
Basura, mucha basura. Grandes montañas de basura que nada tienen que ver con los delicados perfumes que hicieron famosa a Francia. Calles cortadas por piquetes de protesta. Falta de transporte, por medidas de fuerza de los gremios. Refinerías cerradas. Y encima, por temor a nuevos atentados, una ciudad militarizada. Futboleros de toda Europa se encontraron con una ciudad luz en lucha, en medio de protestas que ya llevan más de tres meses y que se profundizan, en rechazo a la flexibilización laboral que quiere imponer el gobierno.
Este martes, 80 mil personas (según la policía), un millón (según los organizadores), marcharon en defensa de sus derechos laborales. Y una vez más, la respuesta de la policía fue la represión: más de cien detenidos y unos 50 heridos.
París fue una fiesta, sí, pero de la lucha obrera, de los sindicatos, de los que se manifiestan a favor de los derechos de las trabajadoras y los trabajadores.
La reforma laboral del gobierno socialista de François Hollande poco y nada tiene de socialista. Ni siquiera es democrática. El gobierno intentó imponerla por decreto, puenteando al Parlamento. De prepo, digamos.
Y el impopular gobierno de Hollande no piensa dar marcha atrás. Quiere forzar a los huelguistas a trabajar, y llegó a afirmar que, en pleno campeonato de fútbol, las medidas de fuerza de los trabajadores son “contra Francia y los franceses”. Lo mismo que dice la derecha, pero en boca de presuntos socialistas que, en realidad, aplican recetas de ajustes de neto corte neoliberal.
En la nota titulada “París es una gran protesta social”, el corresponsal del diario Página|12 en París, Eduardo Febbro, da cuenta de una serie de medidas tomadas por el gobierno de Francia que van de lo represivo a lo ridículo. Si no fuera Francia, si no se tratara de un país que posee un halo de excelencia y virtud a prueba de todo, seguramente la prensa hegemónica, de ocurrir algo similar en América latina, hablaría de “república bananera”. Pero no: en Francia no crecen bananas.
El Ministerio de Interior de Francia, cuenta Febbro, se destacó en medio del caos, por sus ingeniosas consignas de seguridad. Por ejemplo, la Prefectura de París “desató una ola de hilaridad cuando, a través de internet, difundió un texto con algunas recomendaciones a los ciudadanos” entre las cuales figuraba portarse bien dentro de los estadios y en los accesos y no expresar opiniones políticas, ideológicas, ni injuriosas, ni racistas o xenófobas.
Pero las protestas en defensa de los derechos laborales siguen firmes. La Confederación General de los Trabajadores (CGT) realizó una nueva y masiva manifestación este martes 14, tras la enorme movilización del 31 de marzo. “Vamos a proseguir y ampliar la movilización con todas las formas posibles”, señalaron desde la CGT haciendo caso omiso a eso de que el fútbol es la fiesta de todos.
Una encuesta de opinión publicada a principios de junio revela una vez más que 74 por ciento de los franceses se oponen a la reforma laboral, 48 por ciento quieren que el texto sea retirado y 38 por ciento desea cambios en la reforma. En este marco, el porcentaje de aprobación de la gestión del presidente continúa por debajo del 20 por ciento.
Fuente: El Eslabón
