Ismael Quevedo, uno de los profes de fútbol de Italia Oeste, modesta institución del populoso barrio Belgrano, asegura que el objetivo es formar a los pibes más allá de un posible futuro en el mundo de la redonda.
Ismael se levanta todos los días a las 4 de la mañana para ir a descargar camiones en el Mercado de Concentración Fisherton. El tipo levanta cajones y cajones de manzanas, papas, ciruelas y melones. Y después de semejante trajín le quedan ganas de acercarse a la canchita de Pampa y México (a unas cuadras de Montevideo y Avenida de Circunvalación) para entrenar a pibes y pibas de la zona y “sacarlos de la calle”, como se encargará de remarcar más adelante.
Con la excusa de correr detrás de una pelota, Ismael y el grupo de profes que labura sin cobrar un peso –y hasta a veces aportando de su bolsillo– llegó a conformar equipos que compiten en las distintas categorías de la Liga Nafir (Nueva Asociación Fútbol Infantil Rosario).
Ponemos todo

En Italia Oeste se hace todo a pulmón. Muy a pulmón. “Acá nos faltan pelotas y conos para trabajar. Es más, algunos padres traen la pelota que los chicos tienen en la casa para que podamos practicar. Tené en cuenta que no recibimos aportes de nadie, ni de la Provincia, ni de la Municipalidad, ni de nadie”, dice con cierto dejo de bronca Quevedo, y destaca: “Acá se sobrevive con el alquiler de la cancha. Cuando tenemos que viajar en colectivo para jugar tratamos de juntar lo que podemos, y si falta algo lo tenemos que poner de nuestro bolsillo”.
“A los chicos no se les cobra cuota mensual”, dice este hombre de hablar pausado que cada tanto devuelve a un toque alguna pelota que llega a sus pies, y tras aclarar que “les pedimos 10 pesos por partido y con eso le compramos el trofeo a fin de año”, cuenta orgulloso que “además del trofeo, que es para todos por igual, como premio extra les regalamos una bicicleta a aquellos que asistieron a la mayor cantidad de prácticas o a los que son buenos compañeros. Las compramos con lo que se recauda en el bufet y el año pasado pudimos regalar 12 bicicletas”.
Ismael reseña que en el predio en el que en la calurosa tarde en que se realizó la entrevista corretean chicos de unos 11 años, “jugaba el Fortín, en la liga de 9”, pero que “después hubo problemas con los grandes y eso se terminó”, y agrega: “Había un cura que era dueño de los terrenos y los cedió para el fútbol infantil. Hace más de 20 años que Italia Oeste está acá. Y yo llegué hace 12”.
“La idea es sacar a los chicos de la calle, que no entren en cosas raras. Vienen chicos de todos lados, algunos son del barrio (Belgrano); otros de Santa Lucía, la mayoría; y también muchos de atrás del Mercado. Y la mayoría de los que pasaron por el club ahora están trabajando”, señala Ismael y cierra tajante: “Más allá de si sale algún buen jugador, que generalmente se lo llevan a otro club y no recibimos un peso porque no estamos federados, lo que sí sacamos son buenas personas. Eso sí”.
A la ronda se suma el presidente de la humilde institución, Santos Ortigoza, resaltando que “cada vez llegan más chicos, porque antes cuando hacíamos la entrega de trofeos venían 150 o 200 personas, y en la última de cena fin de año hubo 400 aproximadamente”.
Hombre mirando al oeste
Hincha de la Lepra y apasionado de este deporte, a Ismael Quevedo no le quita el sueño el hecho de no dirigir en las grandes ligas. Por eso, cuando su hijo se probaba en Newell’s y “lo quisieron mandar a la escuelita de fútbol”, dijo no. Y así recaló en la pelada canchita que está rodeada por las calles Pampa y México. “Apareció un muchacho conocido y vinimos todos para este lado. Y acá me quedé”, cuenta el entrenador que hace cinco años viste los colores de La Azzurra.
En su recorrido con buzo y silbato, Ismael rememora: “Trabajé siete años en Central Córdoba, pasé por Juventud Unida de Pueblo Esther, y después vine para este lado”. Sus inicios se dieron en Villa Gobernador Gálvez, “cuando vivía allá”, pero su logro máximo lo obtuvo en el Charrúa donde dirigió dos años en cancha de 11 (categorías décima y predécima). “Después siempre dirigí infantiles”, aporta el técnico que recuerda que en Tablada “estaba con el Gordo Ricardo Palma”, una de las glorias del Canaya.
Bajo su dirección técnica pasaron tipos como “Paredes, que después llegó a la primera de Central Córdoba, y el Cabezón Claudio Úbeda, que jugó en Central y en Racing”. Además, en la rama femenina también dirigió a Abigail, actual jugadora de la selección argentina. “Es categoría 2000 y salió campeona con nosotros, porque jugamos mixto. Fue en noviembre a una prueba en Carcarañá y quedó”, señala.
Hoy ya está instalado en Italia Oeste, donde se dio el gusto de gritar campeón en 2012 y 2014, y tiene a cargo a 90 pibes aproximadamente entre las categorías 2003 y 2011. Sobre su rutina diaria de entrenamiento, Quevedo cuenta que “con los más chicos hacemos trabajos con pelota”, pero “a los más grandes los hacemos correr un poco, con trabajos más físicos, porque sino en los partidos a los 10 minutos del segundo tiempo ya sacan la lengua”.
Orgulloso por el presente futbolístico del club, subraya que “siempre estamos en la pelea y todos te quieren hacer partido”. Por el extenso torneo de la Liga Nafir desfilan equipos como Sol de Cuyo, Sarratea, América, Fonavi Oeste, Infantiles, Loma Negra, Libertad, Sarmiento, Atlético Donado, Santa Teresita, entre tantos otros. “La realidad de la mayoría es similar a la nuestra, –dice Quevedo– aunque algunos están mejor porque tienen personería jurídica y reciben ayuda de la Provincia”.
De todas maneras, su trayectoria futbolística no sólo estuvo marcada por la dirección técnica. Aunque hoy sigue los partidos desde el banco, en su momento Ismael Quevedo estuvo dentro del rectángulo de juego. “Era un zaguero central de los que raspan, de esos que le pegan a todos”, según se define entre risas.
Pero su carrera con los cortos terminó cuando “me jodí la gamba en un accidente de tránsito y no pude jugar más”. Para seguir ligado al mundo de la redonda, Ismael comenzó el curso de entrenador. “Aún me falta un año para completarlo”, confiesa, y cierra entusiasmado: “Este año capaz que lo haga”.
Fuente: El Eslabón.
