
El imperio ya no marca la agenda, ni gobierna el patio trasero. Se quedó sin razones ni fundamentos. Sólo le queda la fuerza bruta de las armas, la pura coerción. Son otros tiempos. Pero el sueño inconfesable de los candidatos neoliberales es restaurar el estatus colonial.
A Barack Obama le dieron para que tenga y para que guarde. Los presidentes progresistas de la región lo bombardearon con verdades. Se las dijeron en la cara. Las arrojaron contra la cara misma del imperio. Fue un acto de justicia. Un orgullo para todos los habitantes de este continente. Significó una reivindicación para los que lucharon y dieron sus vidas por la libertad y la soberanía de América latina.
Fue además un homenaje, un acto de verdad y memoria para millones de ciudadanas y ciudadanos. Fue un rechazo claro y tajante al imperio, a toda la triste historia de la injerencia del imperio que apoyó todas y cada una de las dictaduras genocidas del continente.
Fue un rechazo a las ideologías económicas, el liberalismo y el neoliberalismo, que esas dictaduras impusieron a sangre y fuego, y que todavía siguen vigentes.
La VII Cumbre de las Américas que se desarrolló en Panamá hasta el sábado 11 de abril dejó una vez más en claro que muy otros vientos soplan por la región. El patio trasero está cabrero, hay brotes de dignidad, ansias de libertad y recuperación de soberanía.
Y, sobre todo, hay una paciente y esforzada reconstrucción de los fundamentos de una verdadera independencia política, económica y cultural, con equidad y justicia social.
Pero nada de esto es un proceso natural, ni irreversible. “Otros tiempos” es apenas un lugar común, una cuestionable metáfora. La recuperación de soberanía en América latina es un proceso contingente, una construcción social, inestable, problemática, con fisuras, debilidades y contradicciones.
Es una paciente construcción colectiva, una construcción histórica, fruto de decisiones políticas que no son irreversibles. Esas decisiones políticas pudieron haber sido otras en su momento, otras, muy diferentes, y otra sería hoy la historia. Y pueden ser diferentes, asimismo, en el futuro, y otra será la historia. Ante las inminentes elecciones en la Argentina, recordar estas verdades de Perogrullo no está de más.
No ir o ir y plantársele al imperio
Ante la VII Cumbre de las Américas, la opción de los gobiernos progresistas de la región eran dos: o bien boicotear el encuentro y no concurrir, o bien ir, pero para plantarse ante el imperio, para decir lo suyo, para decir la verdad. Plantarse, con dignidad. Hablarle a Barack Obama de igual a igual. Y exactamente esto fue lo que hicieron.
En principio, antes de la cumbre, exigieron la presencia de Cuba. De lo contrario no concurrirían. Y lo lograron. Primera victoria, primer acto de dignidad, antes del inicio de la cumbre. Y después, ya en la cumbre, le dieron a Obama para que tenga y para que guarde. Le tiraron con la historia, con la verdad, nada más ni nada menos.
Obama se quedó sin palabras. Hizo un papelón. Raúl Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández le arrojaron una avalancha de verdades. Le tiraron con la historia.
No atacaron a Obama con misiles, ni le dispararon con drones, que son las armas preferidas y más utilizadas por el presidente de EE.UU. y absurdo premio Nobel de la Paz.
Nada de eso. Los presidentes progresistas de América latina no agredieron físicamente a nadie. La violencia física está del otro lado. La fuerza bruta criminal y la prepotencia militar son recursos del imperio, de los poderes fácticos y las corporaciones.
La brutalidad y la mentira es lo único que le queda al imperio por estos días. Frente a esto, la región se defiende con la historia, con la verdad, con razones y argumentos.
Eso se denomina batalla de ideas. Y América latina la ganó por goleada en Panamá.
El patio trasero ya no es tal. Es una región que lucha día a día por la soberanía y la independencia. Es un proceso que se va haciendo, cada día, sin fórmulas, con aciertos, con errores, con avances y retrocesos.
Pero cada vez son más los países que no se arrodillan ante el imperio. Incluso los gobiernos que todavía siguen pegados al paradigma neoliberal (México, Colombia, entre otros) se ven obligados a cambiar de actitud, o al menos disimular. Soplan otros vientos y todos lo saben.
Los procesos posneoliberales que se desarrollan en la región (Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina) más allá de sus problemas, sus diferencias y los muchos desafíos que enfrentan, produjeron este cambio de época, de paradigma, y en Panamá le dieron una verdadera lección al imperio.
Pero en cada rincón de América latina, también en la Argentina, están los que sueñan con volver al paradigma colonial anterior. Están agazapados, disimulados, disfrazados. Van a la Embajada, reptan, cipáyicos, entre sueños inconfesables.
