Con el último documento del espacio Carta Abierta como disparador, Redacciión Rosario dialogó con el historiador, docente de la UBA y escritor, Eduardo Jozami, sobre el escenario que se abre principalmente para el kirchnerismo, tras la elecciones de medio término y el horizonte de desafíos que se presentan de cara a un 2015 sin Cristina Kirchner como candidata a presidente. Desde el diario de la CGT de los Argentinos en los sesentas, el exilio en México en los sententas, a su actualidad como director del Centro Cultural Haroldo Conti –que funciona en la ex Esma–, Jozami lleva en su conciencia buena parte de la memoria política nacional, y sobre sus espaldas una larga trayectoria como para hacer discursos autocomplacientes. “El kirchnerismo no va a superar esta situación, y garantizar un buen gobierno en los próximos diez años, pidiéndole el discurso prestado a nadie”, aseguró.
—¿Cómo hacen para ponerse de acuerdo entre un grupo tan numeroso de intelectuales y en un toque redactar esos documento que después publica Carta Abierta?
―El acuerdo tiene que ver con dos cuestiones. Compartimos los principios fundamentales que animaron en su momento el lanzamiento de Carta Abierta, que tienen que ver con la identificación con este proceso de cambios que se lleva en Argentina a partir del año 2003, y al mismo tiempo con la comprensión de la necesidad de defenderlo, porque no hay que olvidar que este espacio nació durante el conflicto con el campo, cuando parecía que no había fuerzas ni sectores que apoyaban al gobierno. Entonces ahora, luego del resultado electoral de las Paso, que imaginábamos más favorable para el kirchnerismo, la carta es una expresión de esa preocupación y señala la necesidad de continuar y profundizar el rumbo, y como está escrita 15 días antes de la elección es también un llamado a los ciudadanos que tienen que votar en el sentido de rescatar lo más trascendente de lo que pasó en estos años. Hubo una discusión previa a esta carta, donde se planteaba que además de eso nosotros también teníamos puntos de vista sobre el resultado electoral, de cómo se habían manejado las cosas, pero en principio se resolvió darle a este texto un carácter más general, y quedaría para una posterior, que empezaremos a discutir luego del resultado, para hacer un balance más profundo sobre qué cosas mostró cierta debilidad del kirchnerismo. No sólo ante el resultado electoral, sino en la posición que se asumió frente al electorado.
―¿En qué te parece que se debería poner el acento a partir del 28 de octubre?
—Lo primero como definición general, es tener en claro que no se va a superar esta situación, y garantizar un buen gobierno en los próximos diez años, pidiéndole el discurso prestado a nadie. Y esto vale la pena señalarlo respecto de algunos debate que ha habido en torno a la política de seguridad en la provincia de Buenos Aires. Yo creo que lo que se debe hacer es ratificar la línea general del kirchnerismo, con todos los ajustes que haya que hacer. En segundo lugar me parece importante entender que la gente vota también expectativas de futuro, sobre todo en situaciones en que las cosas no son angustiosas, porque por más que la oposición lo quiera plantear, el gobierno sorteó con bastante éxito la coyuntura planteada por la crisis internacional, manteniendo el nivel de empleo, hubo paritarias, no cayeron los salario, aunque obviamente la economía argentina no pasa por el mejor momento de este ciclo político iniciado en 2003. Podemos decir que la situación es más que aceptable si la comparamos con otras coyunturas donde el efecto de la crisis no es ni siquiera el efecto, sino que anticipándose a la crisis ya se tomaban medidas de carácter recesivo.
―¿Le costó al kirchnerismo asumir el hecho de que Cristina no puede ser eternamente la presidenta?
―Creo que la perspectiva de la reelección, que curiosamente nunca fue planteada oficialmente por la principal interesada, que debiera ser la presidenta, nos ubicó en una situación difícil, porque al no reconocer ese hecho y no plantear alguna perspectiva política de futuro, como pudiera ser decir que en 2014 haremos unas internas para definir la continuidad del proyecto y elegir la fórmula presidencial de 2015, por dar un ejemplo, nos puso en una situación desfavorable porque nos surgió un candidato como Massa, que no dice nada consistente pero que también dice que no quiere cambiar lo esencial de lo se hizo en estos años, y aparece como un joven que ofrece una alternativa de futuro; aunque los que podemos analizar un poco más ese discurso pensamos que en realidad ese futuro es una vuelta al pasado, a los noventas. Además de garantizar la continuidad de los principios generales de la acción de este gobierno. Nosotros también debemos hacer un ajuste en las formas políticas. Tiene que empezar a ser un poco más común que se discuta y se critique en nuestros espacios, no sólo porque eso siempre es bueno, sino porque hay una coyuntura que va a exigir mucha reflexión y capacidad de consultar y escucharnos. Yo soy de los que esperan la posibilidad de poder elegir a algún candidato que garantice mejor, que los que hasta ahora se mencionan, la continuidad de este proyecto. Pero también soy de los que piensan que esto no va a ser salvado por un candidato en particular, creo que esto tiene que ver con una disposición del kirchnerismo a abrir más los espacios a la participación, a los debates, permitir la emergencia de nuevos liderazgo. Y esto es un desafío político muy interesante, porque nosotros en estos últimos diez años vimos que aparecía una nueva militancia política, esto tiene mucho que ver con la continuidad del proceso, con haber podido enfrentar los hostigamientos, principalmente desde el conflicto del campo en adelante. Pero también creo que nos faltó la capacidad de canalizar todo ese aporte militante en una construcción política. Por ejemplo Unidos y Organizados, en los lugares donde funciona, es una contribución importante porque estamos todos en el mismo espacio, pero estamos lejos de que eso sea una herramienta de construcción política y un lugar de debate. Estos son desafíos que el 2015 nos va a exigir, aunque puedo ser optimista si tomamos en cuenta que el kirchnerismo ha demostrado capacidad de salir de circunstancias adversas, pero insisto dando respuesta a estas carencias políticas que de algún modo he señalado.
