El filme había sido calificado por el crítico como muy bueno.
El filme había sido calificado por el crítico como muy bueno.

El periodista Claudio Minghetti fue despedido del diario La Nación a raíz de una crítica positiva que redactó sobre Juan y Eva, película dirigida por Paula de Luque sobre el romance entre Eva Duarte y el tres veces presidente Juan Domingo Perón.

"Me fueron de La Nación, cortaron la piola por lo más débil", afirmó Minghetti este viernes en diálogo con Radio América.

El periodista comentó que la coincidencia de que la presidenta haya recomendado la película el mismo día en que él habia publicado una crítica favorable de la misma, no fué muy grata para el diario.

"En cuanto al contenido periodistico, el diario La Nación nunca hace una observación previa salvo en temas de política (en espectáculo nunca ocurre) pero en los últimos tiempos están poniendo el ojo sobre la sección de cultura y la participación del Estado en ese sector", manifestó el crítico.

"Ayer (por este jueves) fui a buscar mis cosas y la gente del diario comenzó a saludarme. De golpe veo que del resto de las secciones empezaron a aplaudirme y todos se levantaron, se acercaron y me saludaron", relató Minghetti.

Para Claudio, hay un claro mensaje de castigo por exponer su idelogía abiertamente, "no se trata de censura, esto impuso miedo en la redacción". Su propia jefa no estaba informada del despido, que la empresa describió como "sin causa".

La directora de la película se hizo eco de la situación que vive el periodista y en diálogo con Victor Hugo Morales recalcó "los lectores perdemos a un gran crítico, es muy respetado y querido por la actividad. Creo que tiene que ver con la línea editorial del diario y lo lamento mucho. La Nación se pierde una buena firma", dijo Luque.


La crítica

1944. En medio de una fiesta coqueta, el embajador norteamericano Spruille Braden le pide a uno de los invitados que le hable en español en lugar de balbucear en inglés. Las copas comienzan a moverse mientras lejos, en San Juan, la tierra se abre. Es sólo el principio de una historia de amor que deviene política. Es que como directora Paula de Luque se propone recrear la historia de amor nunca antes contada entre personajes como Juan Perón y Eva Duarte, conocidos por su presencia y trascendencia en la historia argentina del siglo XX. Y lo consigue.

Muy inteligentemente, De Luque los aborda en un momento clave, aquel que comienza cuando cruzaron sus vidas y culmina el 17 de octubre de 1945, cuando cientos de miles de hombres y mujeres, en especial los de las clases marginadas de todo el país, lo impusieron como su líder.

Lo poco de íntimo de aquel matrimonio, el de un militar viudo con una joven actriz en ascenso, de origen humilde, empezaba a ser invadido, cada vez más, por la tarea de gobernar un país rico y promisorio, pero con marcadas injusticias sociales.

Para lograr su meta, De Luque pulió con prolijidad un guión que no esquiva la historia, pero sabe mover delicadamente la cámara hasta esa intimidad de la que poco se sabe. Si de tareas difíciles se trata, parece que De Luque está preparada para resolverlas. En su film no sólo trabaja la columna central de la historia y los diálogos -algunos muy precisos, agudos y polémicos, en oportuna versión libre, y en los íntimos, que sugieren más de lo que ponen en palabras- sino la de las imágenes, con una delicada concepción plástica.

Es imposible pensar en dos actuaciones en extremo convincentes (no necesariamente calcos de los auténticos y protagonistas) de Osmar Núñez y Julieta Díaz sin el apoyo del entorno en sintonía. Es el caso de la impecable María Ucedo como Blanca Luz Brum, en su papel de secretaria ministerial, o el de Fernán Mirás, como el coronel aliado Eduardo Avalos, tan efectivo como el de Sergio Boris, el teniente coronel Domingo Mercante. Ninguno de estos personajes, al igual que el del embajador Braden (un medido Alfredo Casero), a quien recorta en su función como impulsor del frente opositor al movimiento naciente, opacan a los verdaderos protagonistas sino que los ayudan a imponerse. Lo mismo ocurre con la escenografía, el vestuario y la música, que consiguen lo que buscan, emocionar, sin excesos, como los personajes, sin repetir lo mil veces dicho ni rendirse a la tentación del discurso..

Nuestra opinión: Muy buena

Fuentes: El Argentino, La Nación

 

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