A la carga.

Señalar que la mutante y contradictoria versión de la Casa Blanca sobre el asesinato de Bin Laden es “falsa” implica que, en un plano hipotético, podría ser “verdadera”. Ni verdadera ni falsa, ficción: un cínico capítulo del Superagente 86 con el protagonismo de un impune Estado terrorista.

Nunca lo sabremos. Ante la imposibilidad de entender qué ocurrió en realidad, en medio de tanta confusión, quizás se pueda leer todo esto como una novelita, una ficción enclenque, horrible y sangrienta, desvinculada de toda idea de verdad y veracidad, nociones esencialmente ajenas, irreconciliables con la historia de los Estados Unidos.

El Premio Nobel de la Paz Barack Obama bombardea países y mata miles de niños y población civil en nombre de la “libertad”, la “seguridad”, la “paz” y la “civilización”. Estados Unidos plantea como “éxito militar” haber buscado casi diez años a una sola persona en una pequeña porción de terreno: magra cosecha para “el ejército más poderoso del mundo”.

“Encontrar” a Bin Laden implicó arrasar un país y masacrar a miles civiles no combatientes en una cacería que violó todas las normas vigentes. Además, ni siquiera hay pruebas contundentes del tan postergado hallazgo. Pero pese a todo esto es “un éxito resonante”.

Hasta la ONU, siempre tan cuidadosa de importunar al Imperio, está comenzando, muy tímidamente, a hacer preguntas incómodas, al igual que un número creciente de ciudadanos de los Estados Unidos. “Bueno, ahora que Bin Laden está muerto, cuándo nos devuelven nuestras libertades”, tituló el sitio estadounidense Alternet.

La clave: Trulalá

“Marche preso, desacatao”. “Yo te viá hacer repimporotear en la calabozo”. El comisario de Trulalá, patria de Hijitus, lo habría hecho mejor, sin tanta parafernalia, sin tantas muertes de inocentes. Seguramente habría repimporoteado en el calabozo al presunto terrorista sin dejar de lado la justicia, las leyes, y toda la normativa que sustenta la idea de “civilización”. Pero el recordado oficial correntino, amansador de yacarés, está jubilado, y nada quiere saber con el Imperio.

Según describe una de las dos versiones oficiales sobre el asesinato, Osama Bin Laden, “el terrorista más buscado del mundo”, no contaba con una custodia importante. Estaba rodeado de mujeres y niños, en una suerte de salita rosa o salita de cuatro, cual maestra jardinera con turbante y bozo desbocado.

Bin Laden se resistió, pero sin armas. “Es posible resistirse sin armas”, dijeron oficialmente desde la Casa Blanca, sin reírse incluso. Acaso Bin Laden cantó Resistiré en la lengua de Mahoma.

Obama no mostrará las fotos del cadáver de Osama, porque son “atroces”, pero las fotos igualmente atroces de los otros asesinados están publicadas en medios de todo el mundo. Además, las fotos son calificadas como “atroces”, no los hechos que las fotos documentan.

La versión oficial de la Casa Blanca mutó en pocas horas. Obama y su vocero se contradijeron en forma flagrante. Y no sólo demostraron que mienten y mienten a lo Goebbels, sino además que ni siquiera se ponen de acuerdo antes de hacerlo.

El domingo 1 de mayo, Obama aseguró que Bin Laden estaba armado y resistió a tiros. El asesor de Seguridad de la Casa Blanca, John Brenann, lo reafirmó pocas horas después, el lunes 2, y agregó, además, que el presunto terrorista usó a una mujer como escudo. Incluso Brenann se animó a filosofar al respecto y consideró que ese hecho “demuestra la falsedad de la narrativa de Osama”, en referencia a la cobardía del supuesto acto de escudarse con el cuerpo de otra persona. Pero horas después, el martes 3, el vocero oficial de Obama, Jay Carney, desdijo tanto al presidente como al asesor de Seguridad. “No estaba armado”, aseguró Carney al tiempo que justificó las tan alevosas contradicciones por una “niebla de la guerra” que, a esta altura del escándalo, luce más lisérgica que la famosa neblina púrpura de Jimi Hendrix.

La loca loca niebla volvió a ensañarse con los Estados Unidos este jueves 5, cuando se dijo oficialmente que, en realidad, Bin Laden no estaba armado “pero tenía armas a mano”. Seguramente no pudo alcanzarlas a causa de la tan pertinaz niebla de la guerra.

Pero pese a esto, que constituye un verdadero papelón internacional, pocos acusan a Estados Unidos de ser una un país poco serio. Pocos hablan de atropellos a la “libertad de prensa” ante semejante manipulación de hechos tan graves por parte de un gobierno. De haber sucedido algo similar en América latina, seguramente otra sería la vara a utilizar.

En un punto es comprensible la mirada complaciente de los grandes medios hegemónico del mundo con relación a la barbarie imperial: no condenan el asesinato extrajudicial imperialista porque están muy ocupados en denunciar “los despóticos gobiernos de América latina”, esos que no bombardearon a nadie, que fueron votados por amplias mayorías en elecciones limpias y legales, y que convirtieron la lucha por los derechos humanos en políticas de Estado.

El filósofo francés Gilles Deleuze (1925-1995) sostuvo que no sólo hay respuestas “correctas o equivocadas”, sino que también hay preguntas “correctas o equivocadas”. En muchos casos, la propaganda imperialista logra que aun los ciudadanos más críticos, más informados y más avispados rechacen los atropellos del imperio planteando preguntas que, sin embargo, no logran salirse del marco de referencia impuesto por el propio Imperio.

El pensador esloveno Slavoj Zizek señaló que el discurso del poder ya no pretende ser tomado en serio. A veces funciona igual, por más burdas que sean sus mentiras.

Comentarios
Más notas relacionadas
Más por Pablo Bilsky
Más en Mundo
Comentarios cerrados

Sugerencia

El Gobierno defendió la presencia de Aldo Rico en el desfile en Tucumán

“Lo de los Carapintadas es cosa vieja, no creo que haya puesto en jaque a la democracia”, …