
Mientras los diputados deciden si sigue adelante el juicio político para destituir a Dilma Rousseff, el Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), que encabeza la oposición, ya mostró su programa de gobierno. Se trata de un brutal ajuste neoliberal, como el que se aplica en Argentina.
Mientras por estas horas los diputados están definiendo si se sigue adelante con el juicio político contra la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el pueblo ya tiene bien claro qué pretende la oposición golpista y qué hay detrás de los falsos discursos sobre las instituciones, la democracia y la transparencia.
La Presidenta necesita un tercio de los votos en la Cámara de Diputados (172 de 513 legisladores) para frenar el golpe institucional en marcha. Al mismo tiempo, los dirigentes golpistas tienen que mostrarse confiables y bien preparados ante los poderes fácticos. Por eso hicieron los deberes, mostraron las cartas y exhibieron su plan de gobierno.
Lo que se esconde detrás de las máscaras de los golpistas no es ninguna novedad. Todo lo contrario. Es lo de siempre. Es más de lo mismo. Son los planes económicos excluyentes, que destruyen el mercado interno y benefician a los grupos más concentrados de la economía.
Lo que salió a la luz es un brutal plan de ajuste neoliberal. Para eso los golpistas quieren derrocar a Dilma. Para producir la restauración conservadora, como sucedió en la Argentina. Para asestarle un golpe al proceso que inició Lula y que cambió la estructura social de Brasil.
El Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), que encabeza la oposición y al que pertenece el vicepresidente Michel Temer, mostró las cartas. Hace un par de semana, antes de que dieran a conocer públicamente que se alejaban del gobierno, se supo a través de los medios que ya tenían preparado un plan de gobierno. Y esta semana se filtró una grabación en la que Temer ensaya el discurso de asunción de la presidencia.
En ambos casos el contenido del plan es idéntico: ajuste, reducción de subsidios, recorte de fondos destinados a los programas sociales de vivienda, educación y combate a la pobreza, reforma del sistema jubilatorio y laboral, y privatizaciones, junto a las habituales loas al mercado, las inversiones extranjeras y las precipitaciones de moneda estadounidense. O sea: la vieja y falaz cantinela neoliberal, que se presenta siempre bien sazonada con altas dosis de mentiras y cinismo. El PMDB reconoció que el plan implica ciertos “sacrificios”, pero que son necesarios para beneficiar al pueblo.
“Evaluamos medidas del área social que puedan beneficiar a la población, luchar contra la pobreza pero al mismo tiempo mantener el equilibrio fiscal y la salud de las cuentas públicas: son medidas que ya fueron usadas en Brasil y que son adoptadas en varios países”, dijo el ex ministro y ex gobernador de Rio de Janeiro, Moreira Franco, del PMDB.
Franco también se refirió al contenido del texto denominado “Un puente para el futuro”, donde se detallan las medidas que adoptarían los golpistas si logra arrebatarle el gobierno a la presidencia.
“Nuevas metas fiscales y una ley que fije techos en el uso de recursos públicos”, son eufemismos que figuran en el texto y que remiten a una concepción muy clara de la sociedad, la economía, la política y el papel del Estado: para los neoliberales no existe la “inversión social” sino el “gasto público”, que es el gran enemigo. Las únicas inversiones concebibles, dentro del dogma neoliberal, son las que realizan los empresarios privados, muchos de ellos en paraísos fiscales.
Franco atacó uno de los planes principales de Rousseff, Mi Casa Mi Vida. Dijo que su forma de financiamiento será revisada. “No se puede jugar con el dinero ajeno”, sostuvo el ex colaborador de Dilma, que hoy mutó en uno de los principales articuladores de los planes golpistas con vistas a un eventual gobierno de Temer, que sería una gestión provisional, hasta las elecciones de 2018.
“Es necesaria una meritocracia”, agregó Franco, como para seguir rezando el credo neoliberal sin saltarse ni una línea.
Según reveló el diario O Estado de Sao Paulo, el PMDB también intentaría eliminar la gratuidad de algunas universidades federales y concentrar la ayuda social en solo el 10 por ciento más pobre de la población.
En este marco, Temer no sólo se prueba la banda presidencial sino que también ensaya el discurso de asunción. Y lo graba. Y encima la filmación, de casi quince minutos, “se filtró involuntariamente” y el pueblo brasileño pudo conocer su contenido.
El dirigente del PMDB se dirige “al pueblo brasileño” y llama a todos los partidos a unirse “para sacar a Brasil de la crisis”. El actual vicepresidente, que quiere ser presidente, señala en la grabación que “la gran misión a partir de este momento es la pacificación del país, la unificación del país” y habló además de formar “un gobierno de salvación nacional”.
Como respuesta a esta nueva provocación golpista, el PT comentó en su cuenta Twitter que el prematuro discurso a la nación revela “un golpismo descarado”.
Y la respuesta de la propia Dilma no se hizo esperar: “Se cayeron las máscaras de los golpistas. Ahora conspiran abiertamente, a la luz del día, sin escrúpulos, para desestabilizar a una presidenta legítimamente electa”, advirtió.
La justificación de Temer sobre la filmación rozó lo grotesco: “Estaba preparado para lo que podría suceder el próximo domingo, y les dije a los legisladores: miren, vamos a grabar ahora lo que yo imagino que diría, y entonces hice una grabación donde resalté puntos que siempre he defendido. Resolví mandarla a un grupo de legisladores, que acabó divulgándola”, dijo el dirigente del PMDB, y produjo una catarata de burlas en las redes sociales.
“Seguro que Temer es de esos fans que en el estadio grita los goles antes de tiempo”, escribió un usuario de Twitter.
Fuente: Télam
