
Se quería retirar jugando en Japón la Copa Mundial de Clubes con Estudiantes pero lo dejaron afuera y Borghi, bicho, lo convocó para que se despida jugando en Argentinos. Ahora, el eterno goleador, cuelga definitivamente sus botines conquistando el Torneo Clausura. Final feliz.
Cuando todos creían que estaba “de vuelta” y que su retiro estaba cada vez más cerca, José Luis Calderón se reinventó a sí mismo y conquistó una buena cantidad de títulos que le pusieron un broche de oro a su dilatada carrera en el fútbol profesional.
En el recordado Apertura de 2006, cuando el Pincha le arrebató el título a Boca en partido de desempate, Caldera alternaba entre los titulares pero cumplía con goles cada vez que le daban la oportunidad de jugar.
Después el destino lo llevó al barrio de Sarandí para que aporte su experiencia y sea jugador fundamental del Arsenal que conquistó sorpresivamente el primer título (y encima internacional) de su joven historia: la Copa Sudamericana de 2007.
Volvió a estudiantes para conquistar épicamente la Copa Libertadores de 2008 en las difíciles tierras brasileñas. Y cuando pensaba, e incluso había anunciado públicamente, que el cierre de oro para su trayectoria dentro del exigente fútbol profesional sería jugando ante los equipos más poderosos del planeta en la Copa Mundial de Clubes en Japón, le dijeron que no integraría la delegación.
Como el ave fénix
Allí apareció el bicho del Bichi Borghi y lo convenció para que estire seis meses más la decisión de dejar el fútbol y lo convocó para su Argentinos juniors. “Cuando llegué les dije a los más chicos que venia para ser campeón, y me dijeron que estaba loco, pero por suerte se nos dio. Y pude cumplir con lo que dije en febrero, que pude cumplir mi sueño de retirarme adentro de una cancha… y jugando”, fue lo primero que dijo Calderón cuando le acercaron un micrófono en medio de los festejos del título logrado por Argentinos Juniors y sonó a revancha.
