
Central, que afrontará en este semestre tres torneos –entre el certamen local y las copas Argentina y Sudamericana–, es uno de los pocos equipos de Primera que aún no concretó la llegada de refuerzos.
La mayoría de los medios deportivos, una vez evaporada la fiebre mundialista, se encargan por estos días de repasar las transferencias realizadas por los clubes del fútbol argentino –generalmente bajo el poco ingenioso título de «altas y bajas»–, y los fanas canayas chocan día a día con una cruda realidad: el casillero «altas» aparece, hasta aquí, completamente vacío. Salvo, claro está, que se incluyan en esa categoría a dos futbolistas que retornan a la institución tras vencerse sus respectivos préstamos: Yeimar Gómez (defensor, de Tiro Federal) y Javier Correa (delantero, de Olimpia de Paraguay).
Entre las bajas, en cambio, se pueden leer los nombres de Lisandro Magallán (regresa a Boca una vez vencido su empréstito), Jesús Méndez (sin club, lo pretenden Colón y Belgrano), Gonzalo Castillejos (firmó nuevamente en Argentinos Juniors), Francisco Dutari (en busca de su destino), y la joyita que el club decidió vender en el mercado local: Federico Carrizo. El Pachi, después de varias idas y vueltas y pese a la existencia de ofertas del exterior, emigró a Boca a cambio de 2.700.000 dólares por el 60 por ciento de su pase y ya debutó con la camiseta xeneize en un amistoso en el que el equipo de Bianchi perdió ante su homónimo de Corrientes.
Lo cierto es que, aunque Russo puso el ojo en futbolistas del exterior y la dirigencia aseguró que hará lo posible por cumplir los deseos del entrenador, Central le hizo frente a los tres amistosos preparatorios (0 a 0 con Patronato de Paraná; 3 a 2 al Sportivo Belgrano de Córdoba, con tantos de Abreu, Medina y Acuña; y 1 a 1 con el descendido Colón de Santa Fe, con gol del chaqueño Medina), y –aparentemente– encarará lo que viene con la base del equipo que logró el objetivo primario de enterrar al fantasma del descenso cosechando una buena cantidad de puntos en la temporada pasada, y que se dio el gusto de quedarse con los dos clásicos que se jugaron en la ciudad desde su retorno a la máxima división del fútbol argentino.
Lo que viene, en el horizonte canaya, es ni más ni menos que la participación en un certamen internacional después de ocho largos años (debutará en la Copa Sudamericana el jueves 4 de septiembre, recibiendo a Boca en el Gigante); el famoso torneo ahora denominado “Campeonato de Primera División 2014” del fútbol argentino (arranca enfrentando como local a Quilmes, el viernes 1 de agosto); y la tercera edición del campeonato que pretende ser el más federal de los organizados por AFA, y en el que dará el puntapié inicial enfrentando a Juventud Unida Universitario de San Luis (el 26 del corriente en Alta Córdoba a las 16): La Copa Argentina.
Es una copa de lo mejor
El certamen que reúne a equipos de distintas categorías del fútbol nacional y que fue reflotado por la AFA en la temporada 2011/12, ya se había disputado en dos ocasiones a fines de la década del 60. En ambas, Central se enfrentó con su clásico rival y lo eliminó.
La primera edición de la Copa Argentina fue en 1969 y se desarrolló con el fin de clasificar un equipo a la Recopa Sudamericana 1970. La modalidad de disputa fue por eliminación, en partidos de ida y vuelta, y participaron los elencos de Primera, el campeón de la B (Almagro), y doce clubes del interior del país como invitados. El ganador fue Boca, pero como participaba de la Libertadores por conquistar el Nacional fue reemplazado por el subcampeón Atlanta.
Tras superar a Quilmes (3 a 2 y 4 a 0), el canaya se midió con Newell’s en los octavos de final. El partido de ida se disputó el miércoles 12 de febrero, en la vieja cancha de Arroyito, y terminó sin goles. En el desquite, jugado tres días más tarde en el Parque de la Independencia, el equipo que por aquel entonces dirigía Miguel Ignomiriello se impuso por 3 a 2, con tantos de Carlos Timoteo Griguol, Enzo Gennoni y Raúl Castronovo, y se dio el gusto de eliminar a su eterno rival. Central, que formó aquella tarde con Carnevali; Fanesi, Poncini, Mesiano y Sesana; Griguol, Alberto Hijitus Gómez y Bustos; Genonni, Bedogni y Castronovo; dejaría luego en el camino a Lanús y se despediría en semifinales tras perder con Atlanta.
Un año después, los equipos rosarinos volvieron a encontrarse en la misma instancia de la Copa. El miércoles 11 de marzo, los auriazules se impusieron en su estadio por la mínima diferencia, producto del tanto señalado por Agustín Balbuena, y como en la revancha no se sacaron diferencias, volvieron a dejar afuera a la Lepra. El equipo que conducía técnicamente Enrique Omar Sívori, formaba con Biasutto; José Jorge González, Alberto Fanesi, José Mesiano y Alberto Carrascosa; Carlos Colman, Miguel Bustos y Julio Correa; Balbuena, Raúl Castronovo y Alberto Gómez; y sería eliminado en la fase siguiente por San Lorenzo. Curiosamente, el torneo quedaría inconcluso ya que nunca se disputó el partido desquite de la final que protagonizaban el Ciclón y Vélez.
Artículo publicado en la edición 152 del semanario El Eslabón.
