La boxeadora villagalvense, que viene de retener el título mundial supermosca tras noquear a la japonesa Tomoni Takano en Tokio, reivindica el papel del Estado para con el deporte en los últimos doce años.
Hija y hermana de boxeadores, a Daniela la pasión por el deporte de los guantes se le despertó en la adolescencia y, aunque admite que comenzó como un hobby, hoy es su forma de vida. “Desde chica miraba mucho con mi papá a Sugar Ray Leonard y me gustaba mucho como boxeaba”, dice La Bonita, que así es como se la conoce en el ambiente del planeta pugilístico, y rememora sus inicios: “Una vez lo fui a ver pelear a mi hermano Gustavo, con mi papá que también fue boxeador, y me gustó tanto que les comenté a los dos que quería empezar a entrenar. Al principio era como un hobby, un pasatiempo, pero con el tiempo me fui enganchando y enamorando de este deporte y hoy es mi vida”.
Daniela arrancó a los 14 años y antes de decidir que se iba a dedicar al boxeo, laburó como empleada doméstica y hasta como albañil. “Empecé a entrenar de chica pero no sabía que el box me iba a cambiar la vida como me la cambió”, dice la campeona del mundo, y recuerda la primera vez que subió a un ring: “Fue en Arroyo Seco, y gané por nocaut en el segundo round”.
De Gálvez a Japón
Por primera vez en su trayectoria, la rubia boxeadora traspasaba las fronteras de nuestro país para representarnos en el exterior. Dio la vuelta al mundo hasta llegar al Korakuen Hall de Japón, donde el miércoles 11 le bastaron cuatro asaltos para derribar a la crédito local Tomoni Takano y retener el cinturón supermosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB). “Fue una experiencia muy linda. Era mi sueño, viajar y pelear afuera, y por suerte se me dio”, cuenta La Bonita que estiró su récord como profesional a 18 victorias (6 de ellas por nocaut), 3 empates y sólo 2 derrotas; y reconoce: “Fue la pelea más importante de mi carrera, porque era la primera vez que peleaba afuera y había muchos argentinos esperando a los que no queríamos defraudar”.
Pero la contienda por el título no comenzó en el momento en el que sonó la campana, porque según comenta Bermúdez, “desde que me avisaron que iba a pelear afuera me puse a trabajar con mi papá, mirando videos” de Miss Encanto Takano, como se la conoce a quien fue su rival. “Sabía que era alta, más alta que yo”, indica en referencia a los 13 centímetros que la diferencia de la retadora. Y añade: “También jugaba el tema de los nervios, los cambios de clima y de horario. Pero mi papá me entrenó bien y se pudo hacer una buena pelea”.
La diferencia horaria con el país asiático obligó a la campeona a instalarse en la capital nipona diez días antes, junto con el equipo de trabajo liderado por su padre. “Pensábamos que nos iba a afectar más. Un par de días anduvimos medio dormidos pero después nos acostumbramos”, remarca, y reconoce que en el Gimnasio de la Unidad Básica de su localidad natal se entrena “todos los días en doble turno”, pero que para este combate “me entrené más, porque cuando peleás afuera sos visitante y siempre es más difícil”.
Durante su estadía, Daniela aprovechó para recorrer las calles japonesas “mirar un poco y conocer”, aunque la dificultad del idioma “hizo todo muy difícil, porque no entendíamos nada”, dice entre risas, y cuenta sus sensaciones: “Me sorprendió la gente, que es muy amable, muy respetuosa. Y también la ciudad, que es muy limpia. Imaginate que yo llevé zapatillas blancas y volvieron blancas”.
Mi papá es un ídolo
Un pilar fundamental en la carrera de la boxeadora de 26 años es su padre y entrenador Lindolfo Tito Bermúdez, también con pasado arriba del cuadrilátero. “Cuando comencé a entusiasmarme con el boxeo mi papá no dudó y empezó a entrenarme”, recuerda Daniela sobre el ex campeón chaqueño y rosarino en la categoría Livianos.
Para ganarle a la japonesa, La Bonita llevó adelante uno de los consejos que siempre le remarca Tito, y a pesar de la supremacía que ejerció desde el primer round, apostó a la paciencia suficiente para mandarla a la lona. “Mi viejo siempre me dice que el nocaut llega solo, no hay que buscarlo”, subraya quien tiene a la Tigresa Acuña entre sus preferidas.
“Ahora volvemos a entrenar y a esperar lo que diga mi promotor para saber con quién será mi próxima pelea”, señala la campeona mundial, y desafía: “Yo estoy para pelear con todas”.
Combate electoral
Ante la inminente pelea en las urnas este domingo entre el candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, y el de Cambiemos, Mauricio Macri, Daniela Bermúdez se baja del cuadrilátero para opinar sobre la gran final del año.
“No soy de hablar mucho de política, pero esperamos expectantes con mi familia para ir a votar el próximo domingo”, aclara la púgil, que desea que “quien gane en esta segunda vuelta haga algo bueno por el deporte porque en nuestro país costó mucho llegar adonde se llegó”.
La oriunda de Villa Gobernador Gálvez no guarda elogios a la hora de reconocer virtudes de las políticas llevadas a cabo por el actual gobierno nacional. “Nosotros, los campeones, tenemos un sueldo gracias a la presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) y eso nos ayuda para las dietas, las vitaminas, que muchas veces cuesta mantener todo eso”.
Con este gobierno tuvimos ese sueldo mensual que nos ayuda mucho a mí y a mi papá”, defiende la Bonita, y golpea sosteniendo que con un posible triunfo del líder del PRO “se pueden perder todos estos logros”, y remata: “Antes, al boxeo nadie le daba mucha bolilla, y este gobierno sí se metió de lleno y apostó a este deporte”.
Una pelea clásica
Los combates que suele tener la boxeadora no sólo suceden arriba de un ring, ni siempre se dan ante una colega. Fanática de la Lepra, Daniela Bermúdez mantiene una relación amorosa con un Canaya. “Vivimos juntos, pero a los clásicos los miramos separados. Él se va a la casa de sus padres y yo a la de los míos, para no charlar mucho”, cuenta entre risas, aunque advierte que a pesar de las diferencias en el amor por los colores “el trato en este tema siempre es con respeto y no existen peleas por eso”.
Por último, confiesa que si bien su pasión es el boxeo –donde además de los mencionados Sugar Ray Leonard y la Tigresa Acuña, admite admirar al Chino Maidana y a Maravilla Martínez–, no deja de estar atenta a lo que ocurre en el mundo de la redonda: “Me gusta mirar fútbol, seguir a mi equipo –yendo a la cancha o por la tele– y a la Selección Argentina”.
Fuente: El Eslabón.

