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Yo no sé, no. Flaquito, veloz, con una pegada que daba envidia y con la pelota pegadita al pie, que se mandaba unos dribling de ida y de vuelta, así jugaba Pedrito, como haciendo magia. Y no era magia, eran horas de patear con alegría la pulpito. “Era medio morfón –cuenta el otro Pedro–, hasta que aprendió a levantar la cabeza y jugar para el equipo”.

En Newell’s había parecido un 9 que le había echado un ojo Sívori para Central, era el Mono Oberti, que al poco tiempo alguien lo bautizó “el Mago”; es que con una sola pierna, en un par de metros, parecía hacer magia. Pero no era magia, era destreza individual en función de equipo.

Con el Peludo se incluyeron los sectores medios a la política, ensanchándola con más democracia. Y no fue magia, era un proceso histórico que le doblaba el brazo a las minorías conservadoras.

Un 17 de octubre, con el Pocho, se incorporaban a la vida política social y económica, los trabajadores, y no fue magia, era el proceso histórico que volvía (el de las mayorías), a dar vuelta el destino.

Cuando en los setenta parecía que los procesos históricos volvían con una magia a favor de los pueblos, algo pasó. Y no fue sólo la magia la derrotada, sino las democracias de Uruguay, Chile y Argentina.

En México, el Diego parecía no terminar nunca de inventar jugadas mágicas. Mientras tanto, en la patria, al proceso alfonsinista los sectores conservadores le proponían otros naipes, otras condiciones.

Y luego apareció Menem, pero cuando se afeitó las patillas, la ilusión de un caudillo popular que volvía a ensanchar la democracia se desvanecía. No nos dio tiempo ni a ilusionarnos, el nuevo naipe ya estaba en la mesa: una carta, un peso; otra carta, un dólar. Y no tenía nada de mágico.

El otro día apareció un pibito con pinturitas en la mano jugando a que hacía la tarea para ir a la escuela. “Cuando tenga cinco –me dijo Pedro cuando lo vio–, y vaya a la escuela con el entusiasmo que va el hermano y los otros pibitos más grandes, será que pasó el mal tiempo y que los naipes de los monetaristas liberales no están en juego”. Y después agregó Pedro: “Cuando los pibes como el Varion, vayan a la escuela con su sonrisa gobernando el camino de ida y vuelta, nos parecerá algo mágico, aunque todos sabremos que las políticas de inclusión siguen dando resultado, y que no fue magia”.

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