El volante portugués del Besiktas, Ricardo Quaresma, quiso tirar una rabona en el partido ante Bursapor –por la Liga de Turquía–, pero se hizo un nudo y, como si fuera poco, terminó pegándole una patada desde el suelo a un rival, lo que le valió la expulsión.
Debe haber sido el peor día de su carrera futbolística porque el pobre Qaresma no le salió una. Amante de los lujos y los chiches, el jugador portugués intentó una rabona en un encuentro del torneo turco, pero se terminó resbalando aparatosamente y perdiendo el balón. Para colmo, como si lo anterior no fuera suficiente, desde el verde césped, donde quedó desparramado tras la frustrada cabriola, le propinó semejante puntapié al rival que le había birlado la pelota, que al árbitro no le quedó otra que mostrarle el segundo cartón amarillo y mandarlo a las duchas. Para que aprenda.
