El Pueblo acompaña a Cristina, mientras la derecha golpista se siente cómoda con el discurso de Hermes Binner, quien demuestra lo cerca que están una del otro, y lo fácil que le resulta sacarse la ropa de líder “progre” para calzarse el uniforme de gorila torpe. Sin prudencia, sin la mínima sensibilidad, sin esperar a que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner avance en su proceso de recuperación tras la intervención quirúrgica a la que fue sometida, el desesperado candidato a diputado nacional del Frente Amplio Procesista arremetió con su proverbial y malintencionada pirotecnia proselitista: “Es un mal de hiperpresidencialismo, porque cuando se utiliza mucho tiempo para abordar lo urgente, se olvida lo importante, que es lo que debe atender un presidente”, diagnosticó el anestesista rafaelino.
Lejos del espíritu solidario y afectivo con que el Papa Francisco se dirigió a la mandataria de todos los argentinos –“Cristina: en estos momentos tan particulares, deseo hacerme presente con mi oración por usted y el total restablecimiento de su salud”–, Binner descerrajó a ciegas disparos en la noche: “Cuando se inauguran dos cuadras de pavimento en un pueblo no puede ser que allí esté la presidenta, cuando debería estar atendiendo cuestiones más importantes”.
Por ello, por estar cerca de su Pueblo, inaugurando obras que los gobernantes neoliberales como Binner le niegan a los sectores más vulnerables, desde el Movimiento Evita de la provincia de Santa Fe, junto a las mayorías populares, acompañamos a la compañera Presidenta.
Al mismo tiempo, destacamos que esas masivas muestras de respaldo popular a la Jefa de Estado forman parte de un escenario que reclama, cada vez más, el compromiso militante que permita garantizar la continuidad de este modelo a través de la construcción colectiva.
Está claro que Binner es un representante de la corporación Clarín, que votaría a Capriles en Venezuela, y que menosprecia a los humildes.
Pero además, Binner es socio del narcotráfico en la provincia, cuyos integrantes no ingresan su mercancía por las rutas nacionales sino que son protegidos por el poder político provincial. Y a quienes deberían controlar a los narcos los ascienden como jefes de policia.
No sorprende que Binner critique con rabia gorila la “hiperactividad” de la Presidenta. Su hiperinactividad durante ocho años para resolver los problemas de los rosarinos, los cuatro que dejó pasar sin dar respuesta a las demandas de todos los santafesinos, le deben provocar una insoportable envidia al ver que el modelo iniciado por Néstor Kirchner en 2003 no detiene su paso.
Sin embargo, el torpe gorilismo de Binner compite con un egocentrismo tan infantil como inexplicable: tuvo el descaro de declarar ante los medios que lo consultaron por la salud de Cristina que nadie lo llamó como representante de la oposición para explicarle el momento que le toca atravesar a la jefa de Estado.
Los asesores de Binner deberían recordarle que los mandatarios extranjeros, entre ellos el Sumo Pontífice, no se quedaron esperando un llamado para expresar sus deseos de una pronta recuperación de Cristina. Y, excepto la corporación político-periodística opositora al modelo nacional y popular que encarna la Presidenta, nadie tuvo la deshonrosa actitud de juzgar a un ser humano que está internado en terapia intensiva pensando en cosechar un puñado de votos.
* Diputado provincial, integrante de la Mesa de Conducción Nacional del Movimiento Evita
