La actualidad de la huella unitaria y la “desideologización”, según el análisis del historiador misionero Daniel Cantero.
“La actual alineación entre la capital porteña, la provincia de Buenos Aires y el Poder Ejecutivo nacional, claramente apuntan a una centralización en línea heredera clara de lo que fue el unitarismo del siglo XIX”, indica Daniel Cantero, historiador e investigador, docente en Historia de la Universidad Nacional de Misiones y del Instituto Superior de Formación Docente Paulo Freire, de Jardín América.
“Creo que ideas como la del Plan Belgrano no pasan de demagogia, recurriendo a un discurso neodesarrollista que, en el fondo, es la máscara de un retorno a las ideas neoliberales. La demagogia de derecha también existe”, afirma el autor, quien –junto al célebre y fallecido Jorge Machón– investigó y publicó con rigor un libro sobre la vida del guaraní Andrés Guacurarí, el ahijado de Artigas.
Y agrega: “Que el futuro gobierno siga una política desarrollista o neoliberal tradicional, sin embargo, nada garantiza a los sectores populares. De nada sirve tener un país rico si la riqueza va a concentrarse en la cúspide de la pirámide social. A mi entender, el gobierno de Macri va a apuntar a eso: el nuevo presidente no es ningún desclasado, va a gobernar para la clase social a la que pertenece”.
Sobre aquello del federalismo impulsado desde las huellas históricas del artiguismo, admite que “el problema de fondo es sumamente profundo y excede ampliamente esta coyuntura política. Ninguno de los proyectos políticos de los últimos 150 años fue federal. Ni el radicalismo, ni el peronismo en ninguna de sus variantes, ni el desarrollismo ni los militares se plantearon seriamente la cuestión de las desigualdades regionales. El último que tuvo la oportunidad real de generar un país federal en serio fue Urquiza, y priorizó la «unidad nacional» (o sus intereses económicos, depende de dónde se lo mire) antes que enfrentarse a Mitre cuando éste fue presidente. A partir de allí, nuestro país es un híbrido: aunque constitucionalmente es federal, en los hechos se impuso un fuerte centralismo que ni siquiera fue revertido por los presidentes que vinieron de las provincias pobres”.
Cantero señala que, “en ese contexto, es sumamente ingenuo pensar que Macri apunte a un federalismo genuino. El poncho salteño y el fútbol en la quebrada son tan solo la más descarada demagogia que se vio en una campaña presidencial. A mí me recuerda mucho a un ex presidente, que llegó también con poncho y patillas al estilo Facundo, y terminó vendiendo hasta la última joya de la abuela”.
Política latinoamericanista
Al ser consultado sobre la situación que se planteaba desde ese rescate del proyecto de los Pueblos Libres con el acercamiento de los países de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Cantero resalta; “Más allá de las cuestiones criticables que tuvo el kirchnerismo (que son muchas), sin duda sus puntos más altos fueron la defensa de los derechos humanos y una clara política latinoamericanista, la más contundente que tuvo Argentina hasta la actualidad. Lamentablemente, no lo veo a Macri como uno de sus impulsores y eso es lamentable, porque en estos momentos de crisis es cuando más habría que apuntar a consolidar el Unasur”.
Sobre la intención del ex presidente de Boca sobre “desideologizar”, el investigador afirmó: “Que un estadista te diga que busca la desideologización es un absurdo. O te está mintiendo o no es un verdadero estadista. Eso suena al fin de la historia de Fukuyama y la supuesta muerte de las ideologías, que tanto mal hicieron en los 90 y sirvieron de justificación al neoliberalismo”.
El historiador, además, resaltó: “Ojo con esto. No podemos olvidar que Fujimori en Perú, Collor de Mello en Brasil y Fox en México llegaron también como supuestos «outsiders», como gente que no venía del campo de la política (concebida como intrínsecamente corrupta), lo cual garantizaba su honradez e idoneidad. Todos sabemos en qué terminaron”.
Al mencionar que les han hecho creer –o les gusta creer– a la clase media y alta que la palabra ideología es mala, Cantero sostiene que “eso es lo más peligroso de todo. El supuesto «sentido común», que no es más que la reproducción inconsciente de la ideología hegemónica. Eso es peligrosísimo. ¿O ya nos olvidamos de que los militares llegaron al poder porque el ejército era la supuesta «reserva moral» frente a las ideologías consideradas peligrosas”.
El 2015, que comenzó con el optimismo por la movida del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres, parece que terminó mal para los sueños de un gobierno nacional y popular. Pero también se ve como una masa crítica (organizaciones de la ciencia, la cultura, la prensa) que traspasa a los partidos, y que se moviliza en defensa de los derechos ganados, más allá de que para ello el apoyo debía ser a Scioli. Ante ello, el autor interpreta el suceso desde lo histórico y considera que “la candidatura de Scioli fue un error. Es un candidato que evidentemente no era el indicado en este momento. Ahí radica para mí uno de los grandes problemas del peronismo, y en general, de los regímenes populistas: generan un liderazgo tan personalista que crean estos vacíos de poder cuando el conductor muere o se ve incapacitado de asumir un nuevo mandato. Yo creo que ese es uno de los aspectos característicos del funcionamiento de la política latinoamericana: si miramos a largo plazo, con los caudillismos del siglo XIX pasaba algo parecido”.
Y remarca: “El avance de la derecha, no sólo en la Argentina sino en el mundo, es preocupante. La crisis económica genera xenofobia y conflictos que no hacen sino alimentar la proliferación de este tipo de regímenes. En nuestro país, de hecho es la primera vez que la derecha llega de manera democrática, sin necesitar de fraude ni de algún golpe de estado”.
Alianza contra el neoliberalismo
Cantero, además, sostiene: “No tengo demasiada confianza en las estructuras de los partidos tradicionales. Yo creo más en la construcción desde abajo, con democracia directa, que se construye desde los movimientos sociales. Estaría bueno que en algún momento pudieran, por ejemplo, tener representación partidaria sin necesidad de ser un partido político. Acá en Misiones, estos movimientos tuvieron un crecimiento y una maduración impresionantes en los últimos años. Yo creo que si el macrismo avanza sobre derechos adquiridos o intenta una reforma neoliberal profunda, se podría dar una alianza entre estos sectores y los partidos tradicionales para resistir al modelo”.

