Benedicto XVI en México
Benedicto XVI en México
Foto: Ronaldo Schemidt/AFP

Militares, policías, helicópteros, francotiradores y perros entrenados en tierras sembradas con sangre y cabezas humanas cercenadas. Cincuenta mil muertos en cinco años. En medio de este infierno que no es cuento, Ratzinger ofreció su mensaje contra “el mal”. Pero sólo visitó los estados tradicionalmente más conservadores y reaccionarios.

Benedicto XVI pasó un país conmovido por el narcotráfico y en pleno proceso electoral. Intentó revitalizar una institución que pierde feligreses, pero sin reunirse con las familias de las víctimas de los sacerdotes pedófilos, cuyos abusos fueron sistemáticamente encubiertos por la Iglesia. Investigadores y ex sacerdotes denunciaron “el encubrimiento de estos delitos”, tanto por parte de Benedicto XVI como de Juan Pablo II.

La muy custodiada y militarizada primera visita de Benedicto XVI a México estuvo marcada por el signo atroz de la violencia de las bandas de narcotraficantes, que constituyen un poder paralelo al Estado, y que se desarrolla en el marco de un gobierno conservador que sigue a pie juntilla las directivas emanadas de EE.UU. para llevar adelante una presunta lucha contra el narcotráfico que fracasa en México y en todo el mundo.

Benedicto XVI eligió para su primera visita a México la región denominada El Bajío, una zona central que abarca partes de los estados Guanajuato, Querétaro, Michoacán y Jalisco. Allí el integrismo católico desató sangrientas masacres. En esa región se libró entre 1926 y 1929 la Guerra Cristera, un enfrentamiento civil con miles de muertos,  entre milicias de católicos fanáticos armados que se enfrentaron con el gobierno a causa de presuntas restricciones a la libertad de culto, al grito de «Viva Cristo Rey».

El Papa no visitó la capital. Allí están permitidos el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo. México es uno de los países con mayor número de católicos en el mundo: se declaran católicos el 83,9 por ciento de sus 112 millones de habitantes, pero muchos se alejaron de su fe ante el avance de los cultos evangélicos y populares al margen de la Iglesia.

El académico de la Universidad de Guanajuato y doctor en filosofía Ángel del Moral, aseguró que la región elegida por el Papa para llevar su mensaje de paz «se ha resistido a movimientos laicizantes por parte del Estado» y agregó que el monumento a Cristo Rey, donde el Papa celebró misa el domingo, es un símbolo de toda esa fe «tradicional, conservadora». «Es una zona que se ha caracterizado por una defensa muy firme del catolicismo más de derecha», indicó, y el hecho de que Benedicto XVI visitó Guanajuato es «una señal inequívoca de los grupos en los que se quiere apoyar», concluyó.

Ante más de 600 mil fieles, este domingo el Papa llamó a los mexicanos a renovar su “esperanza” en Cristo porque en los momentos de dolor y dificultad por los que atraviesa en la actualidad este país “no bastarán las estrategias humanas”. Apeló también a la “necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio” y resistir “la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentada e incoherente”, cuando la Iglesia católica mexicana y latinoamericana en general se enfrenta a la creciente competencia de los movimientos evangélicos.

Pero ni “la protección de la infancia”, ni su afirmación de que “los niños son un regalo de Dios”, tan declamadas por el Papa durante su visita a México, incluyeron, sin embargo, a las víctimas de los abusos sexuales cometidos por los propios sacerdotes católicos mexicanos.

Según informó el diario El País de Madrid, las víctimas de los abusos sexuales a menores cometidos por el fundador de la Legión de Cristo, el sacerdote mexicano fallecido en 2008 Marcial Maciel, manifestaron este sábado su repulsa “por la ocultación a sabiendas del escándalo por parte del Vaticano durante décadas y su indignación por que el Papa Benedicto XVI, de visita en México, no tuviera previsto recibirlos”.

El sitio Univisión informó este domingo que las víctimas de abusos sexuales del mexicano Marcial Maciel difundieron además un manifiesto en el que acusan al Papa de haberlos ignorado. «Por vuestras manos pasó la oportunidad de aceptar esa verdad» (los abusos sexuales de Maciel), dice el manifiesto presentado en León, a 400 kilómetros al noroeste de la capital. Pero no se nos escuchó ni se nos creyó oportunamente. Durante mucho tiempo fuimos ignorados», agrega el manifiesto.

Según la nota publicada en El País, “los exlegionarios José Barba y Alberto Athié y los investigadores Fernando González y Bernardo Barranco han denunciado en conferencia de prensa celebrada en León, la ciudad del Estado de Guanajuato, donde pernoctó el Papa, que la Santa Sede ocultó los abusos sexuales cometidos por Maciel desde los años cuarenta del siglo pasado”.

Maciel fundó la congregación en 1941 con el nombre de Misioneros del Sagrado Corazón y posteriormente lo cambió a Legión de Cristo. “El Vaticano sistemáticamente eludió su responsabilidad. No solo sabía, sino que toleró y protegió a Maciel. El Vaticano mintió”, afirmó Barranco según se asegura en la nota del diario madrileño.

