizar, desde aquí, el análisis de aquellos hechos, lejanos no sólo geográficamente, las hipócritas estrategias discursivas que denuncian los corresponsales, junto con la avalancha de datos que brinda la prensa alternativa, tienen un aire familiar para todo habitante de Latinoamérica que ha experimentado y padecido las sistemáticas mentiras de los imperios y las potencias coloniales y la ya vieja estrategia de encubrir con altos valores (democracia, libertad, justicia) el más feroz y bajo espíritu de lucro, la represión, el genocidio.

Cada nación de África tiene detrás, oculta entre las bambalinas de la historia, una potencia europea, como una sombra ominosa que la sojuzga. El continente africano, el más pobre del planeta, es un espejo que refleja la barbarie del colonialismo y el imperialismo europeo y estadounidense, que sistemáticamente saquearon las reservas del continente vía golpes de estado, dictaduras, masacres y genocidios. Detrás de Túnez está Francia. Detrás de Libia, Italia. Y de Egipto, Estados Unidos y el Reino Unido. Porque más allá de las palabras bonitas que ya nadie cree, la realidad es que los capitales de los dictadores vienen salvando las economías de las tan democráticas, pulcras y desarrolladas potencias del Primer Mundo.

Túnez fue colonia de Francia. Libia de Italia. Egipto, de Inglaterra. Y todo indica que, de algún modo sutil, financiero, propio de esta etapa del capitalismo, lo siguen siendo. Las rebeliones populares en países del norte de África no hacen más que desnudar y poner en escena una situación histórica muy conocida. Detrás de la apelación a valores como la libertad y la democracia, las potencias occidentales apenas pueden disimular que defienden intereses económicos, a cualquier costo.

La caída de los dictadores amigos de la Unión Europea y Estados Unidos desnuda que las economías de “democracias desarrolladas” de los países del Primer Mundo dependen en buena medida de la estabilidad que las dictaduras ofrecen a los negocios. Efectivamente, queda claro que las reglas de la democracia, y aun de la democracia más formal y vacía de contenido, no es lo mejor para el mercado, que necesita mantener el statu quo. La posibilidad de un simple cambio de gobierno vía elecciones libres resulta inconveniente para el flujo de capitales que caracteriza esta etapa del capitalismo. De ahí que los discursos de las potencias se desliguen tanto de sus acciones concretas.

Detrás de las palabras grandilocuentes está la verdad de los negocios multimillonarios de las elites europeas, y la necesidad de petróleo y gas. En medio de tantas declaraciones ambiguas y cínicas por parte de los líderes de Europa, los medios alternativos vienen ofreciendo datos y cifras contundentes acerca de la inconfesable dependencia de las potencia europeas con relación a los capitales que florecen en sus ex colonias, tierras regadas con sangre, según repararon ahora, recién ahora, los líderes mundiales y la ONU. Parece que las manifestaciones de los ciudadanos les aclararon la vista y lograron ver lo que durante décadas nunca denunciaron.

Las inversiones de los países del norte de África en Europa son tan significativas que, en caso de una crisis como la actual, varias economías europeas tambalean. A esto se suman relaciones personales y de amistad con los dictadores. Algunas rozan el escándalo y la corrupción.

Cualquier hecho similar ocurrido, por ejemplo, en América latina, haría hablar de “república bananera”, “país poco serio” y otras tantas expresiones. Pero no: cuando se trata de Italia, Francia, Inglaterra o Estados Unidos, esas expresiones no aparecen en la prensa hegemónica, aunque los hechos lo ameriten.

Túnez y Francia

La ministra de Relaciones Exteriores de Francia, Michele Alliot-Marie, renunció el 27 de febrero como resultado de la indignación pública por su relación escandalosa con el anterior régimen de Túnez, encabezado por el autócrata Ben Ali, integrante de la Internacional Socialista que permaneció 23 años en el poder antes de su delarrúica huida. Un semanario satírico francés Le Canard enchaîné rebeló que la ministra, su pareja y parte de su familia pasaron unas lujosas vacaciones en Túnez, invitados por un magnate tunecino del grupo de Ben Ali, poco antes de que estallara la crisis política en el país.

El esposo de Élisabeth Guigou, ex ministro de Justicia socialista, dirige un centro de estudios que ha recibido financiación de la tiranía tunecina durante años. Bertrand Delanoë, alcalde de París, y Frédéric Mitterrand, ministro de Cultura, suelen pasar largas vacaciones en Túnez gozando de la solidaridad y los millones del ahora Mandinga. François Mitterrand, Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy siempre ofrecieron amorosa amistad a Ben.

“Francia tiene en Túnez una imagen muy negativa. Cuando se habla de las élites francesas es para recordar su complicidad con el régimen de Ben Alí, ya se trate de hombres políticos, hombres de negocios o intelectuales. Para los tunecinos era penoso escuchar a las élites francesas insistir, durante muchos años, que Túnez era un país modelo, donde se vivía bien, donde reinaba la estabilidad y la condición de la mujer era ejemplar, etcétera”, señaló Larbi Chouihka, de la Liga Tunecina de los Derechos del Hombre, en declaraciones al diario Le Monde.