―El escenario provisorio con Cristina alejada por unas semanas de la primera línea de fuego, por su problema de salud, parece haber impulsado a pensar a algunos espacios cómo va a ser el momento en que la presidenta no esté al frente del Ejecutivo. ¿Qué estrategia debería comenzar a discutir el kirchnerismo para enfrentar ese debate?
―Primero hay que resistirse a esta idea de que hay un único candidato porque tiene buena imagen, está instalado y gozaría de cierto apoyo de lo que se podría llamar las estructuras del Partido Justicialista. El modo para plantearse este problema, no es decir que ya hay un único candidato que por ahí no nos gusta mucho pero que lo que tenemos que hacer es ver cómo hacemos para tratar de que sea menos malo, o influenciarlo para hacer acuerdos con él. Me parece que con el tremendo prestigio que tiene Cristina, su capacidad de liderazgo, y con todo lo que significa esta fuerza política que incluso en el momento de una mala elección como puede haber sido la última, sigue siendo la única fuerza con implantación nacional, con activos militantes, con un núcleo duro de votos sólidos que no oscilan en función de la coyuntura. Con todo eso hay que plantearse tener un protagonismo en la elección de 2015 que permita garantizar la continuidad de este proceso, que diga por ejemplo lo que dijo el gobernador de Entre Ríos que dijo que no podíamos desandar el camino avanzado, sino que debía ser de profundización.
Claramente no es este momento de discutir candidaturas, ahora estamos todos en el mismo barco bancando a los candidatos del Frente para la Victoria, pero creo que hay que pensar que en estos dos años tiene que construirse no sólo una candidatura presidencial y reforzarse el liderazgo de Cristina, sino que se tiene que dar a esta fuerza política la dinámica, la organicidad, la garantía de participación y la capacidad de convocar a otros sectores. Porque lo que hoy también se nos plantea a nosotros es que no podemos cerrarnos en una postura que a veces se quiere presentar como intransigente, pero que muchas veces termina siendo simplemente sectaria. Tenemos que reivindicar que el kirchnerismo es la única propuesta hoy en Argentina que planteó la posibilidad de un programa de transformaciones, de expansión de derechos, de justicia social, de integración latinoamericana, y que eso implica también un discurso abierto, convocante, para salir a buscar nuevos sectores y aliados para conformar una alternativa de poder que no sea ni ir con otros discursos, ni con candidatos que no interpretan lo que ha pasado en estos años.
―¿Quiénes serían estos sectores?
—No es fácil. Esto se discutió también en Carta Abierta. Hay que hacer una diferencia entre la crítica muy dura que nosotros hacemos, por ejemplo al socialismo, que en última instancia acompaña a sectores de la derecha o que no tienen nada que ver con ninguna posibilidad del socialismo en cualquiera de sus variantes, distinguirlos con una actitud respetuosa de la gente que acompaña esas propuestas. En segundo lugar a nivel de los movimientos sociales, de trabajadores, en la universidad y otros ámbitos, necesitamos tener un discurso mucho más abierto. Nosotros ante esa situación de la necesidad de defender al gobierno atacado salvajemente, hemos caído muchas veces en una situación de enfrentamiento que no siempre es la mejor para hacer política. No creo que todos se hagan kirchneristas si practicamos esa actitud, pero creo que nos para mejor y nos permite, sin renunciar ni un ápice a los principios fundamentales de este proceso, mostrar que somos conscientes de cuánto falta por hacer, de cosas que tenemos que reconocer nuestras carencias con un ánimo crítico.
―También existe un núcleo de antikirchnerismo duro, donde parece que habita la verdadera crispación de estos tiempos, sobreestimulados por las grandes corporaciones mediáticas.
―Si, por supuesto. Acá hay que tener claro que así como decimos que hay un kirchnerismo duro, y hay un espacio grande para ganar, para discutir, para convocar; hay también un antikirchnerismo duro con el cual creo que hay poco que hacer. Pero además hay sectores de poder, muy jugados en contra, y el caso de los grandes medios es el más evidente. Esto obliga a seguir peleando contra la concentración mediática, y al mismo tiempo a mejorar cualitativa y cuantitativamente el alcance y las formas de nuestra comunicación, y no me refiero solo a los medios, sino a la militancia también. Hay un dato muy positivo que tiene que ver con la imagen de la presidenta, y es que sigue estando arriba de cualquier sondeo electoral. Entonces quiere decir que hay algo que han hecho los Kirchner que ha impactado en la sociedad, aunque hay sectores que se sienten disconformes con algunas cosas, cansados de otras, o que quieren buscar alguna novedad, o están seducidos no entiendo por quien, porque no hay discursos muy seductores, aunque concedamos esta posibilidad. Pero esto es un estímulo para trabajar, quiere decir que no todo es antikirchnerismo de todo ese porcentaje que no nos votó, hay antikirchnerimos más o menos duros, y hay gente que tiene diferencias, críticas, y sobre lo cual me parece que se puede incidir.
Entrevista publicada en la edición 131 del periódico El Eslabón.