Barba, a través de una videoconferencia, Athié y González han presentado el libro La voluntad de no saber (editorial Grijalbo), en el que se recoge parte del expediente vaticano de Maciel, que consta de 212 documentos y más de 600 páginas, en las que se tipifican los delitos del líder de los legionarios. Según los autores estos documentos inéditos podrían, de haber sido tomados en cuenta a tiempo, haber obstaculizado la beatificación de Juan Pablo II, según informó el periódico madrileño en su edición digital de este domingo.

En la nota de El País se afirma que entre los documentos se encuentra la carta que el exsacerdote Athié envió en 1999 a Joseph Ratzinger, por entonces responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo que ocupó durante 24 años, en la que se denunciaba el caso, y su respuesta. El actual Papa contestó: “Lamentablemente, el caso de Marcial Maciel no se puede abrir porque es una persona muy querida del papa Juan Pablo II y además ha hecho bien a la Iglesia. Lo lamento, no es posible”. Karol Wojtila llegó a calificar a Maciel de “guía eficaz de la juventud”. Benedicto XVI solo tomó cartas en el asunto en 2006 cuando ordenó al fundador de los legionarios retirarse y dedicarse a una vida de penitencia.

El escándalo de Maciel está aún muy presente en la sociedad mexicana y por tanto resulta más sorprendente que la agenda de Benedicto XVI durante su primera visita a México no contemple reunirse con sus víctimas, limitándose a enviar un mensaje a la infancia de este país. El Papa sí se encontró con ellas en sus viajes a EE UU y Australia en 2008, a Portugal y Malta en 2010 y a Reino Unido y Alemania el año pasado.

En los últimos años, decenas de miles de casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos se destaparon en distintas partes del mundo. Los hechos demostraron que tanto estos actos aberrantes contra menores, como su encubrimiento por parte de las autoridades, no constituyen hechos aislados sino que, por el contrario, tienen un carácter estructural en el interior de la institución que, paradójicamente sigue autoerigiéndose en guardiana de la moral y la sexualidad. Se constataron abusos en  Reino Unido, Gran Bretaña, Estados Unidos, Irlanda, España, Alemania, Holanda, Bélgica, Canadá, México, Argentina, entre otros países.

Según un estudio de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos emitido en 2009, sólo entre 2004 y 2008, la Iglesia gastó dos mil millones 100 dólares en acuerdos extrajudiciales y ayuda psiquiátrica para víctimas, más los gastos propios de los litigios.

El costo total de los abusos se estimó en unos dos mil millones 600 dólares.

«He venido para que sientan mi afecto. Cada uno de ustedes es un regalo de Dios para México y para el mundo. Ustedes, mis pequeños amigos, no están solos», manifestó este sábado Benedicto XVI ante cerca de tres mil niños reunidos en la Plaza de la Paz de Guanajuato. Pero más allá de las dulces palabras del Papa, la amarga verdad es que muchos niños, además de solos han estado muy mal acompañados por sacerdotes católicos abusadores.

Fines electoralistas

México se encuentra en pleno proceso electoral, las elecciones presidenciales se celebrarán el 1 de julio, y la oposición ha interpretado que el gobierno intenta utilizar esta visita con fines electoralistas.

El presidente Felipe Calderón que pertenece al conservador Partido Acción Nacional (PAN), que recibe un importante respaldo de los católicos, ha sido criticado por la oposición porque la visita del Papa que se produce apenas 14 semanas antes de las próximas elecciones presidenciales. Perjudicado por el aumento de las muertes luego de la ofensiva contra los cárteles lanzada por Calderón, el PAN se ubica detrás del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en los sondeos de opinión de cara a los comicios.

Calderón no puede buscar la reelección y la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, va detrás del representante del PRI, Enrique Peña Nieto, por una diferencia de más del diez por ciento en las encuestas.

La violencia imparable que está asolando México no constituye un caso asilado. Allí donde se siguen las “política antidrogas” de los EE.UU, como en Colombia y en parte de Centroamérica, la violencia se desata y resulta inmanejable para el Estado. Este hecho no parece ser casual si se revisa la historia de la CIA, la DEA y su supuesta lucha contra la droga.

La famosa “batalla contra el narcotráfico”, una de las cruzadas imperiales más publicitadas desde Washington, luce por estos días una débil máscara del imperialismo para justificar su influencia en América latina. Sus resultados, en términos de combate al narcotráfico, son desastrosos. Sólo en los últimos cinco años, 50 mil personas fueron asesinadas en México. El gobierno conservador de Felipe Calderón sigue a pie juntilla las políticas del Imperio, sin vinculaciones con ninguno de los denominados “ejes del Mal”. En este contexto pasó el Papa por México, con su mensaje de paz y lucha contra el mal, y su silencio acerca de los abusos cometidos por los sacerdotes y silenciados por la Iglesia. Ratzinger sumó su silencio a ese silencio cómplice.

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