
Los medios hegemónicos no van a poder derrocar al gobierno. Pero producen un grave daño, de difícil reparación, a la democracia y a los límites entre lo verdadero y lo falso. Jekyll y Hyde se diferenciaban entre sí menos que Nisman y Nisman. El escandaloso discurso de Lorenzetti, impune en medio de la confusión.
Además de intentar dañar al gobierno, los medios hegemónicos al servicio de los poderes fácticos buscan ocasionarle una nueva derrota cultural a la sociedad argentina. Y esto implica lo político, lo social, y también lo discursivo, que es una de las formas de la construcción social.
El malogrado fiscal Alberto Nisman firmó documentos que afirmaban cosas contrarias, antitéticas, irreconciliables. Se desmintió a sí mismo. Hizo trizas los fundamentos de la lógica más elemental. Destruyó la lógica primaria sobre la que se erigió todo el edificio de la racionalidad en Occidente. No se puede ser y no ser al mismo tiempo. No se puede ser “A” y “No A” a la vez, dicho en términos de lógica matemática.
La manipulación de los poderes fácticos veja a Aristóteles y a todos los que lo siguieron en la historia de la filosofía. Destruye a diario los fundamentos del Derecho. Todo esto, y más, para intentar desestabilizar a un gobierno elegido y apoyado por las mayorías.
Al no poder voltear al gobierno a través de un golpe como los de antes, apoyados en la violencia brutal de las fuerzas armadas, trasladaron esa misma violencia, igualmente brutal, pero en el plano simbólico, al terrero de la cultura, la discursividad y la verdad. Los efectos no son los mismos y la comparación es incompleta y defectuosa, pero necesaria para dejar en claro que no sólo la violencia física es violencia, y que en todas sus formas la violencia produce daños al conjunto de la sociedad.
Los Nisman superaron largamente el trastorno psiquiátrico que describe la novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde publicada por Robert Louis Stevenson en 1886, que muestra cómo una misma persona puede poseer dos personalidades distintas, antitéticas, incompatibles entre sí.
El cínico y escandaloso discurso proselitista del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, sólo es posible por la destrucción cultural que producen los medios hegemónicos. Porque los poderes fácticos que intentan desestabilizar al gobierno producen, además, impunidad discursiva, entre otras impunidades. Se puede decir cualquier cosa, cualquiera, pero cualquiera-cualquiera, sin límites.
A Nisman lo desmintió Nisman. A Lorenzetti, la propia Corte que preside. Elisa Carrió anunció un auto-golpe para el domingo 1 de marzo de 2015. La pitonisa va invicta: nunca acertó ni uno solo de sus vaticinios. En los países que ella admira y sirve hubiera tenido graves problemas, para no hablar qué le habría sucedido de haber vivido en otras épocas pretéritas, en las que los adivinadores se tenían que hacer responsables de sus vaticinios. Pero no.
Estamos en problemas. Y son problemas graves, que van mucho más allá de un gobierno.
En otras circunstancias, sólo le cabría a Lorenzetti internación, imputación, burla y repudio generalizados. Pero gracias a la confusión que producen los poderes fácticos, apenas una parte de la ciudadanía cuenta con la información básica necesaria para darse cuenta y denunciar el escándalo y las intenciones destituyentes de su discurso.
No es una pequeña parte de la ciudadanía la que padeció y ahora denuncia las escandalosas palabras de Lorenzetti. Todo lo contrario. Es una enorme mayoría. Pero justamente, una de las tareas fundamentales de los poderes fácticos es intentar invisibilizar, ignorar, desanimar y despreciar a esa mayoría. No van sólo contra el gobierno, embisten contra la sociedad argentina y la democracia.
Se puede decir cualquier cosa y más, porque se cuenta con la devastación cultural que los poderes fácticos promueven. Se puede decir cualquier cosa porque se sabe que para los sectores de la población rehenes del discurso de los medios hegemónicos eso que dicen será verdad si lo dicen ciertos medios, y será mentira si lo dice el gobierno.
Se hizo pedazos el criterio de verdad. Se afectó gravemente la relación entre el lenguaje y la realidad, otra de la bases de la racionalidad occidental. Si Clarín dice que llueve, llueve. Y hay algunas personas que, entonces, tras la afirmación de Clarín, salen con paraguas y, en medio de un sol que raja la tierra y les derrite el paraguas, afirman “cómo llueve che, qué diluvio”. Sí, en cambio, el gobierno nacional dice que llueve mucho, hay gente que sale de sus casas nadando y dice “qué solazo, yegua hija de puta”.
El lenguaje organiza no sólo la expresión verbal y escrita. También estructura el pensamiento. Minando el funcionamiento del lenguaje se afecta la posibilidad de la comunicación, de la política y de la democracia.
Nisman intentó acusar a la presidenta y desestabilizar a un gobierno con mentiras. Lorenzetti, un funcionario que no fue elegido por el voto popular, intentó responder los dichos de la presidenta. Se tomó ese atrevimiento. Hizo un papelón, y ofreció una alocución chata, vacía, llena de lugares comunes y mentiras. Títere de Clarín. Fue desmentido a las pocas horas por la Corte que él mismo preside.
En su discurso ante la Asamblea Legislativa, la presidenta Cristina Fernández ofreció casi cuatro horas de una pieza oratoria basada en datos duros, hechos, cifras, estadísticas y reconocimientos que emanan de actores sociales internacionales, insospechados de kirchnerismo, ajenos a la manipulación que tiene lugar en la Argentina. Ofreció razones, argumentos, sentido. Por eso les resulta imperdonable a los poderes fácticos, que se apoyan en la destrucción sistemática del sentido. Por eso siguen mintiendo.
Fuente: El Eslabón.
