¿Será la última banda que ostentará don Hermes?
¿Será la última banda que ostentará don Hermes?

Si hay algo que al Señor I lo perturba es tener que ponerse a escribir sobre los pasos en falso que algunos políticos cometen en su paso por los medios. Pero la galería de gaffes por la que transitó Hermes Binner en una entrevista realizada este miércoles en los estudios de Canal 3 de Rosario lo motivó a dejar de lado todo malestar. Y tanto se entusiasmó que hasta escribió en primera persona.

En mi estoica misión, que me mantiene atento a todo lo que sale en los medios locales y regionales, puse especial atención al debut de Binner como candidato presidencial. Rápidamente noté que sus respuestas y aseveraciones habían mutado del tono monocorde que lo caracteriza a uno forzadamente imperativo y entusiasta. “Caramba”, me dije a mí mismo, y me acodé a la mesa de la cocina, donde tengo el viejo Telefunken 20 pulgadas modelo 1980.

El gobernador socialista frunció el ceño cuando lo consultaron sobre el modelo de construcción de viviendas sociales que el Estado nacional lleva adelante asociado a la Fundación Madres de Plaza de Mayo y a municipios y comunas de todo el país. Para el segundo suizo alemán –el primero surgido de las entrañas socialistas– en llegar al sillón del brigadier Estanislao López, las instancias del caso Schoklender “son producto de la falta de gobernabilidad en el país”. Y enfundado en su nuevo rol de estadista todo terreno, echó algo de sal en la herida abierta: “Estos hechos están demostrando falta de conducción”.

Me puse a pensar qué habría sido de aquellas críticas al estilo autoritario de Cristina. De la sobre conducción y la crispación a la falta de gobernabilidad sería la cosa, pero sin explicar el cómo ni el por qué de tamaño cambio. Minucias, porque en realidad lo cómico del caso es que Binner dejó en orsay a su sucesor Miguel Lifschitz, que hace rato celebró un convenio en representación de la Municipalidad de Rosario, con la Fundación Madres de Plaza de Mayo y el Estado nacional, para llevar adelante la construcción de casas sociales en el barrio Quom (o Toba, si se prefiere). ¿Miguel también adolece de falta de conducción? Se busca carné de intendente.

Otro aspecto interesante del debut del anestesista de origen rafaelino fue su incursión en los temas macroeconómicos con marcado tono de preocupación: “La inflación es el problema más grave que hoy enfrenta el país”, sentenció Binner. Acto seguido lanzó una frase que, además de no arrojar pistas sobre cómo enfrentar tamaño flagelo, contiene un vocablo que en boca de un infante podría perdonarse, pero en la de un estadista genera algo de verguencita ajena: “Cuanto antes comencemos una política de desinflación será más provechoso para el país”. En Facebook, la prestigiosa académica Silvia Robin opinó al respecto: “(Binner) acuñó un nuevo término en la lengua castellana, «desinflación». No existe, es DEFLACIÓN. Para ser presidente también hay que dominar el idioma…”.

En la misma semana en que la Argentina puso en órbita un satélite meteorológico ponderado hasta el cansancio por la Nasa, y a pocas horas de conocerse que otro grupo de investigadores argentinos había producido el primer códec para imágenes de alta definición, Binner siguió aportando exabruptos a una jornada de por sí bastante accidentada. El aspirante a la primera magistratura ensayó una apretada síntesis de lo que considera necesario para una eventual gestión suya comandando los destinos de la Nación: “Tener un programa que signifique cambiar lo que hay que cambiar y mantener los beneficios que haya que mantener”. ¿¿¿¡¡¡!!!??? Que lo explique un traductor, pero por favor tengamos en cuenta estas definiciones a la hora de votar en octubre, porque da miedito.

Pero la apoteosis de la incongruencia discursiva de Hermes llegó cuando quiso tomar distancia del estilo de gestión del actual gobierno peronista: “Hay otra forma de gobernar, con menos crispación, con más seguridad jurídica. Y ello significará más inversión y mano de obra”. Una hora después de ser pronunciada esa pomposa y vacía frase, en la residencia presidencial de Olivos la plana mayor de la automotriz General Motors le anunciaba a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que la multinacional invertirá 600 millones de pesos más de lo establecido para este ejercicio, creando 600 nuevos puestos de trabajo e incrementando un 25 por ciento la producción de unidades en la planta de General Lagos, provincia de Santa Fe, donde gobierna el estadista debutante.

En la reunión de Olivos ni se mencionó a la inflación, la inseguridad jurídica ni la crispación, pero pudo verse cómo Cristina se subía a un Chevrolet Volt, el auto eléctrico que los ejecutivos de GM le presentaron oficialmente. Binner todavía estaba comiendo el postre del almuerzo que le preparó su amigo Alberto Gollán en las instalaciones de Televisión Litoral ubicadas en la avenida Juan Domingo Perón.

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