
La violencia encontró nuevo escenario y nuevos protagonistas en el fútbol argentino. Durante el entretiempo de un partido de Primera C, los líneas se tomaron a golpes de puño en el vestuario, uno de ellos terminó en el hospital y el otro en la comisaría.
El hombre iba y venía con el celular en la mano. Se mostraba incómodo en la previa de un Lamadrid-Luján que pasará a la historia no por el triunfo Carcelero, sino por el incidente protagonizado por la terna arbitral, que terminó con un asistente en el hospital y el otro demorado en la comisaría 45. Todo en el marco de un encuentro de Primera C…
Justamente la magnitud del partido habría exasperado los ánimos de Gastón Fernández Landa, que fue designado segundo línea y llegó mal predispuesto a Devoto, lo que quedó expuesto en la charla telefónica. "¿Cómo me van a mandar a este partido?", habría dicho delante de algunos periodistas partidarios. Otro dato sugestivo fue que los jueces no llegaron juntos, como suele ocurrir, sino que recién se unieron en el vestuario. Y antes de que salgan los equipos a la cancha, hubo otro obstáculo: Landa no paraba de hablar por teléfono. "Pará que falta un línea", se escuchó. Así las cosas, la olla iba tomando presión. Solucionado el tema, la pelota comenzó a rodar. Y en el primer tiempo no hubo ninguna acción polémica que preanunciara lo que sucedería.
Es que cuando todos se iban al descanso, los reproches entre los asistentes empezaron a tomar vuelo por razones poco claras. "Vení, vení, a mí no me manda nadie", le habría gritado Landa a uno de sus colegas, según contaron los jugadores en off. Y cuando entraron al vestuario, pasó lo peor: Landa manifestó otra vez su desgano y Rebuscini y Amato le contestaron en forma irónica. Landa, según dicen, les habría revoleado una silla como respuesta, lo que desató la ira de Rebuscini: el línea le tiró un manotazo que impactó en el pómulo izquierdo de su compañero, produciéndole un corte profundo. Alertado, el médico de Lamadrid lo curó provisoriamente usando "La gotita" para que pudiera seguir jugando, pero Landa decidió irse al Hospital Zubizarreta, donde le aplicaron tres puntos. Ante esta situación, Amato siguió el partido sólo con Rebuscini, sin asistente en la zona defensiva de Lama. Por suerte para él, no tuvo acciones polémicas aunque nadie imaginaba lo que sucedería al final: la Policía, por denuncia de Landa, se llevó demorado a Rebuscini, acusado de lesiones leves. Este y Amato declararon durante una hora y hasta allí llegó también Landa quien ratificó su testimonio. Después, cada uno se fue por su lado, como habían arribado al estadio. Aunque a esa altura, ya nada era igual para los protagonistas de uno de los mayores papelones del arbitraje argentino.
(Fuente: Diario Olé)
