Foto: Diaadia
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Los anticipados anuncios de devaluación y eliminación y baja de retenciones en granos y carne que hicieron Macri y su equipo económico generaron aumentos “preventivos”. Supermercadistas, almaceneros y carniceros de la ciudad dicen que las subas son “injustificadas” y mostraron preocupación.El gobierno de Mauricio Macri ya arrancó. Pese a los notables esfuerzos que hace el frente Cambiemos y sus amigos, los medios hegemónicos, en generar confusión y endilgar culpas a la administración saliente de CFK diciendo que deja un “campo minado”, los movimientos especulativos alrededor del dólar y la suba de precios en productos de la canasta básica y medicamentos que se observan en estos días de transición política hacia el nuevo gobierno responden a los anuncios anticipados de devaluación, eliminación de retenciones y quita de subsidios en servicios públicos que hizo Macri y su equipo económico. Todas medidas inflacionarias… para combatir la inflación, “el principal problema de la Argentina”, según el líder del PRO.

La revelada unificación del mercado cambiario y la posible eliminación de los controles a la compraventa de dólar, la quita de derechos de exportación a granos y carne, y la potencial suba de tarifas armaron una gran ola especulativa que tiene su correlato en mostradores y góndolas de supermercados y comercios locales, con incrementos de hasta un 25 por ciento en alimentos y bebidas, lo que afecta principalmente a sectores de menores recursos, a los asalariados y a jubilados. Esto se da en un contexto de baja tasa de desempleo y un mercado interno dinámico con un consumo activo.

Para el macrismo y sus voceros no se trata de una escalada de la inflación, sino de un “sinceramiento” de precios: una artimaña discursiva para intentar que el kirchnerismo pague los costos de la devaluación en ciernes. En diciembre no hay paritarias. Es decir que si se producen aumentos desproporcionados de precios y no hay un incremento en los haberes que acompañe esas subas, se produce una pérdida en la capacidad de compra, una caída del salario real.

Un clásico de fin de año es el reclamo de un bono salarial. Estamos en diciembre y se escuchó hablar poco y nada del plus de fin de año. Hasta el momento sólo la CTA hizo público un pedido extra para las fiestas a fin de compensar el aumento de precios. El resto del arco gremial parece estar expectante ante el recambio presidencial, mientras algunos dirigentes avisan que no están dispuestos a retroceder y que van a defender el poder adquisitivo de los salarios.

Remarquemos

Supermercadistas, almaceneros y carniceros de Rosario coincidieron en que desde hace dos semanas reciben de parte de fabricantes y proveedores aumentos de precios “injustificados”. El precio de la bolsa de harina subió 70 por ciento: la de 50 kilos pasó de 140 a 240 pesos. Esto impacta en los productos panificados y pastas. Los diferentes cortes de carne vacuna aumentaron en promedio un 20 por ciento; el pollo un 25 por ciento; aceites un 10 por ciento; y medicamentos entre el 10 y el 25 por ciento, entre otros ejemplos.

“Venimos recibiendo listas de la industria con aumentos que oscilan entre el 8 y el 15 por ciento sin tener una explicación sobre cuál es el motivo de estos aumentos”, señalaron desde la Cámara de Supermercados de Rosario y la Región (Casar) por medio de un comunicado. “Estos aumentos pueden provocar una caída en las ventas”, alertaron desde la entidad que preside Verónica Solmi.

“Los supermercados no queremos aumentar los productos, ni somos formadores de precios. Por otra parte para tener mercadería debemos pagar lo que nos piden los proveedores, siendo rehenes de la industria”, se quejaron desde Casar, y completaron: “Queremos hacer frente a esta situación llevando prudencia en esta época del año, y resistir subas desproporcionadas para que las mismas no las termine pagando el bolsillo del cliente”.

Juan Milito, del Centro Unión de Almaceneros de Rosario, dijo que las subas que más se notan desde el lunes después del balotaje son en bebidas, alimentos derivados de la harina y lácteos. “Esto obedece a un escenario previo a la devaluación, que de manera inédita en el país se anunció con más de un mes de anticipación”, evaluó el comerciante en diálogo con el eslabón. Y añadió: “Esto es doblemente perjudicial. Porque una devaluación brusca de por sí es un problema, y encima anunciada tanto tiempo antes genera expectativa inflacionaria”.

Milito sostuvo: “Estamos teniendo reuniones con mayoristas para que entreguen productos que están dentro del plan Precios Cuidados y para que podamos sostener los precios. Hay mucha desorientación porque no se sabe bien con qué dólar se va a manejar la economía. Lo que sí es seguro que los precios no van a bajar, al contrario”.

“Si bien hay proveedores que retienen mercadería, todavía no tenemos escasez de productos. Tampoco hubo baja del consumo. Es un momento especial. Entre las fiestas y el aguinaldo la población consume. Pero el impacto inflacionario se va a sentir con más fuerza a partir de enero”, consideró.

“El asado está a medio hacer, y encima nos estamos quedando sin carbón”, dijo José García, presidente de la Sociedad de Carniceros de Rosario, al graficar con una metáfora parrillera la situación de incertidumbre en el sector por el futuro económico del país. “Hace quince días que los frigoríficos nos venden la media res con aumento. La suba acumulada ronda el 26 por ciento, pero a los mostradores trasladamos un 20 por ciento de aumento en los diferentes cortes”, le contó García a este semanario.

“Los carniceros no tenemos stock porque es una mercadería perecedera. Algunos productores pueden retener ganado (por la especulación con relación al valor del dólar), pero lo cierto es que hay mucho temor por lo que pueda suceder. Y si la carne sigue aumentando vamos a tener una baja en el consumo, vamos a vender menos”, razonó García.

El proyecto del presidente electo de eliminar retenciones al trigo, maíz y carne, y bajar 5 por ciento a la soja (de 35 a 30 por ciento) y concretar una liberalización financiera, generó que muchos productores/exportadores optaran por no vender y especular. La ecuación es sencilla: si comercializan ahora lo harán a un dólar a 9,60 y quizá en dos semanas, cuando gobierne Macri, lo hagan a un dólar a 15 pesos. El jefe de la Afip, Ricardo Echegaray, aseguró que los ruralistas tienen un stock global de soja, maíz y trigo por 11.300 millones de dólares sin comercializar.

La última medición del índice de precios al consumidor nacional urbano (Ipcnu) realizada por el gobierno de Cristina Fernández indicó que en octubre la inflación fue de 1,1 por ciento. Mediciones privadas calcularon para noviembre entre el 2,5 y 3 por ciento de inflación.

Días atrás, el Ministerio de Economía detectó alzas de precios del 10 al 20 por ciento en productos de consumo masivo y medicamentos, y aplicó multas a supermercados por casi 8,5 millones de pesos, mientras les llamó la atención a fabricantes y laboratorios, que deberán justificar las subas si no quieren ser castigados económicamente. Si bien los principales diarios nacionales apuntaron contra el ministro de Economía Axel Kicillof por atribuir al gobierno entrante la disparada de precios de noviembre, en realidad fueron las propias empresas y comerciantes las que reconocieron las subas y las remitieron a que en dos semanas habrá devaluación, según los anticipadísimos anuncios de Macri.

La psicosis que generaron las revelaciones devaluatorias del ex presidente de Boca se reflejó también en la fiebre verde de miles de ahorristas que pretendieron comprar divisas en malón e hicieron colapsar la página de la Afip. Echegaray, titular del organismo, le dio una interpretación política a la alta demanda de billetes estadounidenses para atesorar y dijo que los ahorristas “salieron a cubrirse a mansalva” frente a las expectativas de devaluación.

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