Egipto, Europa y Estados Unidos

Hosni Mubarak, presidente de Egipto durante 30 años sin que ningún líder europeo lo tachara de dictador, tenía relaciones comerciales muy intensas con EEUU y la Unión Europea (UE). EE.UU entrega a Egipto 1.300 millones de dólares para ayuda militar cada año. La cifra sólo es superada por lo que el imperio entrega a Israel. La UE es el principal socio comercial de Egipto, representando aproximadamente el 35 por ciento de los intercambios totales de este país.

En 2001 la UE y Egipto firmaron un acuerdo de libre comercio que entró en vigor en 2004 y se pactó por diez años. Se lo promocionó como un instrumento de la Política Europea de Vecindad, con el objetivo de ayudar a los países vecinos a contagiarse de los valores y objetivos fundamentales de la UE: "Respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos, incluidos los de las minorías". Es de imaginar que acaso declaraciones como estas son las que aportan acritud a los textos de los cronistas que, desde el lugar de los hechos, tienen la posibilidad de contrastar esta gastada fraseología, con las imágenes que entrega la realidad de la calle.

Lia e Italia

Congelar los bienes de Khadafi acarrea pavor y espanto a todas las economías avanzadas de Occidente y a muchos de los más grandes grupos empresariales que representan los poderes fácticos. Y esto incluye a Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña.

El caso de Italia es particular. El dinero del dictador libio salvó de la bancarrota al banco Unicredit, uno de los más grandes de ese país. Lo mismo ocurrió con el club Juventud. Mediante la sociedad maltesa Lafi Trade, controlada por el fondo Lia (Lybian Investment Authority: Autoridad Libia de Inversiones), Khadafi compró el 10 por ciento de Quinta Comunications, sociedad en la que Fininvest de Silvio Berlusconi tiene el 22 por ciento a través de la compañía luxemburguesa Trefinance, S.A. La empresa de gas y petróleo ENI, la más grande de Italia, tiene proyectos de inversión por 25 mil millones de dólares en Libia, país del que procede el 13 por ciento de su total de producción. La mayor constructora italiana, Impregilo, se ha hecho con gran parte del proyecto de gran autopista en Libia por valor de 5.000 millones de euros.

La Autoridad Libia de Inversiones tiene una participación del 7,6 por ciento en el grupo bancario italiano Unicredit. El banco central libio también tiene participación en ese banco. En 1977, Libia acudió al rescate de la Fiat y compró un 15 por ciento de sus acciones, lo que produjo airadas críticas. La participación de capital libio en la Fiat es hoy inferior al 2 por ciento.

Libia es uno de los primeros proveedores de petróleo de la UE, que compra el 90 por ciento del crudo libio. Libia posee además las octavas reservas de petróleo y gas del mundo, y su petróleo es de una gran calidad y fácil extracción, por lo que el país es muy atractivo para las grandes petroleras europeas como Shell y BP.

Libia adquirió acciones en la empresa mixta italiana Finmeccanica, gigantesco conglomerado que produce armas, helicópteros, sistemas de defensa, sistemas para la producción de energía. El capital libio tiene el 7,5 por ciento de las acciones de la Juventus. Un hijo del ahora Demonio jugó y hasta participó de la dirección de ese club. Libia ha puesto dinero también en el club Triestina. En 2004, Berlusconi y Khadafi inauguraron el gasoducto submarino que une Libia y la isla de Sicilia construido por las empresas petroleras de los dos países, el ENI italiano y la Western Lybian Gas Projet, y que sirve para distribuir el gas libio a toda Europa. Entre 2008 y 2010, unos cuarenta mil millones de euros circularon entre ambos países.

Detrás del encantador desarrollo de la cultura europea se esconden los sanguinarios horrores del colonialismo perpetrados en África por las naciones “civilizadas”. Los campos de concentración fueron un invento británico durante la caranchesca guerra contra los holandeses para disputarse el sur del continente. Los alemanes empezaron a experimentar con humanos vivos también en África. Y los belgas asesinaron entre cinco y diez millones de personas en el Congo.

África es hoy el continente más pobre y subdesarrollado. Las cifras que arrojan las estadísticas resultan devastadoras: analfabetismo, mortalidad infantil, y falta de servicios básicos contrastan con la enorme potencialidad de recursos naturales que la convirtió en un apreciado botín para las potencias. Las naciones europeas se beneficiaron durante años con el tráfico de esclavos provenientes de África, y con el saqueo de todos sus recursos naturales. Al igual que América, el continente africano ocupó un papel importante en el desarrollo del capitalismo. A partir del saqueo de esos dos continentes se produjo la acumulación originaria de capital que está en el origen del sistema capitalista mundial.

Entre noviembre de 1884 y febrero de 1885 las potencias coloniales europeas se dividieron el continente africano, como elegantes y civilizadas aves de rapiña. Y allí siguen, volando en círculos mientras graznan “democracia”, “libertad”.

Fuentes: The Independent, Le Monde Diplomatique, Página 12, The Nation, Democracy Now.

 

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