
Yo no sé, no. El número de jugadores ya daba más que para un picadito, y eran más, como tres o cuatro equipos de 11 en la cancha grande. Le quisimos dar algo de seriedad y pronto armamos un cuadrangular. Y como alguien hacía de referí y no había camisetas como para diferenciar dos equipos distintos, los partidos se jugaban uno con camiseta cualquiera y el otro en cuero. Como todo comenzó cerca de las cuatro de la tarde, el sol que te pegaba en el lomo, a poco de comenzar se empezó a sentir a aquellos que no tenían la fortuna de revolear la camiseta en cada gol. En realidad todavía no se usaba esa clase de festejo.
Los veranos en que no íbamos al puente o al arroyo Saladillo se nos daba por ir a la Florida. Y ahí sí, para el mediodía había que tener el cuero bien curtido por la poca sombra que había, ya que eso de los protectores, ni ahí. Tardamos años en encarar el Sapolán Ferrini, y nos parecía que ponerse cremas era una cuestión de flojos.
Lanusse –o eso que algunos llamaron la dictadura blanda después de Onganía y de Levingston, después de la masacre de Trelew y de proponer unas elecciones amañadas con el gran acuerdo nacional que proponía–, salió a decir que a Perón no le daba el cuero para volver y presentarse a elecciones. A los yankis, como a los ingleses y franceses, ya no les daba el cuero en Vietnam y salían derrotados, colgados de los últimos helicópteros.
A la dictadura cívico militar eclesiástica no le dio el cuero para mantener las normas de la guerra que ellos mismos decían que estaban librando, y apelaron a la desaparición masiva de todo aquel que se le resistía, estando armado o no.
A algunos candidatos, al acercarse la hora de la verdad, parece que no les da el cuero y optan por no enfrentar a las urnas.
Pedro me recuerda cuando la derecha, a principio de los setenta, se presentaba a elecciones guionada por los Alsogaray con el partido Nueva Fuerza, y llevaban a Chamizo, y se les dio por regalar camisetas de fútbol a los pibes. El equipo de Ricardo ligó una, me parece que con la leyenda: “Los argentinos queremos goles”.
“Sabés –me dice Pedro–, que la derecha para mí está repartiendo algunas camisetas en distintos equipos como poniendo huevos en distintas canastas”. “No importa –reflexiona en voz alta–, si tenemos que jugar con la mitad del equipo sin camiseta, sabemos que a estos compañeros les da el cuero como para llegar hasta el final”. Yo no sé ¿Pedro estará pensando en las fórmulas presidenciales?
